La flor chilena que rebrota en primavera y dura hasta el verano: así se cultiva la astromelia
Sus flores llenan de color los meses cálidos, pero hay algo más que las hace especiales: pueden convertirse en una presencia permanente del jardín.

Hay flores que parecen hechas para llenar de color los meses más cálidos, pero que además tienen la ventaja de volver a aparecer cuando comienza una nueva temporada. Las astromelias (Alstroemeria spp.) son una de ellas.
Sus tallos delgados sostienen flores llamativas, disponibles en una enorme variedad de colores y dibujos, mientras forman matas que pueden ganar presencia con el tiempo. Además, pertenecen a un género con una importante diversidad de especies nativas en Chile, lo que les da un atractivo especial para quienes disfrutan incorporar al jardín plantas vinculadas con nuestra flora.
Una flor con raíces profundamente chilenas
Detrás de las astromelias que hoy llenan de color jardines y floreros existe una historia especialmente ligada a Chile. El género Alstroemeria tiene aquí uno de sus principales centros de diversidad, con numerosas especies nativas que crecen en ambientes muy distintos. Algunas, como Alstroemeria pulchra y Alstroemeria ligtu, forman parte de esa flora que muchas veces tenemos más cerca de lo que imaginamos, aunque no siempre la reconozcamos como pariente de las astromelias ornamentales.

Con los años, distintas especies dieron origen a híbridos y cultivares que ampliaron enormemente la variedad de colores y formas disponibles para el jardín. Por eso, cuando cultivamos una astromelia, no solo estamos incorporando una planta de larga floración y fácil de disfrutar: también estamos cultivando un género con una importante presencia natural en nuestro propio país.
Una flor que no pide demasiado para crecer
Cultivar astromelias no requiere necesariamente mucha experiencia. En general, agradecen un lugar luminoso y un suelo fértil, rico en materia orgánica y con buen drenaje. No les favorecen los terrenos que se compactan con facilidad ni aquellos donde el agua permanece acumulada.

En cuanto a la acidez, toleran un rango relativamente amplio, aunque un suelo ligeramente ácido puede resultar especialmente adecuado. La exposición también puede variar entre especies: algunas están adaptadas al pleno sol, mientras otras crecen naturalmente con cierta protección.
En maceta, basta con utilizar un recipiente con buen drenaje y un sustrato que no se compacte. Y hay un detalle que facilita bastante su cultivo: no es necesario sacar sus rizomas tuberosos del suelo cada temporada. Una vez establecidas, podemos dejarlas en su lugar y permitir que vuelvan a brotar cuando las condiciones sean favorables.
Una planta que puede multiplicarse con los años
Una de las ventajas más interesantes de las astromelias es que también pueden multiplicarse. Cuando una mata ya está demasiado densa, sus estructuras subterráneas permiten dividirla para obtener nuevos ejemplares y ampliar su presencia en el jardín.

Durante la floración, retirar los tallos que ya terminaron de florecer ayuda a mantener la planta ordenada y favorece la aparición de nuevas flores. Al terminar la temporada, en cambio, conviene dejar que el follaje complete su ciclo antes de cortarlo, ya que todavía está aportando reservas a las estructuras subterráneas.
Con los años, una sola astromelia puede convertirse en una mata mucho más abundante y seguir reapareciendo temporada tras temporada. Esa capacidad de permanecer, florecer y multiplicarse es probablemente una de sus mayores virtudes como planta de jardín.