Atacama y Coquimbo: por qué la lluvia extrema es tan inusual y grave ahí
La combinación del fenómeno de El Niño y la geografía del norte de Chile explican por qué zonas que casi nunca ven agua se convierten en las más golpeadas por un temporal.

El desierto de Atacama es el más árido del mundo. Hay sectores donde no se registran lluvias durante años, a veces décadas. Sin embargo, eso no significa que sea imposible que llueva. Cuando sucede, puede provocar graves inundaciones.
Detrás de ello suele haber una combinación de factores. Un fenómeno meteorológico puntual, potenciado por El Niño, y una característica estructural del terreno que convierte cualquier lluvia, por moderada que sea, en un peligro mayor que en otras zonas del país.
La lluvia en la zona más árida del mundo
¿Por qué es tan destructiva la lluvia en el norte aunque los montos parezcan “bajos” en términos absolutos? En primer lugar, porque lo que puede parecer un monto bajo en la zona centro-sur de Chile en zonas áridas no lo es.
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— MeteoChile (@meteochile_dmc) July 19, 2026
Las lluvias en Atacama y Coquimbo dejaron nuevos hitos históricos.
El sistema frontal que afectó al norte chico durante las últimas horas permitió que varias estaciones meteorológicas registraran los mayores acumulados de precipitación pic.twitter.com/BlAvbiqjlu
Sus promedios bajos de precipitación tienen origen en un profundo proceso de aridez moldeado por la geografía del norte. El levantamiento de la cordillera de los Andes, que actúa como una barrera orográfica que impide el paso de la humedad proveniente de la cuenca amazónica, y la permanente influencia fría y estabilizadora de la corriente de Humboldt en la costa.
No obstante, fenómenos como El Niño logran alterar temporalmente este equilibrio marino-atmosférico al calentar la superficie del océano Pacífico suroriental, debilitar el anticiclón y generar la inestabilidad necesaria para que irrumpan masas de aire húmedo capaces de desatar lluvias inusuales en pleno desierto.
Así, estaciones meteorológicas como Caldera, en la Región de Atacama, que el año pasado registraba 1,1 mm acumulados a esta fecha, pueden terminar con 35,7 mm. Este número, que puede parecer bajo, no lo es para un suelo que no está preparado para proteger a la zona de las inundaciones; al contrario, se vuelve más frágil ante ellas.
¿Cómo actúa el suelo del desierto frente a la lluvia?
En un suelo con vegetación y materia orgánica, buena parte del agua de lluvia se infiltra lentamente. En el desierto el suelo está compactado, tiene poca capacidad de absorción y, tras años sin recibir agua, actúa como una superficie casi impermeable. El resultado es que la lluvia no se filtra, escurre.

“Por otra parte, en aquellos sectores donde el agua logra infiltrarse, los suelos pueden saturarse rápidamente, lo que favorece el transporte de sedimentos. Si, además, se ocupan quebradas o se intervienen cauces naturales, el efecto es acumulativo”, explica Felipe Ochoa, académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile.
Cuando llueve con intensidad, las quebradas se activan de golpe y canalizan enormes cantidades de agua, barro y sedimento hacia las zonas bajas, donde muchas veces se han construido viviendas, caminos o ciudades enteras.
Los aluviones, mucho más destructivos que una crecida de agua limpia, arrastran todo lo que encuentran a su paso y avanzan con una velocidad que deja poco margen de reacción.
No es la primera vez: el precedente de 2015
Este tipo de eventos no son sin precedentes, sino un riesgo conocido que las regiones, sobre todo después de pasar años sin lluvias, vuelven a enfrentar cuando las condiciones meteorológicas se alinean.
Uno de los más extremos ocurrió en marzo de 2015, cuando una serie de aluviones impactó zonas de Chañaral y Copiapó, en la Región de Atacama, dejando más de 30 personas muertas y comunas cubiertas de barro. Teniendo en cuenta el riesgo de que este tipo de desastres socioambientales se repita, los especialistas subrayan que la manera más eficiente de mitigarlo es reducir la exposición.

“Estas crecidas han ocurrido antes y seguirán repitiéndose, tal vez con mayor intensidad producto del alza de la isoterma 0 °C. La mejor manera de prepararse es alejándose del área de inundación tanto frecuente como infrecuente (planicie de inundación)”, sostiene Jorge Gironás, académico de la Universidad Católica y director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus).
Felipe Ochoa indica que es necesario fortalecer la planificación y la ocupación territorial, evitando los sectores por donde históricamente el agua se ha transportado de manera significativa y evidente. “También hay que respetar las zonas de peligro y construir obras de mitigación donde sea necesario”, dice.
️ ¿Por qué el reciente temporal fue tan extremo? #ElNiño y un #RíoAtmosférico categoría 4 se combinaron para dejar lluvias históricas en #Chile.
Meteored Chile (@meteoredcl) July 23, 2026
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Una estrategia es organizar el uso del suelo en función de la recurrencia esperada de las crecidas, señala Gironás. “En el área que se inunda en promedio una vez cada 10 años debiese haber prohibición de cualquier uso antrópico. En el área que se inunda en promedio cada 100 años debiese haber solo ocupación que no signifique riesgo para las personas, como infraestructura recreacional o uso agrícola. Solo se debiese permitir la presencia de viviendas en las zonas más elevadas a las cubiertas por esta zona de inundación”, explica.
La infraestructura de ciudades como Copiapó, Vallenar o La Serena hoy no está diseñada para resistir lluvias intensas, porque durante décadas no lo necesitó. Pero el clima ha cambiado y además de enfrentarse a la escasez de agua durante casi todo el año, ahora también es necesario preparar el territorio para la lluvia extrema.