¿Por qué cuanto más subes una montaña, más frío hace? La ciencia lo explica
Subir una montaña significa dejar atrás el calor y enfrentar temperaturas más bajas. Pero ¿por qué ocurre esto si estamos más cerca del Sol? La respuesta está en cómo se calienta la atmósfera y en la física del aire.

Es una experiencia común: mientras ascendemos por un cerro o una montaña, el aire se vuelve más fresco y, en muchos casos, francamente frío. Esto ocurre incluso en pleno verano y bajo un cielo despejado. A simple vista, podría parecer contradictorio, ya que al subir estamos, técnicamente, un poco más cerca del Sol. Sin embargo, la explicación no tiene que ver con la distancia al astro rey, sino con la forma en que la Tierra y la atmósfera reciben y distribuyen el calor. Para entender este fenómeno, es necesario mirar hacia los procesos físicos que gobiernan la atmósfera.
Entendiendo cómo recibimos el calor del Sol
Para explicar por qué más arriba hace más frío, primero debemos entender cómo es que recibimos el calor del Sol, nuestra principal fuente de energía. Aunque solemos imaginar que el aire se calienta directamente por los rayos solares, en realidad el proceso es distinto.

Cuando la radiación solar ingresa a la atmósfera, esta es casi transparente a esos rayos. El aire no se calienta de forma significativa durante su trayecto. Es recién cuando la radiación llega a la superficie terrestre que comienza el verdadero calentamiento. La superficie absorbe esa energía y luego la libera en forma de calor hacia el aire que está en contacto con ella.

Desde allí, el calor se va transfiriendo hacia capas superiores de la atmósfera mediante procesos como la conducción, la convección y la mezcla del aire. Por eso, el aire más cercano al suelo suele ser más cálido, mientras que a mayor altura la influencia directa del calor superficial es cada vez menor.
Menor presión y enfriamiento del aire al ascender
Otro factor clave es la presión atmosférica. A medida que ascendemos en altura, la cantidad de aire que tenemos encima disminuye, y con ello baja la presión. Esto tiene un efecto directo sobre la temperatura del aire.
Cuando una porción de aire asciende, se encuentra con un entorno de menor presión y se expande. Al expandirse, necesita gastar energía, lo que provoca un descenso de su temperatura. Este proceso se conoce como enfriamiento adiabático y ocurre de manera natural en la atmósfera.

En condiciones normales, la temperatura del aire disminuye, en promedio, unos 6,5 °C por cada 1.000 metros de altura. Este valor se conoce como el gradiente térmico vertical y explica por qué las cumbres suelen estar cubiertas de nieve incluso en regiones cercanas al ecuador.
Menos “abrigo” atmosférico a mayor altura
Además de la presión, la composición del aire también cambia con la altitud. En niveles bajos de la atmósfera hay mayor concentración de gases como el vapor de agua, que actúan como una especie de “abrigo”, reteniendo parte del calor que la Tierra emite hacia el espacio.
A mayor altura, el aire es más seco y menos denso, por lo que esa capacidad de retener calor disminuye. El resultado es un ambiente donde el calor se pierde con mayor facilidad, acentuando la sensación de frío.
Si vas a subir una montaña, tenlo en cuenta: cuanto más alto llegues, más frío estará el ambiente. La regla general es clara: por cada kilómetro de altura, la temperatura desciende cerca de 6,5 °C.
En definitiva, aunque al subir una montaña estemos unos metros más cerca del Sol, ese efecto es insignificante. Lo que realmente importa es cómo se calienta la atmósfera desde abajo, cómo el aire se expande al ascender y cómo disminuye la capacidad de retener calor. La combinación de estos factores explica por qué, cuanto más subimos, más frío hace.
Referencias de la noticia
-The Conversation. ¿Por qué cuando subimos una montaña hace más frío?
-Meteochile Blog. Radiación balanceada, Tierra equilibrada.