El calafate guardaba un secreto en sus cáscaras: antioxidantes mil veces más potentes que su pulpa
Un equipo de la Universidad de Chile descubrió que las fibras y pieles descartadas del fruto contienen compuestos con una efectividad biológica sorprendente, muy superior a los extractos tradicionales.

La Patagonia lleva siglos guardando secretos entre arbustos espinosos y frutos azul oscuro. Uno de ellos acaba de salir del laboratorio. La parte del calafate que normalmente termina en la basura podría ser la más valiosa de todas.
Mientras jugos, mermeladas y extractos aprovechan la pulpa del fruto, toneladas de cáscaras, semillas y fibra quedan fuera del proceso.
Una investigación liderada por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile (U. de Chile) encontró que esos residuos concentran compuestos antioxidantes capaces de proteger células humanas del estrés oxidativo con una potencia sorprendente.
Una industria que mira a medias
Cuando un alimento se procesa, la atención casi siempre va a los compuestos “libres”, esos antioxidantes que se disuelven fácilmente y pasan directamente a la sangre. Esa es la lógica detrás de los jugos, los extractos y los suplementos. Pero esa lógica tiene un punto ciego: ignora lo que está atrapado dentro de la fibra.
Durante años, la ciencia las consideró poco relevantes. Después de todo, si no se absorben, ¿para qué sirven?
Para resolver esa interrogante, el estudio desarrollado por el INTA y publicado en la revista Food Research International analizó distintas fracciones del calafate mediante técnicas químicas y pruebas celulares.
Que no se absorba… es justo la ventaja
Hay descubrimientos científicos que sorprenden precisamente porque obligan a cambiar la lógica con la que se ven ciertos alimentos. Eso ocurrió con el calafate.
La parte del fruto que normalmente se desecha —la fibra y los restos más duros— mostró un efecto protector mucho más potente que los extractos tradicionales elaborados con la pulpa.
El equipo del INTA probó distintas fracciones del fruto en células intestinales humanas cultivadas en laboratorio.
Y ahí apareció el dato que llamó la atención: la fracción asociada a la fibra necesitó una cantidad muchísimo menor para lograr protección celular. En algunos casos, hasta mil veces menos.
Este hallazgo cambia una idea bastante instalada sobre los antioxidantes. No basta con saber cuántos tiene un alimento, también importa cómo viajan dentro del cuerpo, cuánto resisten la digestión y en qué parte del intestino terminan actuando.
Lo que antes era descarte hoy empieza a verse como un recurso
La idea de convertir residuos alimentarios en ingredientes útiles no es nueva, pero sí cada vez más urgente.
Reutilizar subproductos para generar nuevos ingredientes, reducir desperdicios y aprovechar la biodiversidad local.
“Demostramos que una fracción que normalmente se descarta puede ser la más activa y potencialmente la más relevante para la salud intestinal. Es una invitación a avanzar hacia una investigación más integrada entre química, biología celular y sostenibilidad”, señala el estudio.
La ciencia de los alimentos suele concentrarse en lo visible: la pulpa, el sabor, el color, los nutrientes que aparecen en las etiquetas. Pero debajo de esa capa más evidente hay fibras, residuos y estructuras vegetales que todavía guardan preguntas abiertas.
Referencias de la noticia
Costa de Camargo A., et all. (2025). Insoluble-bound phenolics from calafate byproducts: Impact on redox status and oxidative protection in Caco-2 cells. Food Research International.
U. de Chile. (2025). Estudio pionero de la U. de Chile revela que los residuos del calafate concentran potentes antioxidantes. Comunicado publicado en la web de la institución.
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