Junio cerró seco y dejó una gran duda: ¿todavía puede repuntar la lluvia en Chile central?
Aunque junio dejó un importante déficit de precipitaciones, la historia climática muestra que el acumulado hasta mediados de invierno aún no define, por sí solo, cómo terminará el año.

Durante junio, gran parte de la zona central de Chile recibió mucha menos lluvia de lo habitual para esta época del año. En varias ciudades, el mes terminó con importantes déficits de precipitación y con menos días de lluvia que el promedio climatológico.
Sin embargo, una pregunta sigue abierta: ¿qué nos dice un comienzo de invierno tan seco sobre cómo podría terminar el año? Aunque el déficit acumulado hasta junio es una señal importante, los registros históricos muestran que aún existe un amplio margen para que el resto de la temporada modifique el balance final.
Para poner el presente en contexto, revisamos lo ocurrido durante junio de 2026 y lo comparamos con más de 150 años de registros históricos de la estación Quinta Normal de Santiago.
Junio dejó un déficit de precipitaciones generalizado
El primer mes del invierno climatológico terminó con un marcado déficit de precipitaciones en gran parte de Chile. Desde la Región de Coquimbo hasta Los Lagos predominaron anomalías negativas que, en muchas estaciones, superaron el 90 % de déficit.
Una situación similar se observó en Valparaíso (14,5 mm frente a 106,9 mm), Curicó (10,8 mm frente a 159,8 mm) y Chillán (32,6 mm frente a 210,8 mm). Más al sur, aunque las precipitaciones fueron mayores, también se mantuvieron por debajo de lo normal: 79,8 mm en Concepción (promedio de 221,2 mm), 138,0 mm en Temuco (promedio de 209,6 mm) y 142,8 mm en Valdivia (promedio de 329,2 mm).

El déficit tampoco se debió únicamente a lluvias menos intensas. En gran parte del país también se registró un número menor de días con precipitaciones, lo que indica que durante junio no solo cayó menos agua de la esperada, sino que además los eventos de lluvia fueron menos frecuentes. Esta combinación terminó por profundizar el retraso en la acumulación de precipitaciones durante el primer tercio del invierno.
¿Qué nos dice un comienzo de invierno tan seco?
Para poner en contexto lo ocurrido este año, resulta útil mirar la larga historia de las precipitaciones en Santiago. Los registros mensuales de la estación Quinta Normal, que se remontan hasta 1866, muestran que la lluvia de junio presenta una enorme variabilidad de un año a otro.
Aunque 2026 terminó muy por debajo del promedio climatológico de 1991-2020 e incluso del promedio observado durante la megasequía, la serie histórica deja claro que episodios de junio excepcionalmente secos ya han ocurrido en el pasado. La pregunta, entonces, no es si junio fue inusualmente seco, sino qué información aporta ese déficit sobre el resto del año.

Existe una relación entre la precipitación acumulada hasta junio y el total anual: en términos generales, los años que llegan a mediados de invierno con poca lluvia tienden a terminar también por debajo de lo normal.
Sin embargo, esta relación está lejos de ser perfecta. El acumulado hasta junio explica aproximadamente la mitad de la variabilidad de la precipitación anual en Santiago, lo que significa que el desenlace del año sigue dependiendo, en gran medida, de lo que ocurra durante la segunda mitad del invierno.
Esta incertidumbre también se refleja al observar los años influenciados por El Niño. Aunque con este fenómeno aumenta la probabilidad de un invierno lluvioso en Chile central, la historia muestra que no todos los eventos terminan con el mismo resultado.
Incluso algunos de los episodios más intensos registrados, como los de 1982, 1997 y 2015, finalizaron con precipitaciones anuales muy diferentes entre sí. Mientras que 1982 y 1997 ya eran lluviosos al terminar junio y terminaron muy lluviosos, 2015 fue todo lo contrario.
Otro evento de El Niño que llama la atención fue el evento de 1987. Durante ese año, al finalizar junio, la precipitación acumulada era inferior a 100 mm, pero el año terminó muy lluvioso, con más de 700 mm. En otras palabras, llegar a fines de junio con un importante déficit constituye una señal relevante, pero todavía no determina cómo terminará el año.