Científicas estudian en la Antártica a los musgos y líquenes que revelan cómo cambia el clima polar

Un proyecto internacional estudia la diversidad y resistencia de la flora polar en la isla Rey Jorge, combinando datos del Ártico y la Antártica para anticipar cambios ecológicos.

La investigación es parte de la expedición Científica Antártica (ECA 62) del Instituto Antártico Chileno (INACH), y cuenta con la participación de las doctoras Mariana García Criado (CREAF, España) y Claudia Colesie (Universidad de Edimburgo). Créditos imagen: INACH.
La investigación es parte de la expedición Científica Antártica (ECA 62) del Instituto Antártico Chileno (INACH), y cuenta con la participación de las doctoras Mariana García Criado (CREAF, España) y Claudia Colesie (Universidad de Edimburgo). Créditos imagen: INACH.

Suelen pasar desapercibidos. Mientras todos miran hacia el horizonte buscando pingüinos o hacia el cielo esperando ver la aurora austral, ellos están ahí abajo, pegados a las rocas, formando pequeñas alfombras verdes que apenas levantan centímetros del suelo.

Habitantes silenciosos de la Antártica, los musgos y líquenes llevan 11 mil años haciendo lo mismo: sobrevivir.

Comprender cómo viven y cómo están cambiando se ha vuelto una pregunta urgente para la ciencia. Con ese objetivo, un equipo internacional de investigadoras inició una expedición a la isla Rey Jorge para estudiar estas especies y buscar pistas sobre el futuro de la flora antártica.

Las pequeñas plantas que delatan los cambios del clima

Aunque la Antártica sigue siendo uno de los lugares más fríos del planeta, su clima no es completamente inmune al calentamiento global.

En algunas zonas del continente, los científicos ya observan cambios en las condiciones ambientales que podrían alterar los ecosistemas más simples y frágiles. Entre los primeros en reaccionar están los organismos más pequeños.

Musgos y líquenes —que constituyen la base de la vegetación terrestre antártica, según INACH— dependen de factores muy precisos como la humedad, la temperatura del suelo o la protección frente al viento.

Cuando esas variables cambian, estas comunidades vegetales también lo hacen, convirtiéndose en indicadores tempranos de transformaciones ambientales.

Con esa idea en mente, la investigadora española Mariana García Criado, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), y la científica Claudia Colesie, de la Universidad de Edimburgo en Escocia, lideran el proyecto BIPOLAR en la isla Rey Jorge.

El objetivo es estudiar qué especies de musgos y líquenes habitan la zona y cómo se distribuyen, instalando sensores automáticos que registran temperatura y humedad para entender cómo el microclima condiciona la vida de estas diminutas plantas.

Mirar el pasado para entender el futuro del continente blanco

La investigación no se limita a lo que ocurre hoy en la Antártica. Parte del proyecto busca reconstruir la historia ecológica de estos organismos para entender cómo han respondido al clima a lo largo del tiempo.

La científica Mariana García Criado, que trabaja en el área de paleoecología, explica en un comunicado de INACH que "el proyecto incluye el estudio de fósiles de hasta 11 mil años de antigüedad, además del uso de grandes bases de datos climáticos y ecológicos de todo el mundo".

Al comparar estos registros históricos con datos actuales, las investigadoras podrán comprender la reacción de estos organismos tras el deshielo de la última era glacial y proyectar si su ritmo de adaptación podrá competir con la velocidad del cambio climático actual, un desafío que estudios recientes señalan como crítico para las algas que componen los líquenes.

La red que conecta los polos

Este enfoque comparativo también incluye información del Ártico. De hecho, el nombre del proyecto —BIPOLAR— refleja precisamente ese puente científico entre ambos polos.

El estudio forma parte de POLARIN, una red internacional financiada por la Unión Europea a través del programa Horizonte Europa, que busca conectar infraestructuras científicas polares, estaciones de investigación y bases de datos climáticas.

Este tipo de cooperación se ha vuelto esencial para estudiar regiones remotas como la Antártica, donde cada campaña científica requiere una gran logística y colaboración internacional.

Chile cumple un rol importante en este trabajo. A través del INACH, el país coordina expediciones, facilita infraestructura científica y promueve la investigación en el continente.

En un continente donde el verde apenas se asoma entre rocas y hielo, los musgos y líquenes registran cada cambio del clima. Estudiarlos en la Antártica ayuda a comprender cómo resisten hoy y qué pistas ofrecen sobre el futuro del continente blanco.

Referencias de la noticia

INACH. (2026). Investigadoras internacionales inician expedición en la Antártica para estudiar el futuro de la flora polar. Comunicado publicado en la web del Instituto.