Un tóxico en expansión: cómo el mercurio amenaza la biodiversidad de los océanos
De las minas y chimeneas industriales al plato de comida: cómo un metal que se evapora en silencio está transformando los océanos en una trampa química para la fauna marina y la salud global.

Para muchos, lo más cercano a conocer el mercurio es su forma líquida presente en los antiguos termómetros. Sin embargo, la presencia de este metal en nuestro entorno es mucho más común, causada principalmente por la actividad industrial y la minería.
De esta manera, puede recorrer miles de kilómetros a través de la atmósfera hasta depositarse en océanos y ríos, donde se transforma en su forma más peligrosa: el metilmercurio, que asciende por la cadena alimentaria hasta llegar a nuestra comida, a través del consumo de pescados y mariscos.
Su aumento en el ambiente hoy representa un grave riesgo para la salud humana y la biodiversidad.
Los ríos: autopistas que llevan el metal hacia el mar
El mercurio está presente de forma natural en la corteza terrestre. Es liberado al medioambiente a través de la actividad volcánica y submarina, los respiraderos hidrotermales, manantiales geotérmicos y la erosión natural de suelos ricos en minerales, entre otros, pero ha aumentado de forma drástica desde la Revolución Industrial, principalmente por actividad humana.
Según un estudio internacional publicado en Science Advances en 2025, los ríos del mundo hoy transportan más del doble de mercurio que antes del año 1850.

“Las actividades humanas han alterado el ciclo global del mercurio en todos sus aspectos”, dijo Yanxu Zhang, investigador de la Universidad de Tulane (EE.UU.) y autor principal del estudio, en un comunicado. “Si bien estudios anteriores se han centrado en las concentraciones de mercurio en la atmósfera, los suelos y el agua de mar, han pasado por alto en gran medida los ríos, una vía principal para el mercurio que se ha convertido, de hecho, en un conducto para las aguas residuales procedentes tanto de fuentes municipales como industriales”, agregó.
En el océano, ciertos microorganismos transforman el mercurio inorgánico en metilmercurio, la forma orgánica más común y la más tóxica de todas, ya que es altamente liposoluble, por lo que puede penetrar fácilmente las membranas celulares y atravesar barreras críticas como la hematoencefálica (que protege el sistema nervioso central) y la placentaria.
Advierte que su exposición, incluso en pequeñas cantidades, puede causar graves problemas de salud y es perjudicial durante el desarrollo intrauterino y la primera infancia. Además, puede ser tóxico para los sistemas nervioso, digestivo e inmunitario, así como para los pulmones, los riñones, la piel y los ojos.
El efecto lupa de la cadena alimentaria
El metilmercurio hoy llega a los humanos principalmente a través de la ingesta de productos marinos contaminados. Su viaje comienza en el fondo del mar, donde los microorganismos lo convierten en metilmercurio, que se adhiere a las proteínas de los tejidos de los organismos pequeños, como el plancton. A partir de ahí, entra en juego la biomagnificación:
Así como en los humanos, el metal también tiene impacto directo en las especies, ya que puede provocar desde daño a nivel del ADN hasta la muerte. Esto pone en riesgo la biodiversidad marina y los ecosistemas acuáticos, debido al declive de las poblaciones y a la extensión del daño hacia especies acuáticas como las aves.

¿Qué puede provocar en los animales? Un estudio publicado el año pasado en Conservation Physiology reveló que las tortugas verdes (Chelonia mydas) de Rapa Nui, por ejemplo, presentan unas de las concentraciones de mercurio en sangre más altas registradas a nivel mundial en esta especie. En ellas, los altos niveles de mercurio podrían estar causando una función inmunológica alterada, además de una probable disfunción renal y hepática.
Un desafío sin fronteras
¿Qué se puede hacer? En 2013, la comunidad internacional reconoció la gravedad de la contaminación por mercurio y se firmó el Convenio de Minamata para regular y reducir las emisiones del metal; sin embargo, los hallazgos muestran que no basta con regular las minas o eliminarlo de los termómetros.
Los investigadores señalan que es urgente cumplir con el compromiso y endurecer las normativas y la fiscalización para que los límites máximos de mercurio en los alimentos se alineen con los estándares internacionales más estrictos, así como acelerar la implementación de áreas marinas protegidas y frenar las prácticas perjudiciales a nivel local, como la alimentación artificial de fauna marina con restos de pescado de alto nivel trófico que les transfiere mercurio, entre otros.
Referencias de la noticia
Dong Peng et al. (2025) Human perturbations to mercury in global rivers. Science Advances 11.
Universidad de Tulane, comunicado de prensa: Global mercury levels in rivers have doubled since Industrial Revolution.
Rocío Álvarez-Varas et al. (2025). Mercury exposure and health challenges in Rapa Nui green turtles: urging conservation and long-term monitoring in the South Pacific, Conservation Physiology 13, Issue 1.
Organización Mundial de la Salud. Fact sheet: Mercurio.
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