Tras las abundantes lluvias en Chile, Marcelo Lagos advierte sobre un riesgo que podría aparecer cuando vuelva el calor

Las lluvias del invierno han recuperado humedad y favorecido el crecimiento de vegetación en distintas zonas de Chile. Marcelo Lagos advierte que esta buena noticia también exige mirar hacia adelante, anticipar escenarios de riesgo y prepararse para los próximos meses.

Las lluvias favorecen el crecimiento de la vegetación durante el invierno, pero si esa biomasa se seca con el aumento de las temperaturas y la disminución de la humedad, podría convertirse en combustible disponible para los incendios forestales.
Las lluvias favorecen el crecimiento de la vegetación durante el invierno, pero si esa biomasa se seca con el aumento de las temperaturas y la disminución de la humedad, podría convertirse en combustible disponible para los incendios forestales.

Las lluvias han vuelto a hacerse protagonistas durante este invierno en varias regiones de Chile. Sistemas frontales, bajas presiones y episodios de inestabilidad han dejado precipitaciones que, en algunos sectores del centro y sur del país, permiten acercarse o incluso superar los valores normales acumulados para esta altura del año.

Pero mientras la lluvia recupera humedad en los suelos y favorece el desarrollo de pastos y vegetación, parte de ese paisaje verde podría transformarse meses después en un factor de riesgo si llega un período prolongado de calor y sequedad.

Es precisamente una de las situaciones sobre las que llamó la atención el geógrafo Marcelo Lagos al analizar cómo Chile enfrenta sus amenazas naturales y la necesidad de anticiparse a los escenarios de riesgo.

Marcelo Lagos: Chile continúa reaccionando después de los desastres

En una reciente entrevista concedida a El Desconcierto, Lagos abordó las consecuencias de los temporales registrados durante este invierno y la necesidad de pensar no solamente en la emergencia actual, sino también en los efectos que las condiciones meteorológicas pueden dejar durante los meses siguientes.

El geógrafo planteó que Chile continúa siendo “una sociedad históricamente reactiva” frente a los desastres, enfatizando la importancia de avanzar desde la respuesta ante las emergencias hacia una gestión que permita anticipar los riesgos.

El planteamiento resulta especialmente relevante después de las lluvias registradas este invierno. Una temporada húmeda puede estimular el crecimiento de pastos y otras especies herbáceas, pero el comportamiento posterior de esa vegetación dependerá de cómo evolucionen las temperaturas y precipitaciones durante la primavera y el verano.

¿Cómo puede la lluvia terminar favoreciendo el combustible para incendios?

Aunque pueda parecer contradictorio, un período lluvioso puede contribuir indirectamente a generar combustible vegetal para los meses posteriores. La disponibilidad de agua favorece inicialmente el crecimiento de vegetación. Cuando posteriormente disminuyen las precipitaciones, aumentan las temperaturas y baja la humedad ambiental, parte de esa vegetación puede secarse y convertirse en combustible fino.

En Chile central, inviernos más lluviosos pueden favorecer mayor vegetación, que al secarse en primavera y verano puede convertirse en combustible para incendios. Créditos: Climate variability and forest fires in central and south-central Chile, revista Ecosphere.
En Chile central, inviernos más lluviosos pueden favorecer mayor vegetación, que al secarse en primavera y verano puede convertirse en combustible para incendios. Créditos: Climate variability and forest fires in central and south-central Chile, revista Ecosphere.

Este mecanismo ha sido estudiado en Chile. Una investigación que analizó la actividad de incendios entre 1976 y 2013 encontró que, en sectores de Chile central, precipitaciones superiores a lo normal durante el invierno previo pueden favorecer una mayor disponibilidad posterior de combustible, mientras que condiciones secas durante primavera y verano facilitan que ese material pierda humedad.

En Chile central, un invierno más lluvioso puede favorecer una mayor disponibilidad de combustible vegetal, pero eso no implica necesariamente una temporada severa de incendios: también deben coincidir calor, baja humedad, vegetación seca, viento y fuentes de ignición.

Sin embargo, esto no significa que un invierno lluvioso necesariamente vaya a producir una temporada severa de incendios. Para que el peligro aumente, deben coincidir otros factores, entre ellos altas temperaturas, baja humedad relativa, vegetación suficientemente seca, viento y fuentes de ignición.

Temperatura, humedad y viento serán claves cuando llegue la primavera

La meteorología tendrá, por lo tanto, un papel fundamental durante los próximos meses. CONAF utiliza variables relacionadas con la humedad del combustible fino muerto, probabilidad de ignición y viento para evaluar condiciones meteorológicas favorables para la ocurrencia y propagación de incendios forestales.

CONAF monitorea variables como la humedad del combustible fino muerto, la probabilidad de ignición, el viento, la temperatura y la humedad relativa para identificar condiciones favorables para la ocurrencia y propagación de incendios forestales.
CONAF monitorea variables como la humedad del combustible fino muerto, la probabilidad de ignición, el viento, la temperatura y la humedad relativa para identificar condiciones favorables para la ocurrencia y propagación de incendios forestales.

Cuando el combustible vegetal está seco, una combinación de temperaturas elevadas, baja humedad relativa y viento intenso puede favorecer una propagación mucho más rápida del fuego.

El IPCC también ha advertido que el calentamiento y la creciente aridez pueden disminuir la humedad de los combustibles y aumentar las condiciones meteorológicas favorables para incendios en distintas regiones de clima mediterráneo.

El verdadero desafío comienza antes de la emergencia

La reflexión de Lagos apunta precisamente hacia esa anticipación. Las amenazas naturales no pueden eliminarse, pero sus consecuencias dependen también de cuánto se expone una sociedad y de cómo se prepara frente a ellas.

En el caso de los incendios, eso significa que las próximas semanas pueden ser relevantes para observar cómo evoluciona la vegetación generada durante el período húmedo y, posteriormente, qué tan rápidamente comienza a secarse.

Todavía es demasiado temprano para determinar cómo será la temporada de incendios forestales 2026-2027. Pero las lluvias de este invierno dejan una señal que merece seguimiento: el mismo paisaje que hoy recupera su color verde puede transformarse, meses después y bajo determinadas condiciones meteorológicas, en abundante combustible disponible para el fuego.

Referencia de la noticia

El Desconcierto. (2026). Marcelo Lagos: "En Chile el modelo crea permanentemente riesgo de desastre".
Urrutia-Jalabert, R., González, M. E., González-Reyes, A., Lara, A. & Garreaud, R.. (2018). Variabilidad climática e incendios forestales en el centro y centro-sur de Chile..