El momento más frío del día llega después del amanecer: esta es la razón
Cada mañana ocurre algo curioso: la temperatura mínima del día suele registrarse después de que sale el Sol, y no antes. La explicación está en el balance de energía entre la superficie terrestre y la atmósfera.

Ahora que viene el invierno y las temperaturas comienzan a bajar en Chile, es momento de hablar de las temperaturas mínimas. Si alguna vez has mirado un termómetro a primera hora de la mañana, puede que hayas notado algo curioso: la temperatura mínima del día no suele ocurrir en mitad de la noche, cuando el Sol lleva horas sin aparecer. Muchas veces ocurre justo cuando amanece… o incluso un rato después.
A primera vista parece algo contradictorio. Si el Sol es la fuente principal de calor para la superficie terrestre, lo intuitivo sería pensar que la temperatura más baja ocurre antes de que salga. Sin embargo, la temperatura del aire no depende simplemente de si hay Sol o no, sino de algo más fundamental: el balance entre la energía que entra y la que sale.
El enfriamiento nocturno no se detiene al amanecer
Durante la noche, la superficie terrestre pierde energía de forma continua hacia el espacio en forma de radiación de onda larga (infrarroja). Sin radiación solar que la compense, el suelo se va enfriando y también el aire que está en contacto con él. Este proceso se conoce como enfriamiento radiativo y es el principal responsable de la caída de temperatura durante la noche.
El enfriamiento radiativo no se detiene de golpe cuando sale el Sol. En los primeros minutos tras el amanecer, los rayos solares llegan con un ángulo muy bajo y aportan relativamente poca energía a la superficie. Mientras la energía que pierde el suelo siga siendo mayor que la que recibe, la temperatura seguirá bajando. Esto es lo que pasa la gran mayoría de las veces.
La temperatura mínima aparece justo en el momento en que ese balance cambia: cuando la energía solar entrante finalmente iguala y supera a la que sale. A partir de ahí, la superficie empieza a calentarse y la temperatura del aire comienza a subir.
El papel silencioso de la evaporación
La radiación no es el único proceso que participa en este balance energético. Parte de la energía disponible en la superficie también se utiliza para evaporar agua. Durante la madrugada es común que haya humedad acumulada en el suelo, en la vegetación o en forma de rocío. Cuando empieza a salir el Sol, una fracción de la energía que llega se dedica primero a evaporar esa agua, en lugar de calentar directamente el aire.
Este es un proceso similar al que ocurre en nuestro cuerpo con el sudor. Al evaporarse el sudor en nuestro cuerpo –producto de la temperatura y el viento– nos produce una sensación de frescor: el aire a nuestro alrededor se está enfriando.

Aunque el patrón general es muy robusto, factores como la nubosidad, el viento, la humedad del suelo o la época del año pueden adelantar o retrasar a la temperatura mínima.
Las nubes, por ejemplo, reducen el enfriamiento nocturno al devolver parte de la radiación hacia la superficie (las nubes emiten radiación y a la vez evitan que la radiación terrestre escape), mientras que el viento mezcla el aire y dificulta que se acumule aire frío cerca del suelo.
Por eso, aunque solemos asociar el amanecer con el momento más frío del día, la realidad es un poco más interesante: la temperatura mínima no la decide el reloj, sino el delicado equilibrio energético entre la Tierra y su atmósfera.
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