Las corrientes oceánicas y papel en el equilibrio climático

Las corrientes oceánicas cumplen una función esencial en mantener el equilibrio térmico del planeta, pero los efectos del cambio climático tienen repercusiones en ellas, que van desde contribuir al aumento del derretimiento de los polos hasta disminuir la biodiversidad marina.

Corriente del Golfo
Imagen de la corriente del Golfo obtenida a través de datos satelitales. Créditos: Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de EEUU (NASA)

Las corrientes oceánicas son verdaderas “carreteras” que mueven grandes cantidades de agua por todos los océanos, así como por los mares más extensos. El origen de estas corrientes surge de los movimientos propios de la Tierra, principalmente rotación sobre su eje y traslación alrededor del Sol, y sus rutas tienen que ver con la posición de los continentes y la morfología de las costas.

Las corrientes oceánicas, a gran escala, se mueven de forma circular desde el Ecuador a los polos, siendo el giro horario en el Hemisferio Norte y antihorario en el Hemisferio Sur. En estos recorridos, las masas de agua superficiales van ganando o perdiendo temperatura dependiendo de si viajan desde los polos al Ecuador o viceversa. Y este intercambio de temperaturas contribuye a la termorregulación de la atmósfera del planeta.

En general, cuando se habla de corrientes oceánicas, generalmente, nos referimos a corrientes superficiales, pero también existen otro tipo de corrientes -que se originan por el desplazamiento de grandes masas de agua fría desde zonas profundas a la superficie- que se producen por compensación de los movimientos de las corrientes superficiales. Estas corrientes aparecen principalmente en zonas costeras donde el ascenso de aguas profundas, más densas y frías, se conoce como upwelling o afloramiento. Las aguas de bajas temperaturas son, ecológicamente hablando, más productivas que las cálidas. Es por esto que las zonas de upwelling son características de gran biodiversidad e importancia en la industria pesquera.

En Chile, la corriente más conocida es la llamada Corriente de Humboldt, y curiosamente se origina por un afloramiento de aguas profundas en la costa sudamericana del océano Pacífico que se desplaza desde la Zona Central de Chile hacia el Norte. Esta corriente de aguas frías, una vez que pasa a ser corriente superficial, recorre toda la costa haciendo que nuestras aguas se caractericen por tener bajas temperaturas prácticamente todo el año.

Y las corrientes oceánicas tampoco se salvan de los efectos del cambio climático. Mientras que la temperatura global está aumentando a una velocidad inesperada, el océano está sufriendo las consecuencias con cambios en los patrones de movimiento de las corrientes. Una de las principales preocupaciones al respecto es la presencia de masas de agua más cálidas cerca de los polos. Esto provoca que el derretimiento sea mayor y, como consecuencia, que se incluyan estas aguas de bajas temperaturas y 'dulces' en las corrientes oceánicas, provocando anomalías térmicas y halinas que impactan fuertemente en el clima global y la biodiversidad.

Otra consecuencia del derretimiento de los polos es el aumento del nivel del mar, demostrado ampliamente por la comunidad científica como uno de los principales problemas del cambio climático a nivel mundial.