Incendios forestales en la Antártica dieron forma a las turberas más antiguas de la Tierra hace 90 millones de años

Estudio descubrió pruebas de los incendios forestales más australes del planeta, que transformaron los bosques del Polo Sur, cuando esta zona era verde.

Visualización del ecosistema antártico hace 90 millones de años. Crédito: Instituto Alfred Wegener / James McKay.
Visualización del ecosistema antártico hace 90 millones de años. Crédito: Instituto Alfred Wegener / James McKay.

Hace 90 millones de años, la temperatura en la zona occidental de la Antártica alcanzaba una media anual de 12 °C, en lugar de los -30 °C de la actualidad. No había hielo y era lo suficientemente cálida para albergar selvas templadas, a pesar de que en invierno la oscuridad era casi total durante todo el día, igual que hoy.

Microfotografías de fósiles seleccionados dentro de la capa de lignito estudiada en esta investigación. Crédito: Communications Earth & Environment (2026).
Microfotografías de fósiles seleccionados dentro de la capa de lignito estudiada en esta investigación. Crédito: Communications Earth & Environment (2026).

En ese paisaje, en el que todavía habitaban dinosaurios, los bosques de coníferas y helechos eran comunes y los incendios forestales, recurrentes. Según un nuevo estudio publicado en Communications Earth & Environment, fueron estos eventos los que propiciaron allí la formación de las turberas más antiguas del planeta, humedales formados a partir de capas de plantas en descomposición, en este caso, carbonizadas por el fuego.

Los incendios más australes del planeta

El nuevo análisis aporta detalles sobre la antigua selva tropical que hubo en la Antártica durante el Cretácico Superior, cuyos primeros datos se dieron a conocer en el año 2020. Hace 90 millones de años, el CO₂ atmosférico era entre cuatro y seis veces superior al actual y la selva templada llegaba a solo 900 kilómetros del Polo Sur, donde hoy todo está cubierto por una capa de hielo de varios kilómetros de espesor.

Muestras de sedimentos de la expedición PS104 antes de ser sometidas a una tomografía computarizada en el Hospital Bremen-Mitte. Crédito: Instituto Alfred Wegener / Johann P. Klages.
Muestras de sedimentos de la expedición PS104 antes de ser sometidas a una tomografía computarizada en el Hospital Bremen-Mitte. Crédito: Instituto Alfred Wegener / Johann P. Klages.

Los científicos estudiaron partículas microscópicas de carbón vegetal procedentes de sedimentos situados en la plataforma continental de la Antártica occidental, en la región del mar de Amundsen. Descubrieron que la madera de coníferas, en su mayoría blanda, se había quemado a temperaturas relativamente bajas, lo que es compatible con incendios superficiales.

Además, los troncos de los árboles dañados por el fuego parecen haber producido ámbar como sello protector, mientras que la abundancia de esporas de musgo de turba (Sphagnum) apunta a la formación de la turbera elevada más antigua conocida de este tipo.

Dado que la actividad volcánica más cercana en aquel momento se encontraba a al menos 400 kilómetros de distancia, el estudio demuestra que los rayos, en lugar de la lava o las cenizas, fueron la fuente de ignición más probable de estos incendios, los más australes del planeta descubiertos a la fecha.

Similitudes con ecosistemas actuales

Según Ulrich Salzmann, investigador de la Universidad de Northumbria, Reino Unido, y coautor del estudio, los incendios forestales mantuvieron la vegetación despejada y propiciaron el desarrollo de una turbera donde se producían incendios de forma recurrente a nivel del suelo. Esto es similar a lo que ocurre hoy en turberas, humedales y bosques pantanosos.

Los autores destacan que las turberas contemporáneas, que funcionan como sumideros globales de carbono, se enfrentan a una vulnerabilidad cada vez mayor a los incendios bajo los escenarios proyectados de calentamiento global y elevadas concentraciones de CO₂.

Asimismo, advierten que comprender cómo coexistieron y coevolucionaron los regímenes de fuego y la vegetación de turbera durante épocas de efecto invernadero del pasado es imprescindible para predecir la trayectoria de los ecosistemas actuales y para diseñar estrategias de conservación basadas en evidencia científica.

Referencia de la noticia

Salzmann, U., Bauersachs, T., Klages, J.P. et al. (2026). Co-evolution of wildfires and early Sphagnum-peatlands near the Cretaceous South Pole.
Northumbria University. (2026). Ancient wildfires near the South Pole shaped Earth's earliest peat bog.
Alfred Wegener Institute. (2026). Evidence of ancient wildfires near the South Pole.