"60 % de probabilidad de un invierno con El Niño": empiezan a aparecer señales de su desarrollo

Un gran pulso de vientos del oeste se registró en el Pacífico occidental durante las últimas semanas. Podría ser el impulso que El Niño necesita para desarrollarse.

Los vientos en el Pacífico occidental juegan un papel preponderante en el desarrollo de los eventos de El Niño. Imagen: NASA.
Los vientos en el Pacífico occidental juegan un papel preponderante en el desarrollo de los eventos de El Niño. Imagen: NASA.

Durante prácticamente todo lo que va del 2026 hemos estado discutiendo sobre un posible evento de El Niño. Evento que llegará en algún momento del segundo semestre y cuya intensidad y duración aún están por verse.

Esto, según los modelos, que sostenidamente han mostrado un calentamiento rápido. De esta forma, hay cerca de un 60 % de probabilidades de que El Niño esté presente en algún momento durante el trimestre de invierno del hemisferio sur.

Pero más allá de los pronósticos numéricos, que en casos recientes han presentado grandes errores, como en el fallido El Niño de 2014, es muy importante seguir de cerca las pistas observacionales que ayuden a comprender si el fenómeno se desarrollará realmente o no.

Avanzando hacia El Niño: anomalías observadas

La primera y clara evidencia observacional es que el Pacífico se está calentando. La zona Niño 3.4 pasó de presentar anomalías relativas cercanas a -1 °C en enero a prácticamente 0 °C en marzo. Este grado de diferencia, aunque pueda parecer poco, demuestra un calentamiento muy rápido.

En la costa sudamericana, en la región Niño 1+2, el calentamiento fue incluso más rápido, pasando de -1.2 °C a +1.2 °C en el mismo periodo.

Pero estos calentamientos pueden ocurrir y no constituyen evidencia suficiente de que en el futuro se presente un El Niño. Lo que se necesita para generar confianza en el desarrollo del fenómeno es una sucesión de anomalías o perturbaciones que desencadenen la reacción en cadena que termina en un evento de El Niño.

Izquierda: Anomalías de contenido de calor en el océano superior del Pacífico ecuatorial. Derecha: Anomalías de temperatura del mar subsuperficial. Fuente NOAA-CPC.
Izquierda: Anomalías de contenido de calor en el océano superior del Pacífico ecuatorial. Derecha: Anomalías de temperatura del mar subsuperficial. Fuente NOAA-CPC.

Entre las señales los expertos en clima esperamos ver —sobre todo al comienzo del proceso— están un aumento del contenido de calor en el océano y pulsos de viento del oeste (WWB) en el Pacífico occidental que permitan la propagación de ondas oceánicas Kelvin de calentamiento.

Un primer WWB ocurrió a comienzos de año, propiciando la propagación de una onda de Kelvin de hundimiento que, semanas después, llegó a la costa de Sudamérica, lo que favoreció el calentamiento en esa región. Este fue uno de los primeros indicios observacionales del mecanismo de formación de un evento de El Niño.

Pero un solo WWB suele no ser suficiente. Extrañamente, tras esas anomalías de viento del oeste a comienzos de año, hubo un momento en que se fortalecieron los vientos del este. Esto hasta ahora, cuando, a mediados de marzo, se ha producido un nuevo pulso de vientos del oeste en el Pacífico occidental.

Lo interesante de este WWB es que no estuvo centrado en el Pacífico ecuatorial, como ocurre habitualmente, sino que ocurrió desplazado hacia el norte. Además, fue un pulso de viento de gran intensidad que abarcó una amplia área del Pacífico norte, lo que ha llamado la atención de múltiples climatólogos.

Se espera que esto repercuta de dos maneras: por un lado, que se debiliten los vientos del este ecuatoriales y que las aguas cálidas se expandan hacia el este; y, por otro lado, que las aguas cálidas tropicales se desplacen hacia el ecuador. Favoreciendo el desarrollo de un evento de El Niño potencial.

Anomalías de viento del oeste cercano a la superficie. A la izquierda, en un gráfico tiempo-longitud alrededor del Pacífico ecuatorial, y a la derecha en mapas temporales. Fuente: NCICS.
Anomalías de viento del oeste cercano a la superficie. A la izquierda, en un gráfico tiempo-longitud alrededor del Pacífico ecuatorial, y a la derecha en mapas temporales. Fuente: NCICS.

Si bien ya hay señales de un desplazamiento de aguas cálidas hacia el este producto de este WWB, las consecuencias mayores se verán en algunas semanas. Tal y como ocurrió con el pulso de vientos de comienzos de año.

Mirando hacia delante

El mecanismo descrito brevemente arriba, previo a un evento de El Niño, suele ocurrir varias veces. Por eso, incluso las anomalías observadas hasta acá no son razón suficiente para asegurar que se desarrollará el fenómeno. Sin embargo, el pronóstico para las próximas semanas indica que podría desarrollarse un nuevo WWB.

Mapas de anomalías de viento del oeste cercano a la superficie. A la izquierda observados y a la derecha pronosticados. Fuente NCICS.
Mapas de anomalías de viento del oeste cercano a la superficie. A la izquierda observados y a la derecha pronosticados. Fuente NCICS.

El WWB que estaría por venir, a mediados de abril, sería más tradicional y se centraría en el Pacífico ecuatorial. De cumplirse este pronóstico, seguramente veremos una nueva onda Kelvin propagarse desde el occidente y la manutención del calentamiento de la superficie del océano Pacífico. Pero para eso hay que esperar.