Erosión costera se acelera en Valparaíso y Viña del Mar: estas son las 3 playas más afectadas según estudio

Un estudio del Centro UC Observatorio de la Costa revela que playas emblemáticas como Caleta Portales, Los Marineros y Reñaca han salido de su estado de equilibrio, enfrentando retrocesos acelerados por marejadas, déficit de sedimentos y cambio climático.

Vista aérea del borde costero urbano de playa Reñaca en la Región de Valparaíso, donde la erosión de playas se intensifica por marejadas y déficit de sedimentos. Crédito: Centro UC Observatorio de la Costa / Fotografía aérea.
Vista aérea del borde costero urbano de playa Reñaca en la Región de Valparaíso, donde la erosión de playas se intensifica por marejadas y déficit de sedimentos. Crédito: Centro UC Observatorio de la Costa / Fotografía aérea.

Durante décadas, playas como Caleta Portales, Los Marineros y Reñaca de la región de Valparaíso fueron sinónimo de veranos, paseos costeros y postales clásicas del litoral central. Sin embargo, un nuevo estudio del Centro UC Observatorio de la Costa encendió las alertas: estas playas ya no se encuentran en equilibrio y hoy enfrentan procesos de erosión acelerada que están modificando su forma y extensión.

El análisis, basado en la comparación entre registros históricos y datos actuales, muestra que en la última década las tasas de erosión han aumentado de forma significativa.

Factores como el aumento de marejadas, la estacionalidad y el déficit de sedimentos producto de cuencas altamente urbanizadas están empujando al borde costero a un escenario cada vez más frágil.

Playas que retroceden: los números que preocupan

Uno de los casos más ilustrativos es Caleta Portales, donde el retroceso del borde costero pasó de valores compatibles con estabilidad a tasas cercanas a -1,14 metros por año, sacándola definitivamente de su estado de equilibrio.

En términos simples: cada año, la playa pierde más de un metro de superficie hacia tierra firme.

En Los Marineros, en cambio, la erosión se concentra principalmente durante el invierno, cuando las marejadas y los sistemas frontales impactan con mayor fuerza sobre la costa.

Mientras tanto, la playa Reñaca muestra un comportamiento distinto: el fenómeno se intensifica en verano, asociado a cambios en la dinámica del oleaje y al uso intensivo de la playa.

Playa Los Marineros, en Viña del Mar, una de las zonas donde se ha observado reducción del ancho de playa asociada a procesos de erosión costera.
Playa Los Marineros, en Viña del Mar, una de las zonas donde se ha observado reducción del ancho de playa asociada a procesos de erosión costera.

Esto revela un punto clave: no todas las playas responden igual, incluso dentro de un mismo territorio. Cada una tiene su propia dinámica, dependiendo de la orientación de la bahía, el tipo de sedimento, la pendiente submarina y la intervención humana.

¿Por qué se están erosionando más rápido?

La erosión costera es un proceso natural, pero lo que preocupa a los científicos es su aceleración. Según el estudio, uno de los factores más relevantes es la mayor frecuencia e intensidad de marejadas, fenómeno que ha sido ampliamente documentado en Chile durante los últimos años por organismos como la Armada y el SHOA.

A esto se suma el déficit de sedimentos: los ríos que históricamente alimentaban las playas con arena hoy están regulados por embalses, canalizaciones y obras urbanas. En la práctica, esto significa que sale más arena de la que entra, dejando a las playas sin capacidad de recuperación natural.

Marejadas más frecuentes, déficit de sedimentos y cambio climático están acelerando la erosión de las playas en Chile.

Además, el cambio climático juega un rol silencioso pero clave. El aumento del nivel medio del mar, proyectado por el IPCC, junto con tormentas más energéticas, genera un escenario donde las playas pierden terreno de forma sostenida, especialmente en zonas urbanas densamente intervenidas.

Monitorear para adaptarse: la mirada científica

Para la directora del Centro UC Observatorio de la Costa, Dra. Carolina Martínez, estos resultados subrayan la urgencia de avanzar hacia un monitoreo sistemático del borde costero, basado en datos reales y no solo en observaciones puntuales.

“Hoy necesitamos políticas de gestión costera basadas en evidencia científica, especialmente en un contexto de cambio climático y aumento de eventos extremos”, ha señalado la investigadora en distintos espacios académicos. La idea no es solo medir, sino anticipar escenarios futuros y diseñar estrategias de adaptación.

Entre las herramientas que se proponen están el uso de imágenes satelitales, drones, sensores topográficos y modelos numéricos, similares a los que se usan en países como España, Australia o Estados Unidos para gestionar sus zonas costeras.

Mucho más que arena: lo que está en juego

La erosión costera no es solo un problema ambiental. Tiene impactos directos sobre la seguridad de las personas, la infraestructura urbana, el turismo y la relación cultural que las comunidades mantienen con el mar.

Imagen de referencia de marejadas impactando infraestructura costera en una ciudad litoral, ilustrando los efectos de la erosión y el riesgo para zonas urbanas.
Imagen de referencia de marejadas impactando infraestructura costera en una ciudad litoral, ilustrando los efectos de la erosión y el riesgo para zonas urbanas.

En Valparaíso y Viña del Mar, playas más estrechas significan menor espacio recreativo, mayor exposición de paseos costeros, muros y edificios al oleaje, y un riesgo creciente frente a marejadas extremas. En un escenario de tormenta fuerte, lo que antes era solo un evento puntual hoy puede transformarse en inundaciones, socavones y daños estructurales.

Desde el punto de vista económico, la pérdida de playas afecta directamente al turismo, uno de los pilares del litoral central. Menos playa implica menos visitantes, menos comercio local y mayor presión sobre los municipios para invertir en obras de protección.

¿Se puede revertir el proceso?

La ciencia es clara: detener completamente la erosión es casi imposible, pero sí se puede gestionar y reducir sus impactos. Algunas estrategias incluyen la restauración de dunas, la protección de cuencas fluviales, la recarga artificial de arena y, en casos extremos, la reubicación planificada de infraestructura.

El mensaje de fondo es potente: no basta con reaccionar después de una marejada, se necesita planificación a largo plazo. Como advierten los investigadores, comprender estos procesos es clave para anticipar riesgos y diseñar ciudades costeras más resilientes.

Referencia de la noticia

- Centro UC Observatorio de la Costa. Chile sin playas.