La Luna sigue cambiando: aparece un cráter gigante de 225 metros y borra decenas de huellas previas

La Luna parecía inmóvil desde nuestra mirada, pero no lo está. Un nuevo cráter gigante acaba de revelar que su superficie sigue cambiando, recordándonos que nuestro satélite natural continúa siendo un mundo golpeado, dinámico y lleno de sorpresas.

Los impactos de asteroides generan cráteres en la Luna: eso la hace un mundo más dinámico que estático. Crédito: NASA/GSFC/Arizona State University
Los impactos de asteroides generan cráteres en la Luna: eso la hace un mundo más dinámico que estático. Crédito: NASA/GSFC/Arizona State University

La Luna muchas veces nos da la impresión de ser un mundo quieto, casi detenido en el tiempo. La vemos desde la Tierra y parece la misma de siempre, silenciosa, intacta. Pero no es tan así.

Un nuevo estudio vuelve a demostrar que su superficie sigue cambiando y que, incluso hoy, puede recibir impactos capaces de abrir enormes cicatrices y borrar rastros más antiguos. Entonces, ¿qué fue lo que encontraron ahora?

La Luna cambia más de lo que parece

Aunque desde nuestro planeta parezca tranquila, la Luna sigue siendo un territorio golpeado. De vez en cuando, un impacto altera su paisaje de forma drástica. Eso es justamente lo que reveló una investigación presentada en marzo en la edición 57 de la Lunar and Planetary Science Conference.

En la cara visible de la Luna apareció un nuevo cráter de unos 225 metros de diámetro, que se habría formado en la primavera de 2024.

El hallazgo fue posible gracias al trabajo del astrónomo Mark Robinson y su equipo, que revisaron miles de secuencias de imágenes tomadas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO). Esta misión de la NASA lleva observando la Luna desde 2009 y se ha convertido en una verdadera vigilante de largo plazo de nuestro satélite natural.

Una herida reciente en una Luna muy golpeada

Lo que más sorprende no es solo el tamaño del nuevo cráter, sino lo reciente que parece ser. Según las simulaciones citadas en el estudio, un impacto de esta magnitud ocurre, en promedio, una vez cada 139 años. Además, esta depresión alcanza unos 43 metros de profundidad, por lo que se trata de una huella enorme y, en términos lunares, bastante “joven”.

Así luce el nuevo cráter, fotografiado por la cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA. (Robinson et al., LPSC, 2026)
Así luce el nuevo cráter, fotografiado por la cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA. (Robinson et al., LPSC, 2026)

Pero hay un detalle aún más llamativo: este impacto no solo dejó una nueva marca, también borró parte del pasado de la Luna. Los materiales expulsados durante la explosión cubrieron la zona cercana y degradaron decenas de cráteres previos hasta hacerlos prácticamente invisibles. En otras palabras, la Luna no solo acumula cicatrices: a veces también esconde las antiguas.

Todo esto refuerza una idea importante: la superficie lunar es mucho más dinámica de lo que parece cuando la miramos desde la Tierra. No tiene atmósfera, lluvia ni tectónica como nuestro planeta, pero aun así sigue transformándose. Cada impacto modifica, remueve y redibuja su paisaje.

Artemis II también volvió a mirar sus cráteres

El interés renovado por la Luna no viene solo de las sondas. A comienzos de abril, la misión Artemis II sobrevoló el satélite, rompió el récord de la mayor distancia alcanzada por seres humanos y, en ese recorrido, su tripulación también puso atención en la superficie lunar.

Este es el cráter (apuntado en imagen a la izquierda) nombrado en homenaje a Carroll Taylor Wiseman, la esposa fallecida de Reid Wiseman, el comandante de la misión espacial.
Este es el cráter (apuntado en imagen a la izquierda) nombrado en homenaje a Carroll Taylor Wiseman, la esposa fallecida de Reid Wiseman, el comandante de la misión espacial.

Durante el trayecto, los astronautas propusieron nombres para dos cráteres. Uno de ellos fue Carroll, en homenaje a la esposa fallecida del comandante Reid Wiseman. Este cráter se ubica cerca del límite entre la cara visible y la cara oculta de la Luna, por lo que a veces puede llegar a observarse desde la Tierra.

La Luna todavía tiene mucho por contar

Este descubrimiento nos recuerda algo fascinante: mirar la Luna no es observar una reliquia inmóvil, sino un mundo que todavía cambia. Y ahora, gracias a misiones como LRO y Artemis II, esos cambios pueden seguirse casi en tiempo real.

¿Qué otras sorpresas guarda nuestro satélite natural? Si un cráter de este tamaño puede aparecer y, al mismo tiempo, borrar decenas de huellas anteriores, quizás la Luna sea mucho menos estática —y mucho más viva geológicamente— de lo que imaginábamos.

Referencias de la noticia

National Geographic: Un nuevo cráter gigante ha aparecido en la Luna. Lo sorprendente es que han desaparecido otros muchos

NASA: Lunar Reconnaissance Orbiter

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