Ciclones que tocan tierra se aceleran por contraste tierra-mar
Un nuevo estudio científico revela que los ciclones tropicales pueden aumentar su velocidad al tocar tierra, debido al contraste térmico y de rugosidad entre el océano y el continente, un fenómeno que podría agravar los riesgos asociados a estos eventos extremos.

Durante años, la ciencia asumió que los ciclones tropicales —como huracanes y tifones— tienden a debilitarse al tocar tierra, principalmente porque pierden su fuente de energía: el calor del océano. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Nature Geoscience acaba de revelar un detalle clave que cambia parte de esta historia: muchos ciclones no solo no se frenan al tocar tierra, sino que se aceleran.
El hallazgo muestra que el contraste entre el mar y el continente —tanto en temperatura como en “rugosidad” del terreno— puede impulsar el movimiento de estos sistemas, haciendo que avancen más rápido justo cuando comienzan a impactar zonas habitadas.
El motor oculto: calor del mar y fricción en tierra
Los investigadores analizaron décadas de datos de ciclones en distintas cuencas del planeta, combinando observaciones satelitales, modelos climáticos y simulaciones atmosféricas. El patrón fue claro: cuando un ciclón pasa del océano a la tierra, su velocidad de desplazamiento suele aumentar. ¿La razón? Una combinación de dos factores:
- Contraste térmico: el océano suele estar más cálido que la superficie continental.
- Rugosidad: el mar es liso; la tierra está llena de obstáculos (montañas, edificios, bosques).
Este cambio abrupto genera un desequilibrio en los vientos del sistema. En simple: el ciclón “siente” el frenazo en una parte, pero no en la otra, y eso produce una especie de empuje que lo hace avanzar más rápido.

Como explican los autores, es un efecto similar a cuando un objeto cambia de superficie: no se comporta igual deslizarse sobre hielo que sobre cemento.
Más velocidad, menos tiempo para reaccionar
Que un ciclón se acelere puede parecer un detalle técnico, pero en la práctica tiene consecuencias enormes. Si un sistema se mueve más rápido:
- Hay menos tiempo para evacuar.
- Las alertas tempranas tienen menor margen de acción.
- Las lluvias intensas se concentran en periodos más cortos.
- Aumenta el riesgo de inundaciones repentinas.
Es decir, el impacto puede ser más brusco, más difícil de anticipar y más peligroso, especialmente en zonas costeras densamente pobladas.
En lugares como el Caribe, el sudeste asiático o el Golfo de México, donde millones de personas viven cerca del mar, este fenómeno podría marcar la diferencia entre una evacuación exitosa y una catástrofe.
¿Qué tiene que ver el cambio climático?
Mucho. El estudio advierte que este efecto podría intensificarse en un clima más cálido. A medida que los océanos se calientan, el contraste térmico entre mar y tierra se vuelve más fuerte, lo que favorece aún más esta aceleración. Además, el cambio climático está provocando:
- Ciclones más intensos.
- Mayor humedad disponible.
- Precipitaciones más extremas.
- Sistemas que duran más tiempo activos.
Todo esto crea el escenario perfecto para ciclones más rápidos, más energéticos y más impredecibles al tocar tierra. No es solo que haya más tormentas: es que se comportan de forma más peligrosa.
No es solo la fuerza, también es la velocidad
Tradicionalmente, la atención se ha centrado en la intensidad de los ciclones: categoría, vientos máximos, presión central. Pero este estudio pone el foco en algo igual de importante: la velocidad de desplazamiento.
Un ciclón moderado pero muy rápido puede causar tanto o más daño que uno extremadamente intenso pero lento, sobre todo por el efecto sorpresa y la acumulación de impactos en poco tiempo. En términos simples: no solo importa cuán fuerte es la tormenta, sino cuán rápido llega a tu casa.
Un desafío directo para los pronósticos
El hallazgo también tiene implicancias directas para la meteorología operativa. Muchos modelos meteorológicos aún no representan bien este efecto de aceleración, lo que podría estar generando subestimaciones en los tiempos de llegada de ciclones.
Mientras tanto, para la población, el mensaje es claro: los ciclones del futuro no solo serán más intensos, sino también más rápidos. Y en un mundo cada vez más urbanizado, costero y expuesto al clima extremo, esa combinación es especialmente preocupante.