DANA en Perú, baja segregada en Chile: por qué un mismo fenómeno recibe nombres distintos
Nombrar fenómenos meteorológicos no es solo una cuestión de lenguaje: también puede cambiar la forma en que se comunican, se siguen y se recuerdan sus impactos.

Hace unas semanas, una baja segregada afectó al norte de Chile y parte de Perú. En Perú se le llamó DANA Aníbal; en Chile, simplemente baja segregada.
Las DANAS y las bajas segregadas son exactamente lo mismo: una depresión en los niveles altos que generalmente se asocia con precipitaciones intensas y tormentas eléctricas. Pero la forma de comunicar su presencia varía bastante según el país.
Pero además de esa diferencia de nomenclatura, en Perú se les está asignando nombres propios a las DANAs, haciendo que la diferencia con la forma de comunicar de Chile sea aún mayor.
Nombrando DANAs y otros fenómenos atmosféricos
La práctica peruana no es nueva. El SENAMHI (Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología de Perú) comenzó a asignar nombres a las DANAs que afectan a su país en 2018, cuando aparecieron Anita, Benito y Cristina. Desde entonces, utiliza listas ordenadas alfabéticamente en las que alterna nombres femeninos y masculinos. El objetivo es bastante sencillo: que estos sistemas puedan ser reconocidos y diferenciados entre sí.
Poner nombre a un sistema atmosférico, sin embargo, tiene una historia mucho más larga. El ejemplo más conocido son los ciclones tropicales. En el Atlántico, el sistema moderno de nombres comenzó en 1953 y actualmente las listas son coordinadas internacionalmente bajo la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Con el tiempo, esa misma lógica comenzó a aplicarse a otros sistemas meteorológicos. Reino Unido e Irlanda empezaron a nombrar borrascas capaces de generar impactos importantes en 2015.
En España, donde el término DANA forma parte desde hace décadas del lenguaje meteorológico, recientemente se dio un paso adicional al comenzar a poner nombre también a aquellas DANAs con potencial de provocar impactos relevantes.
Un nombre no cambia la meteorología, pero sí cómo hablamos de ella
La razón principal para nombrar fenómenos como las DANAs es comunicacional. Antes de utilizar nombres, los ciclones podían identificarse mediante su posición geográfica, algo bastante menos práctico cuando varios sistemas coexistían al mismo tiempo (como lo que está ocurriendo actualmente sobre el Pacífico). Un nombre corto permite que meteorólogos, autoridades, medios de comunicación y población sepan rápidamente de qué fenómeno se está hablando.
La OMM considera que esta es una de las principales ventajas de nombrar los ciclones tropicales. Un nombre corto facilita seguir un sistema durante varios días, evita confusiones cuando existen varios fenómenos simultáneamente y permite que meteorólogos, autoridades, medios de comunicación y población sepan rápidamente de qué evento se está hablando. También facilita su registro y estudio una vez que el episodio ha terminado.
Lo curioso del caso de las bajas segregadas que afectan a Chile y Perú es que en Perú se identifica como una DANA con nombre; en nuestro país simplemente es una baja segregada. Como estos sistemas pueden afectar sucesivamente a ambos países, una misma perturbación puede tener nombre propio en Perú y ser comunicada simplemente como una baja segregada al llegar a Chile.
Quizás la pregunta no sea solo si Chile debería comenzar a poner nombre a estos sistemas; también cabe preguntarse si fenómenos atmosféricos capaces de cruzar fronteras podrían beneficiarse de una identificación coordinada entre los países que comparten sus impactos.