El “Google Maps” de la biodiversidad: estudio traza el mapa ambiental más completo de la RM
Con miles de registros inéditos, monitoreo ambiental y colecciones biológicas digitalizadas, la iniciativa busca abrir datos clave para la conservación y la planificación territorial.

Siete millones de personas viven en la Región Metropolitana. Miles de proyectos de inversión, carreteras, conjuntos habitacionales y plantas industriales se han aprobado ahí sin que nadie pudiera responder con certeza una pregunta básica: ¿qué ecosistema se está afectando?
No existía un mapa público, gratuito y técnicamente sólido de la flora, la fauna, el agua o el suelo.
El proyecto "Líneas de Base Públicas para la Región Metropolitana" —liderado por la Universidad de Chile y apoyado por cuatro universidades más y el Ministerio del Medio Ambiente— acaba de entregar los primeros resultados de una radiografía inédita.
El objetivo es construir una especie de “Google Maps” de la biodiversidad y los ecosistemas metropolitanos, pero basado en datos científicos abiertos, actualizados y disponibles para cualquier persona, desde municipios y organizaciones sociales hasta pequeñas empresas.
El problema de decidir “a ciegas”
Hay decisiones que cambian un territorio durante décadas. Construir una carretera, ampliar una zona urbana o intervenir un río. Muchas veces esas decisiones parten de una pregunta básica sin responder: ¿qué había realmente ahí antes?
El resultado es un rompecabezas difícil de unir: información dispersa, metodologías distintas y zonas completas con muy poco conocimiento científico disponible.
Un escáner científico para la Región Metropolitana
La imagen se parece bastante a un chequeo médico, pero aplicado al territorio. Los investigadores están revisando distintos “órganos” ambientales de la RM como el agua, aire, fauna, vegetación, hongos, líquenes y hasta el suelo cordillerano.
Uno de los avances más llamativos es el registro inédito de tipologías de suelo en la cordillera de los Andes. Aunque suelen pasar desapercibidos, los suelos funcionan como una especie de memoria ecológica, ya que almacenan agua, nutrientes y microorganismos esenciales para los ecosistemas.

La iniciativa además incluye observaciones de fauna y estaciones de monitoreo ambiental desarrolladas especialmente para medir la calidad del aire.
En paralelo, equipos científicos están utilizando bioindicadores para analizar recursos hídricos de la región. Algunos insectos acuáticos, algas y microorganismos reaccionan rápidamente a la contaminación, por lo que funcionan como una especie de termómetro natural del estado de ríos y esteros.
Datos abiertos para municipios, vecinos y científicos
Uno de los conceptos que más se repitió durante la presentación del proyecto fue “datos abiertos”. Y aunque suene técnico, la idea es simple. El proyecto busca que la información ambiental no quede encerrada en informes difíciles de conseguir o bases de datos privadas.
Sebastián Abades, director de Líneas Base Públicas, explicó que el espíritu del proyecto es que cualquier usuario pueda encontrar de manera concentrada, organizada, estandarizada la información y que vaya ocurriendo en tiempo real.
Eso podría ser útil para investigadores, pero también para municipios, organizaciones territoriales o incluso comunidades que necesitan entender mejor qué ocurre en sus entornos.
En un territorio donde muchas veces las decisiones ambientales se toman con información fragmentada, esta iniciativa busca llenar espacios en blanco. Porque bajo la superficie de Santiago —entre cerros, quebradas y capas de smog— existe un mapa natural que recién empieza a dibujarse.
Referencias de la noticia
U. de Chile. (2026). Radiografía inédita: Estudio revelará el “mapa oculto” de la biodiversidad de la región Metropolitana. Comunicado publicado en la web de la institución.
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