Lo que ocurre bajo la superficie del Pacífico puede anticipar la evolución de El Niño
La aparición de anomalías frías en el Pacífico occidental no significa que El Niño esté por terminar, pero sí puede ser una señal de que el océano ha comenzado a reorganizar su calor.

Cuando hablamos de El Niño, casi siempre nos fijamos en la superficie del océano Pacífico. El calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental es, después de todo, una de las principales señales que utilizamos para seguir su evolución. Sin embargo, bajo la superficie ocurre una historia tan o más dinámica.
Mientras un evento de El Niño alcanza su madurez y grandes extensiones del Pacífico presentan temperaturas sobre lo normal, a varios metros de profundidad comienzan a aparecer anomalías frías en el Pacífico occidental. A primera vista, puede parecer contradictorio: ¿por qué comienza a aparecer agua más fría mientras El Niño continúa activo y se fortalece?
La respuesta está en que El Niño no consiste simplemente en calentar el océano, sino en una enorme redistribución del calor almacenado en el Pacífico tropical. De hecho, los mismos procesos que permiten que un evento de El Niño crezca y se intensifique terminan generando las condiciones que favorecen su debilitamiento.
El Niño mueve el calor de un lado al otro del Pacífico
En condiciones normales, los vientos alisios soplan de este a oeste a lo largo del Pacífico ecuatorial y empujan las aguas superficiales cálidas hacia Indonesia y el Pacífico occidental. Allí se acumula una gran reserva de agua cálida, mientras que en el este la termoclina, esa zona que separa las aguas superficiales cálidas de las más frías que se encuentran debajo, permanece mucho más cerca de la superficie. El Pacífico occidental se carga.
Durante El Niño, este equilibrio cambia. Los alisios se debilitan y parte del agua cálida almacenada en el oeste comienza a desplazarse hacia el centro y el este del Pacífico, ayudada por ondas Kelvin oceánicas. La termoclina se profundiza en el Pacífico central y oriental, favoreciendo la aparición de importantes anomalías cálidas bajo la superficie.

Pero ese desplazamiento tiene una contraparte. A medida que el calor se redistribuye hacia el este, el Pacífico occidental comienza a perder parte del agua cálida que había acumulado. La termoclina se vuelve más superficial allí y, a profundidades de entre 150 y 200 metros, empiezan a aparecer temperaturas inferiores a lo normal.
La secuencia de junio a agosto muestra precisamente cómo pequeñas anomalías frías se vuelven progresivamente más extensas bajo el Pacífico occidental. Esto no significa que de pronto se esté “creando frío” en esa región o que El Niño se esté debilitando. Lo que estamos viendo es, en buena medida, el vaciamiento de parte del reservorio de calor del Pacífico ecuatorial occidental.
El Niño comienza a preparar su propio final
La aparición de estas anomalías frías no significan que El Niño vaya a terminar pronto. El evento puede seguir fortaleciéndose y mantener temperaturas superficiales muy elevadas en el Pacífico central y oriental durante varios meses más.
Sin embargo, su presencia bajo el Pacífico occidental sí puede interpretarse como una señal de que el proceso de descarga del contenido de calor del Pacífico ecuatorial está comenzando.
Con el tiempo, estas anomalías frías pueden extenderse hacia el centro y el este del Pacífico, reduciendo progresivamente el soporte oceánico que mantiene las aguas superficiales anormalmente cálidas. Por eso, el enfriamiento subsuperficial del oeste puede aparecer mucho antes de que el final de El Niño sea evidente en la superficie.
Referencia de la noticia
Timmermann, A. et al.. (2018). El Niño–Southern Oscillation complexity.
L'Heureux, M.. (2016). ENSO Blog: The life and death of El Niño.