La Niña se debilita según CPC/NOAA e IRI: lluvias irregulares y períodos secos podrían pesar sobre el resto del verano

El pronóstico del CPC/NOAA e IRI indica un fenómeno de La Niña débil a corto plazo y una mayor probabilidad de neutralidad a principios de 2026. El riesgo reside en la irregularidad de las lluvias. Vea cómo tomar decisiones sobre la soja, el maíz de segunda cosecha y los pastos.

La niña, el niño
La Niña enfría el Pacífico y cambia los patrones de precipitaciones, influyendo en el clima en varias regiones.

En verano, la pregunta que más se plantea tanto en el campo como en la ciudad es sencilla: "¿Va a llover o no?". Pero cuando La Niña se debilita, la respuesta rara vez llega en línea recta. En lugar de un patrón "perfecto", aumenta la probabilidad de lluvias irregulares: las que caen con fuerza en un barrio y escasean en otro, que solucionan el problema del polvo durante una tarde, pero no renuevan el suelo durante semanas.

Ahí es donde el riesgo aumenta: no necesariamente por la falta total de agua, sino más bien por la fluctuación constante entre los extremos.

Las últimas actualizaciones del Centro de Predicciones Climáticas (CPC/NOAA) e IRI Climate and Society indican un La Niña débil en el corto plazo y, al mismo tiempo, una mayor probabilidad de transición a condiciones neutrales a principios de 2026.

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Durante las últimas cuatro semanas, las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico ecuatorial han estado por debajo del promedio en las regiones centro-oriental y oriental. Fuente: NOAA/CPC.

En términos prácticos, esto coloca al productor en un escenario donde la palabra clave no es “sequía” o “inundación”, sino incertidumbre, justo cuando el calendario de decisiones se aprieta para la soja, el maíz de segunda y las pasturas.

¿Qué significa "La Niña perdiendo fuerza" en el pronóstico?

La Niña es la fase fría del Pacífico ecuatorial y suele alterar la circulación atmosférica, influyendo en las precipitaciones y la temperatura en diversas regiones. Cuando se debilita, no significa automáticamente que el clima se tranquilice; significa que el océano y la atmósfera empiezan a mostrar una menor intensidad de un patrón dominante, lo que abre el camino a una mayor variabilidad.

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Probabilidades oficiales de ENSO (NOAA/CPC), publicadas en diciembre de 2025: La Niña se debilita y la neutralidad gana terreno en 2026.

El CPC resumió esta lectura objetivamente: se prevé un fenómeno de La Niña durante uno o dos meses más, pero la transición a un estado neutral respecto al ENSO es más probable entre enero y marzo de 2026, probabilidad destacada en los materiales de la organización.

El IRI, a su vez, también apunta a un fenómeno de La Niña a corto plazo y a una transición gradual hacia la neutralidad a partir del trimestre enero-marzo, cuando la categoría neutral empieza a cobrar importancia en los escenarios.

Por qué las lluvias irregulares son más aterradoras que la "poca lluvia"

En el campo, lo que a menudo reduce la productividad no es el total del mes, sino la distribución: una sequía durante la floración tiene más peso que una semana de lluvias torrenciales fuera de temporada.

Las lluvias torrenciales también conllevan una paradoja: pueden aliviar el calor durante unas horas, pero si caen en ráfagas y en un volumen concentrado, aumentan la erosión, dificultan la aplicación y perturban la cosecha y la logística.

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En el maíz, el riesgo radica en la mala distribución de las precipitaciones: los períodos secos durante la floración reducen la productividad, incluso con un "buen total" de precipitaciones mensuales.

Aquí es donde entra en juego la palabra que aparece en casi todos los informes estacionales: probabilidad. No promete lo que ocurrirá en cada municipio; indica dónde se inclina más la apuesta. La interpretación práctica para el productor es considerar el pronóstico como una estrategia de gestión de riesgos: ajustar la ventana, reservar un margen de seguridad e intensificar el seguimiento precisamente durante las fases críticas del ciclo.

Decisión en agricultura: soja, maíz de segunda cosecha y pasturas.

Cuando el escenario es menos predecible y más volátil, conviene trabajar con tres opciones de decisión, considerando los cambios en el campo y en el flujo de caja. El objetivo no es predecir el tiempo, sino tener un plan para las tres versiones más probables del verano.

  • Si hay menos lluvia (períodos secos más largos): en soja, priorizar el manejo del suelo que retenga la humedad y evitar las operaciones durante los períodos de máximo estrés; en el segundo cultivo, ser conservador con respecto a la ventana de siembra y la densidad de población; en pasturas, anticipar las estrategias de suministro (sombra, agua, suplementación y ajuste de la tasa de carga).
  • Si llueve en chubascos (con variación local significativa): en soja, controlar diligentemente las enfermedades y las ventanas de aplicación; en soja de segunda cosecha, planificar la siembra y la fertilización para evitar "perder el tiempo" entre lluvias; en pasturas, prestar atención al anegamiento localizado y al pisoteo.
  • Si hay lluvias excesivas (secuencias húmedas): en soja, el foco se desplaza a la presión de enfermedades y calidad operacional; en segunda cosecha, riesgo de retrasos y saturación de suelos; en pasturas, mayor riesgo de barro y disminución del desempeño animal.

En último término, el mensaje de la transición a la neutralidad es pragmático: el productor gana poco cuando "espera que el tiempo decida" y gana más cuando decide a pesar del tiempo, utilizando las previsiones como brújula y el seguimiento local como volante.

Referencia de la noticia

ENSO: Evolución reciente, estado actual y predicciones. 29 de diciembre de 2025. Centro de Predicciones Climáticas / NCEP.