Paisaje mosaico y otras estrategias probadas para disminuir el riesgo de megaincendios

Los grandes incendios ya no se apagan solo con agua, sino gestionando el paisaje años antes. Una mezcla de planificación territorial, arquitectura del paisaje e ingeniería del fuego puede contribuir a bajar el riesgo.

El combate a los incendios forestales es cada vez más complejo, en parte, debido a consecuencias del cambio climático, como la escasez de lluvias.
El combate a los incendios forestales es cada vez más complejo, en parte, debido a consecuencias del cambio climático, como la escasez de lluvias.

Frente al aumento de los megaincendios y el surgimiento de los incendios forestales de sexta generación, aquellos capaces de cambiar las condiciones meteorológicas de la zona y que tienen un comportamiento tan impredecible que imposibilitan su extinción, lo único que puede disminuir el riesgo es la preparación.

Enfrentarse al fuego cuando ya estamos en verano y las condiciones son extremas significa llegar tarde.

De acuerdo a los especialistas, la estrategia debe cambiar radicalmente de foco: pasar de la respuesta de emergencia a la gestión preventiva del territorio, creando paisajes discontinuos que rompan la inercia del fuego, pero también con técnicas como el pastoreo estratégico, la restauración con especies resilientes e incluso, las quemas controladas.

El peligro de la homogeneidad

En grandes zonas de Chile, especialmente entre las regiones del Maule y el Biobío, la expansión forestal ha creado enormes superficies continuas de una sola especie (pino o eucalipto). Mauro González, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y académico de la Universidad Austral, explica que en algunas comunas estas plantaciones cubren más del 60% del territorio.

Los monocultivos impiden que se produzcan barreras naturales, con lo que los incendios se propagan fácilmente.
Los monocultivos impiden que se produzcan barreras naturales, con lo que los incendios se propagan fácilmente.

“Esto genera una gran continuidad, homogeneidad y cantidad de biomasa, haciéndolas más vulnerables al fuego”, señala. No hay barreras naturales; es como una mecha que, una vez encendida, no encuentra obstáculos. De hecho, estas zonas concentran más del 85% del área quemada del país.

Sin embargo, el escenario cambia hacia el sur. En Los Ríos y Los Lagos, el paisaje es diferente: prevalece el uso mixto. Allí conviven praderas ganaderas, cultivos agrícolas, frutales y parches de bosque nativo junto a plantaciones forestales. Una mezcla que actúa como un freno natural para las llamas y que podría replicarse en la zona que hoy enfrenta el mayor riesgo.

Los beneficios del paisaje mosaico

La propuesta científica es replicar esa heterogeneidad bajo el concepto de “paisaje mosaico”. No se trata de eliminar las plantaciones forestales, sino de organizar el territorio de manera inteligente.

El paisaje mosaico desde el aire se ve como una serie de parches de distinto color, que representan la diversidad de usos del suelo.
El paisaje mosaico desde el aire se ve como una serie de parches de distinto color, que representan la diversidad de usos del suelo.

Diseñar paisajes tipo mosaico significa diversificar el territorio para que no sea todo igual y continuo, que es una de las cosas que más aceleran la propagación del fuego”, detalla Paz González, académica de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello en Concepción.

Este sistema funciona intercalando áreas agrícolas, forestales y zonas habitadas que actúan como cortafuegos productivos. A diferencia de una franja de tierra abandonada, que puede ser ocupada informalmente o llenarse de matorral seco, un campo de cultivo o un viñedo mantenido por agricultores es una barrera que reduce la velocidad e intensidad del fuego, lo que permite que los equipos de emergencia intervengan con seguridad.

“En Chile, su implementación es factible desde una perspectiva ecológica y técnica, dada la alta diversidad bioclimática del país y la necesidad urgente de enfrentar incendios cada vez más intensos. Sin embargo, lo que se necesita para implementar aquello es un marco institucional, político y cultural robusto que habilite su desarrollo a largo plazo”, asegura la académica.

Mauro González coincide y agrega que se requiere comprender que es una estrategia que puede ser promisoria para distintos objetivos (sociales y económicos), y no solo para reducir el riesgo y la propagación de incendios. “Además, es necesario reconocer que esta es una estrategia de mediano a largo plazo y, por tanto, requiere políticas de Estado acordes”, indica.

Herramientas para el cambio: de rebaños a parques

Además del paisaje mosaico, existen otras estrategias que se están probando tanto en Chile como en el mundo, basadas en el aprendizaje de eventos anteriores.

El pastoreo estratégico permite controlar las malezas que pueden convertirse en combustible para incendios forestales.
El pastoreo estratégico permite controlar las malezas que pueden convertirse en combustible para incendios forestales.
  • Pastoreo estratégico: el uso de ganado (cabras, ovejas, caballos) para controlar el crecimiento del pasto y del matorral seco reduce la carga de combustible fino. Es una forma biológica y económica de mantener limpias las zonas de transición.
  • Infraestructura verde: en la interfaz urbano-rural (donde el bosque toca la ciudad), la solución no es solo despejar, sino ocupar el espacio. Ejemplos como el Parque Merced en Valparaíso o el Parque Santa Olga en Constitución demuestran que las áreas verdes bien mantenidas funcionan como zonas de amortiguación que frenan el avance del fuego antes de que llegue a las viviendas.
  • Restauración con especies resilientes: introducir especies nativas en quebradas y zonas húmedas ayuda a retener humedad y frenar el avance de las llamas, a diferencia de las especies exóticas más inflamables.

  • Ingeniería del fuego: son las técnicas más arriesgadas. Implica quemar material combustible en zonas de riesgo, pero en periodos fríos. También se usa estratégicamente el fuego para extingir un incendio en curso. Esto requiere alta precisión y conocimiento, ya que, en el mejor de los casos, el contrafuego evitará la propagación del fuego original, pero existe el riesgo de que sea el que se propague y empeore el incendio forestal. Además, tiene oposición por la contaminación que genera.

“Hay varias otras acciones que contribuirían a la mitigación y generar paisajes más resilientes en Chile. Por ejemplo, normar en lugares de alto riesgo de incendio, la distancia de la vegetación natural y plantaciones forestales a los caminos (> 20-30 m a cada lado del camino)”, dice Mauro González.

Un desafío político y cultural

Si bien Chile posee la diversidad bioclimática necesaria para implementar los paisajes mosaico, el obstáculo es institucional. Hoy, la gestión depende de la voluntad de propietarios individuales o empresas, sin una planificación territorial ecológica a gran escala.

La experiencia internacional avala este camino. En la Sierra de Gata (España), proyectos piloto han demostrado que combinar parcelas agroforestales con zonas de pastoreo reduce drásticamente la conectividad del fuego. En la región de Barcelona, estudios estiman que recuperar cinturones agrícolas alrededor de los bosques podría reducir el riesgo de propagación hasta en un 30%.

Referencias de la noticia:

Couto Antelo, V. (2025, 16 de enero). Se deben recuperar 17.000 hectáreas de cultivos para proteger la región metropolitana de Barcelona ante los incendios. CREAF.