Cuando el fuego crea su propia atmósfera: los incendios de sexta generación que podrían afectar a Chile

Los megaincendios modernos no solo queman bosques y las zonas habitadas: pueden alterar la atmósfera. Así funcionan los incendios de sexta generación y las tormentas de fuego que los vuelven impredecibles. Descubre su impacto en Chile.

Los incendios de sexta generación son cada vez más frecuentes: pueden incluso modificar el clima local.
Los incendios de sexta generación son cada vez más frecuentes: pueden incluso modificar el clima local.

Los incendios forestales han cambiado radicalmente en las últimas décadas. En distintos lugares del planeta, eventos extremos han demostrado que el fuego puede generar su propia dinámica meteorológica y escapar del control humano.

Comprender estos procesos resulta clave para países vulnerables como Chile, donde el clima, la vegetación y el calentamiento global configuran un escenario propicio para eventos cada vez más intensos.

De incendios forestales a megaincendios atmosféricos

Durante años, los incendios forestales fueron considerados fenómenos relativamente acotados en extensión y comportamiento. Sin embargo, la acumulación de combustible vegetal, las sequías prolongadas y las olas de calor han favorecido la aparición de los llamados incendios de sexta generación: eventos extremadamente intensos, veloces y difíciles de controlar.

Estos incendios se distinguen por su capacidad de modificar las condiciones meteorológicas locales, generando turbulencias, alteraciones del viento e incluso tormentas secas.

Además, su avance puede resultar errático, cambiando de dirección en minutos y originando focos secundarios a kilómetros de distancia. La intensidad térmica alcanza niveles que limitan la eficacia de los métodos tradicionales de combate, ya que el agua puede evaporarse antes de cumplir su función.

En este contexto, el fuego deja de ser solo un fenómeno terrestre y pasa a interactuar activamente con la atmósfera.

Cuando el incendio crea su propio clima

En episodios extremos, el calor liberado por la combustión genera corrientes ascendentes tan intensas que inducen un sistema de vientos propio, fenómeno conocido como tormenta de fuego o firestorm.

Las tormentas de fuego son consecuencia del fuerte calentamiento generado por un incendio de gran envergadura, lo que propicia fuertes ráfagas de viento y en ocasiones remolinos de fuego.
Las tormentas de fuego son consecuencia del fuerte calentamiento generado por un incendio de gran envergadura, lo que propicia fuertes ráfagas de viento y en ocasiones remolinos de fuego.

El mecanismo es relativamente claro desde la física atmosférica: el aire caliente asciende rápidamente, creando un vacío relativo que es ocupado por aire circundante que converge hacia el incendio. Este flujo alimenta las llamas con oxígeno adicional y produce ráfagas erráticas capaces de intensificar la combustión y expandir el evento.

Estas tormentas pueden producir remolinos de fuego, transportar brasas a gran distancia e incluso desencadenar procesos convectivos que amplifican el impacto del incendio. En esencia, se establece un bucle de retroalimentación entre fuego y atmósfera que dificulta la predicción del comportamiento del siniestro.

Pirocumulonimbus: tormentas nacidas del fuego

Uno de los fenómenos más llamativos asociados a estos megaincendios es la formación de nubes convectivas generadas por el humo y el calor. Cuando la columna ascendente alcanza suficiente desarrollo vertical, se forma primero un pirocúmulo; si continúa creciendo, puede transformarse en un pirocumulonimbus, equivalente a una tormenta eléctrica originada por el incendio.

Estas nubes se generan cuando el aire caliente cargado de partículas asciende, se mezcla con vapor de agua y libera energía al condensarse, permitiendo el desarrollo de estructuras convectivas profundas.
Estas nubes se generan cuando el aire caliente cargado de partículas asciende, se mezcla con vapor de agua y libera energía al condensarse, permitiendo el desarrollo de estructuras convectivas profundas.

El resultado puede incluir rayos, precipitaciones o ráfagas descendentes que alteran el comportamiento del incendio e incluso generan nuevos focos por descargas eléctricas. Además, estas tormentas representan la forma más extrema de convección inducida por fuego, capaz de inyectar aerosoles y humo a gran altura en la atmósfera.

¿Un riesgo real para Chile?

Chile reúne varios factores que podrían favorecer la ocurrencia de incendios con comportamiento extremo: veranos cálidos, déficit hídrico persistente, vegetación altamente combustible y expansión urbana en zonas forestales.

En la imagen, a la izquierda, se observa un mapa de las zonas de riesgo de incendios en Chile, basado en un análisis de Miguel Castillo, del Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Chile. A la derecha, una imagen satelital que muestra la traza de humo que dejó el incendio del pasado enero en el centro sur de Chile. Créditos: La Tercera / NASA
En la imagen, a la izquierda, se observa un mapa de las zonas de riesgo de incendios en Chile, basado en un análisis de Miguel Castillo, del Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Chile. A la derecha, una imagen satelital que muestra la traza de humo que dejó el incendio del pasado enero en el centro sur de Chile. Créditos: La Tercera / NASA

Investigaciones científicas han señalado que combinaciones de sequía, calor y acumulación de combustible generan escenarios propicios para incendios de gran intensidad, lo que eleva la probabilidad de dinámicas atmosféricas asociadas al fuego.

Aunque no todos los incendios alcanzan esta categoría, la tendencia global apunta a eventos más energéticos y complejos. Para la gestión de riesgos, esto implica repensar la planificación territorial, la prevención y el combate, considerando que algunos incendios pueden evolucionar más allá de la capacidad humana de control inmediato.

Referencia de la nota

- NOAA / NESDIS: ¿Qué es una tormenta de fuego?

- National Geographic: Megaincendios: así son los incendios de sexta generación, cada vez más frecuentes.

- AMS: Pirocumulonimbus.