Sobrevivientes de oficina: las plantas que aguantan el aire frío y seco del “clima”
El aire acondicionado y la falta de humedad son enemigos de muchas plantas, pero estas especies resisten el clima artificial y aportan vida, color y equilibrio a los espacios cerrados.

El aire acondicionado, la falta de luz natural y la baja humedad son condiciones que pueden acabar con la mayoría de las plantas de interior. Sin embargo, algunas especies parecen diseñadas para sobrevivir en ese entorno.
Estas características hacen que sean perfectas para oficinas o espacios cerrados, donde la estabilidad y el bajo mantenimiento son clave. Las especies que verás a continuación ofrecen distintos hábitos de crecimiento, tamaños y tonalidades de verde, por lo que se adaptan fácilmente a diferentes estilos y rincones, desde escritorios iluminados hasta esquinas con luz tenue.
Sansevieria: la más dura del grupo
La Sansevieria trifasciata es prácticamente indestructible. Originaria de África, sus hojas en forma de lanza almacenan agua y están recubiertas por una cutícula gruesa que impide la evaporación, incluso bajo aire frío o seco.

Esta planta puede soportar semanas sin riego y temperaturas de entre 10 y 30 °C sin alterarse. Se adapta a luz indirecta o escasa, y solo requiere riego cuando el sustrato está completamente seco. Además, purifica el aire al eliminar formaldehído, xileno y benceno, compuestos habituales en espacios cerrados. En oficinas, su porte vertical y su capacidad para mantener el follaje erguido aportan estructura y orden visual.
Zamioculcas (planta ZZ): elegancia sin esfuerzo
De hojas gruesas y brillantes, la Zamioculca zamiifolia destaca por su capacidad de adaptación. Sus rizomas subterráneos almacenan agua y nutrientes, actuando como reserva natural en periodos secos.

Soporta aire acondicionado constante, corrientes frías y largos intervalos sin riego, manteniendo siempre su aspecto lustroso. Tolera luz baja o media, aunque agradece algunos minutos de luz natural al día. Es perfecta para escritorios, pasillos o rincones donde otras plantas no sobreviven. Su mantenimiento se limita a limpiar las hojas con un paño húmedo y regar cada tres o cuatro semanas. Además, mejora la calidad del aire, reduciendo dióxido de carbono y partículas suspendidas.
Aglaonema: color y resistencia tropical
De hojas jaspeadas y tonos que van del verde plateado al rosado intenso, el Aglaonema se ha convertido en una de las plantas más versátiles para interiores.

Sus variedades modernas conservan la misma resistencia a la baja humedad y al aire acondicionado, pero ofrecen mayor atractivo visual. Prefiere luz media o artificial y riego moderado. Su cutícula cerosa y su metabolismo lento le permiten mantener el follaje firme durante semanas. Además, purifica el aire y aporta color sin exigir cuidados constantes.
Planta araña o malamadre: la regeneradora natural
La Chlorophytum comosum es una de las especies más agradecidas del mundo vegetal. Soporta aire seco, cambios de temperatura y descuidos ocasionales sin perder su vigor. Sus hojas largas y arqueadas retienen agua en tejidos internos, y su sistema de raíces carnosas le permite sobrevivir incluso si pasa días sin riego.

Tolera luz indirecta abundante y algo de sombra. Produce hijuelos que pueden trasplantarse fácilmente, creando nuevas plantas en poco tiempo. Además, es una de las especies más eficaces en la purificación del aire interior, eliminando monóxido de carbono y formaldehído. Ideal para escritorios o repisas donde se busca una nota verde y dinámica.
Pothos o potus: el clásico infalible
El Epipremnum aureum es sinónimo de adaptabilidad. Trepador o colgante, se mantiene verde y brillante incluso en ambientes con luz artificial o aire frío. Sus hojas cerosas reducen la transpiración y le permiten conservar humedad durante semanas.

Crece con facilidad en maceta o en agua, tolera periodos de sequía y ayuda a purificar el aire de compuestos volátiles emitidos por equipos electrónicos y mobiliario. Es una planta ideal para espacios reducidos, pues aporta textura y movimiento visual sin requerir mantenimiento frecuente.