¿Las lluvias más intensas de Chile ocurren realmente en años de El Niño?

El Niño favorece inviernos más lluviosos en Chile central, pero los eventos extremos no necesariamente responden de la misma manera.

Los valores medios y extremos suelen comportarse de manera distinta. Que El Niño favorezca años más lluviosos no significa necesariamente que favorezca episodios puntuales más intensos.
Los valores medios y extremos suelen comportarse de manera distinta. Que El Niño favorezca años más lluviosos no significa necesariamente que favorezca episodios puntuales más intensos.

Las intensas lluvias que afectaron durante julio a distintas zonas de Chile central volvieron a poner sobre la mesa una idea ampliamente difundida: que los eventos de precipitación más extremos ocurren cuando hay un episodio de El Niño. Y aunque existe una base científica que respalda parcialmente esa percepción, la realidad es mucho más compleja.

Desde hace décadas sabemos que El Niño favorece inviernos más lluviosos en gran parte de Chile central. Sin embargo, eso no significa necesariamente que los temporales más intensos o los récords de precipitación deban ocurrir exclusivamente durante estos episodios.

El Niño sí favorece las lluvias, pero no siempre produce los temporales más intensos

El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) y se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Aunque ocurre a miles de kilómetros de Chile, ese cambio modifica la circulación atmosférica en gran parte del planeta y ejerce una influencia bien conocida sobre el clima de nuestro país.

En Chile central, los inviernos asociados a episodios de El Niño suelen registrar precipitaciones por sobre lo normal.

En términos simples, la atmósfera se vuelve más favorable para que los sistemas frontales y los ríos atmosféricos alcancen la zona central, lo que aumenta la frecuencia de las lluvias y, en muchos casos, también su intensidad. Por el contrario, durante La Niña suele ocurrir lo opuesto: predominan inviernos más secos y con menos sistemas frontales.

Sin embargo, una cosa es que un invierno completo acumule más lluvia de lo habitual y otra muy distinta es que ocurra un evento extremo. La intensidad de un temporal depende también de factores como la trayectoria de los sistemas frontales, la cantidad de humedad disponible, la persistencia del evento y la interacción del flujo atmosférico con la cordillera de los Andes.

En otras palabras, El Niño aumenta las probabilidades de que ocurran lluvias intensas, pero no determina por sí solo cuándo se producirán los mayores episodios de precipitación.

¿Qué muestran los registros históricos en Chile?

Para intentar responder esta pregunta, analizamos los 50 eventos de precipitación más intensos de un día y cinco días registrados en estaciones meteorológicas de La Serena, Santiago y Chillán desde 1960 hasta la actualidad.

A primera vista, los resultados muestran una tendencia que coincide con lo esperado: los eventos más intensos tienden a concentrarse con mayor frecuencia en años de El Niño.

Sin embargo, esa relación está lejos de ser absoluta. En las tres ciudades existe una gran dispersión, con episodios muy intensos registrados también durante años neutros e incluso bajo condiciones frías en el Pacífico ecuatorial.

Scatterplots de precipitación extrema de 1 día (izquierda) y 5 días (derecha) en La Serena, Santiago y Chillán con las anomalías mensuales de temperatura superficial del mar en la zona Niño 3.4. Datos: DMC y NOAA ERSSTv5.
Scatterplots de precipitación extrema de 1 día (izquierda) y 5 días (derecha) en La Serena, Santiago y Chillán con las anomalías mensuales de temperatura superficial del mar en la zona Niño 3.4. Datos: DMC y NOAA ERSSTv5.

Otro aspecto interesante es que la influencia de El Niño parece variar según la ubicación geográfica. En La Serena la relación es relativamente más clara, mientras que hacia el sur, en Santiago y especialmente en Chillán, la conexión se vuelve cada vez más débil.

Esto coincide con lo que han mostrado estudios anteriores: la influencia de El Niño sobre las precipitaciones disminuye progresivamente hacia el sur de Chile, donde otros patrones de circulación atmosférica adquieren un papel más importante.

En resumen, El Niño parece aumentar la probabilidad de registrar lluvias muy intensas, pero no determina por sí solo cuándo ocurrirán los mayores temporales. La intensidad final de un evento depende también de factores como la posición de los sistemas frontales, la presencia de ríos atmosféricos, la cantidad de humedad disponible y la interacción del flujo con la cordillera de los Andes.