Las momias de Atacama tenían cerebros más pequeños: la ciencia explica por qué

Un nuevo estudio científico analizó cráneos Chinchorro y comparó su volumen cerebral con poblaciones modernas. Los resultados muestran que el tamaño del cerebro estuvo condicionado por la estatura, la dieta y las duras condiciones ambientales del desierto.

Las momias de la cultura Chinchorro, conservadas en el desierto de Atacama, presentaban un menor volumen intracraneal en comparación con la población actual. Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.
Las momias de la cultura Chinchorro, conservadas en el desierto de Atacama, presentaban un menor volumen intracraneal en comparación con la población actual. Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.

Durante décadas, las momias de la cultura Chinchorro —conservadas en el desierto de Atacama— han fascinado al mundo no solo por ser las más antiguas con momificación artificial, sino también por presentar un rasgo anatómico sorprendente: un volumen cerebral menor que el de la población chilena actual. ¿Era una práctica cultural? ¿Una deformación intencional? ¿Un misterio biológico? Hoy, la ciencia tiene una respuesta mucho más clara.

Un estudio publicado en la revista Scientific Reports logró resolver este enigma utilizando tecnología de última generación, demostrando que el tamaño reducido del cerebro no se debía a rituales ni a deformaciones craneales, sino a factores biológicos profundamente ligados al entorno y a las condiciones de vida de estas poblaciones prehistóricas.

La cultura Chinchorro: vida en uno de los lugares más extremos del planeta

La cultura Chinchorro se desarrolló entre 7.500 y 3.500 años en la costa del norte de Chile y sur de Perú. Eran comunidades de cazadores, recolectores y pescadores, altamente adaptadas al entorno marino del Pacífico. Gracias a esta especialización lograron una relativa estabilidad alimentaria, pero en un contexto extremadamente hostil: uno de los desiertos más áridos del mundo.

Mapa con la ubicación de sitios arqueológicos de la cultura Chinchorro y poblaciones agrícolas prehispánicas en la región de Arica y Parinacota, norte de Chile. Fuente: SEGEMAR (Servicio Geológico Minero Argentino). Nature.
Mapa con la ubicación de sitios arqueológicos de la cultura Chinchorro y poblaciones agrícolas prehispánicas en la región de Arica y Parinacota, norte de Chile. Fuente: SEGEMAR (Servicio Geológico Minero Argentino). Nature.

Aunque su dieta era rica en proteínas provenientes del mar, carecía de la diversidad nutricional propia de sociedades agrícolas posteriores o de poblaciones modernas. Esta combinación de aislamiento, estrés ambiental y limitaciones nutricionales marcó profundamente su biología.

¿Qué es el volumen intracraneal y por qué importa?

El volumen intracraneal es una medida que permite estimar el tamaño del cerebro a partir del espacio interno del cráneo. No mide inteligencia, sino desarrollo corporal general, influido por factores como estatura, nutrición, sexo y entorno durante la infancia.

Reconstrucciones tridimensionales por tomografía computarizada de cráneos Chinchorro (en gris) y sus respectivos moldes intracraneales (en amarillo), donde se observan fracturas y discontinuidades en regiones frontal y temporal. Estas imágenes permitieron estimar el volumen cerebral sin dañar los restos. Fuente: Rojas-Costa et al., 2025, Scientific Reports.
Reconstrucciones tridimensionales por tomografía computarizada de cráneos Chinchorro (en gris) y sus respectivos moldes intracraneales (en amarillo), donde se observan fracturas y discontinuidades en regiones frontal y temporal. Estas imágenes permitieron estimar el volumen cerebral sin dañar los restos. Fuente: Rojas-Costa et al., 2025, Scientific Reports.

Para estudiar este rasgo en restos arqueológicos, los investigadores aplicaron tomografías computarizadas y reconstrucciones tridimensionales, una metodología no invasiva que permitió analizar incluso cráneos fragmentados. El estudio comparó tres grupos:

  • 68 individuos Chinchorro.
  • 9 individuos de sociedades agrícolas prehispánicas.
  • 83 chilenos contemporáneos.

Los resultados fueron claros:

  • Chinchorro: 1.321 cm³ promedio.
  • Agricultores prehispánicos: 1.336 cm³.
  • Chilenos actuales: 1.481 cm³.

Es decir, las momias Chinchorro tenían un volumen intracraneal de un 12 % menor que el de la población moderna. Sin embargo, la diferencia entre Chinchorro y agricultores antiguos era mínima, lo que demuestra que la agricultura no generó un aumento inmediato del tamaño cerebral.

La estatura explica el tamaño del cerebro (y no los rituales)

Una de las conclusiones más relevantes del estudio es la relación directa entre estatura y volumen intracraneal, es decir, entre el tamaño del cuerpo y el tamaño del cerebro. Las poblaciones Chinchorro eran, en promedio, más bajas que los chilenos actuales, y este factor explica gran parte del menor tamaño de sus cráneos.

Cráneo Chinchorro conservado en el norte de Chile. Crédito: Museo Arqueológico San Miguel de Azapa / U. de Tarapacá.
Cráneo Chinchorro conservado en el norte de Chile. Crédito: Museo Arqueológico San Miguel de Azapa / U. de Tarapacá.

En términos biológicos, este fenómeno se conoce como alometría corporal, un principio que indica que los organismos más pequeños tienden a presentar órganos proporcionalmente más pequeños, sin que ello implique diferencias en capacidades cognitivas o funcionales.

Durante años, algunos investigadores atribuyeron el menor tamaño cerebral a prácticas culturales como la deformación craneal intencional, un ritual identitario presente tanto en la cultura Chinchorro como en sociedades agrícolas posteriores.

Cráneos Chinchorro conservados en el norte de Chile, perteneciente a una de las culturas de momificación artificial más antiguas del mundo. Crédito: Museo Arqueológico San Miguel de Azapa (MASMA), Universidad de Tarapacá.
Cráneos Chinchorro conservados en el norte de Chile, perteneciente a una de las culturas de momificación artificial más antiguas del mundo. Crédito: Museo Arqueológico San Miguel de Azapa (MASMA), Universidad de Tarapacá.

Sin embargo, el nuevo estudio demuestra que estas modificaciones solo alteraban la forma externa del cráneo, pero no su volumen interno, descartando definitivamente la hipótesis de que el tamaño del cerebro estuviera condicionado por manipulaciones culturales.

Nutrición, infancia y biología humana

El estudio subraya que el desarrollo cerebral está especialmente condicionado por las condiciones ambientales durante la infancia. Aunque los Chinchorro consumían pescado y mariscos, su dieta era limitada en micronutrientes esenciales, y vivían expuestos a altos niveles de estrés ambiental.

Por el contrario, el aumento del tamaño cerebral observado en Chile durante el siglo XX coincide con:

  • Mayor acceso a proteínas animales y lácteos.
  • Programas de salud pública.
  • Vacunación.
  • Saneamiento básico.
  • Educación.

La biología humana, concluyen los investigadores, responde de forma directa al entorno.

Una historia biológica reciente

Lejos de ser una rareza del pasado, el estudio revela algo aún más interesante:
muchos rasgos físicos que hoy consideramos “normales” son en realidad muy recientes en la historia humana. El aumento del tamaño cerebral no ocurrió hace miles de años, sino hace apenas unas décadas, impulsado por transformaciones socioeconómicas profundas.

Las momias Chinchorro no tenían cerebros pequeños por prácticas rituales ni por deformaciones culturales. Tenían cerebros acordes a cuerpos más bajos, a dietas menos diversas y a condiciones ambientales extremas.

Este hallazgo no solo resuelve un misterio arqueológico, sino que también entrega una lección poderosa: la biología humana no es fija, sino profundamente moldeada por la forma en que vivimos. Y quizás lo más sorprendente es que el “cerebro moderno” no es una herencia ancestral, sino una consecuencia directa del mundo en el que vivimos hoy.

Referencia de la noticia

- Nature. Variación del volumen intracraneal en momias Chinchorro: un estudio comparativo con agricultores prehispánicos y poblaciones chilenas contemporáneas.

- DIRAC. Las momias Chinchorro de Chile, las más antiguas del mundo, ahora son patrimonio de la humanidad.