“No comíamos solo carne": un estudio en Science revela cómo el azúcar y la miel fueron clave para la evolución humana

Durante millones de años, la evolución humana no habría dependido únicamente de la carne. Un nuevo estudio publicado en Science sostiene que los azúcares naturales de frutas, miel y otros alimentos vegetales fueron fundamentales para entregar la glucosa que necesitaba un cerebro cada vez más grande.

La evolución humana estuvo acompañada por cambios en la dieta y en las necesidades energéticas, especialmente a medida que aumentaron el tamaño y las demandas del cerebro.
La evolución humana estuvo acompañada por cambios en la dieta y en las necesidades energéticas, especialmente a medida que aumentaron el tamaño y las demandas del cerebro.

Durante décadas, una de las explicaciones más extendidas sobre la evolución humana ha puesto a la carne en el centro de la historia. Su alto contenido de proteínas y grasas habría permitido obtener más energía en menos tiempo, favoreciendo el crecimiento del cuerpo y del cerebro.

Sin embargo, una nueva investigación propone ampliar esa mirada. El trabajo, liderado por la profesora emérita Jennie Brand-Miller, de la Universidad de Sídney, reconstruyó cerca de cuatro millones de años de alimentación de nuestros antepasados y concluyó que los carbohidratos también tuvieron un papel decisivo.

El estudio plantea que los azúcares presentes naturalmente en frutas, miel y otros vegetales pudieron aportar una fracción importante de la energía consumida por los primeros homininos, especialmente antes de que el control del fuego permitiera aprovechar mejor los almidones cocidos.

Un cerebro pequeño en tamaño, pero enorme en consumo energético

El cerebro humano representa alrededor del 2 % del peso corporal de un adulto, pero consume aproximadamente una quinta parte de la energía utilizada por el organismo en reposo. Y existe un detalle fundamental: una de sus principales fuentes de combustible es la glucosa.

El organismo puede producirla a partir de otras sustancias, como ciertos aminoácidos, pero este proceso tiene límites y supone un costo energético. Por eso, los investigadores analizaron de dónde pudieron obtener suficiente glucosa nuestros antepasados durante diferentes etapas de la evolución.

El modelo incluyó desde Australopithecus afarensis —la especie a la que pertenecía Lucy— hasta Homo habilis, Homo erectus y finalmente Homo sapiens.

Según las estimaciones, algunos de los primeros homininos pudieron obtener más del 65 % de su energía de azúcares naturales, principalmente provenientes de frutas maduras.

Con el aumento progresivo del consumo de carne y, posteriormente, con la utilización del fuego para cocinar alimentos ricos en almidón, esa proporción disminuyó. Aun así, los azúcares habrían seguido proporcionando aproximadamente entre un 20 y un 35 % de la energía durante buena parte de nuestra evolución.

La fruta y la miel pudieron alimentar un cerebro cada vez mayor

Este escenario también ayudaría a explicar algunas características heredadas de nuestros antepasados. La capacidad de distinguir colores, por ejemplo, habría resultado especialmente útil para identificar frutos maduros y ricos en azúcar entre la vegetación. Encontrarlos, además, exigía recordar dónde crecían, cuándo maduraban y cómo competir con otros animales por ese recurso.

Frutas y miel pudieron aportar una fuente clave de glucosa y energía para nuestros antepasados, favoreciendo las crecientes demandas del cerebro durante la evolución humana.
Frutas y miel pudieron aportar una fuente clave de glucosa y energía para nuestros antepasados, favoreciendo las crecientes demandas del cerebro durante la evolución humana.

Los investigadores sostienen que esta búsqueda de alimentos energéticos pudo incluso favorecer el desarrollo de determinadas capacidades cognitivas. La miel habría sido otro recurso extremadamente valioso debido a su elevada concentración de azúcares y calorías.

El fuego cambió la dieta humana

La situación comenzó a transformarse cuando nuestros antepasados dominaron progresivamente el fuego. Cocinar raíces, semillas y tubérculos permitió que el almidón fuera mucho más fácil de digerir y convertir en glucosa, ofreciendo una nueva fuente energética para el cerebro.

Con el tiempo, azúcares naturales y almidones habrían compartido protagonismo junto con proteínas y grasas animales.

La investigación, por tanto, no descarta la importancia de la carne. Más bien plantea que la evolución humana dependió de una combinación de alimentos animales y vegetales.

La conclusión también obliga a mirar con cautela una idea popular sobre la alimentación prehistórica: nuestros antepasados probablemente estuvieron muy lejos de alimentarse exclusivamente de carne.

Y existe una distinción importante para la actualidad. Los autores hablan principalmente de azúcares presentes naturalmente en frutas, raíces y miel, acompañados de fibra, vitaminas y otros compuestos, y no de los azúcares refinados incorporados masivamente a muchos alimentos modernos.

Referencia de la noticia

The Conversation. (2026). La fruta y la miel impulsaron la evolución temprana del cerebro humano.
Sinc. (2026). Los azúcares fueron clave en la evolución humana.