¿Por qué aparecen más hormigas en verano? La ciencia detrás de esta invasión estacional

El calor, la sequía y la humedad activan el metabolismo de las hormigas y las empujan a buscar comida y agua en entornos urbanos. Feromonas y clima extremo explican por qué en verano las invasiones son cada vez más comunes.

Hormigas siguiendo un rastro de feromonas hacia una fuente de alimento: así se forman las “autopistas químicas” que explican las invasiones estivales.
Hormigas siguiendo un rastro de feromonas hacia una fuente de alimento: así se forman las “autopistas químicas” que explican las invasiones estivales.

Cada verano se repite la misma escena en muchos hogares: de un día para otro, aparecen filas de hormigas recorriendo la cocina, el patio o incluso el baño. Para muchas personas es una molestia doméstica, pero para la ciencia es un comportamiento totalmente predecible y, de hecho, estrechamente ligado al clima.

La explicación está directamente relacionada con las condiciones ambientales propias de esta estación. El aumento de las temperaturas, la humedad del aire y la mayor disponibilidad de alimento activan el metabolismo de estos insectos, haciendo que sus colonias entren en un verdadero “modo expansión” justo durante los meses más cálidos del año.

El calor activa su metabolismo (y su hiperactividad)

Las hormigas son animales ectotermos, es decir, su temperatura corporal depende completamente del ambiente. A diferencia de los humanos, no pueden regular internamente su calor, por lo que cuando la temperatura sube, su metabolismo se acelera automáticamente.

Este aumento metabólico se traduce en mayor movilidad, más exploración del entorno y una intensa búsqueda de alimento. En términos simples: con calor, las hormigas están literalmente más activas, más rápidas y más “motivadas” a salir del hormiguero.

Durante el invierno ocurre exactamente lo contrario. Muchas especies reducen drásticamente su actividad o permanecen en estado casi inactivo bajo tierra, resguardándose del frío. En verano, en cambio, la colonia se reactiva al máximo, sale a explorar nuevos territorios y aumenta su tamaño, lo que explica por qué su presencia se vuelve tan evidente en esta época.

Feromonas: el “GPS químico” de las hormigas

Uno de los factores más fascinantes —y clave— para entender las invasiones masivas son las feromonas. Cuando una hormiga encuentra una fuente de alimento, libera una sustancia química invisible que deja un rastro en el suelo.

Ese rastro funciona como una especie de GPS químico que guía al resto de la colonia directamente hacia el botín. Por eso no llegan de a una: llegan en fila perfectamente organizada. Cada nueva hormiga refuerza el rastro, creando verdaderas “autopistas químicas” que pueden durar horas o incluso días.

Una hormiga transporta un trozo de alimento siguiendo señales químicas que permiten a la colonia ubicar y explotar nuevas fuentes de comida.
Una hormiga transporta un trozo de alimento siguiendo señales químicas que permiten a la colonia ubicar y explotar nuevas fuentes de comida.

Las altas temperaturas favorecen aún más este proceso, ya que las feromonas se dispersan mejor y las hormigas se mueven con mayor rapidez. En verano, basta con que una encuentre una migaja para que en minutos tengas una caravana completa atravesando la cocina.

Humedad y sequía: dos extremos que las empujan a tu casa

El clima también influye de forma indirecta a través del agua. En periodos de sequía, muy comunes durante el verano, las hormigas buscan desesperadamente fuentes de humedad, lo que las lleva a entrar en baños, cocinas, lavaplatos y jardines regados.

Por el contrario, cuando se registran lluvias intensas o alta humedad, los hormigueros pueden inundarse. En ese escenario, las colonias se ven obligadas a migrar hacia terrenos más secos, muchas veces dentro de nuestras viviendas.

En verano, la sequía y las lluvias intensas pueden alterar los hormigueros, obligando a las hormigas a desplazarse hacia viviendas en busca de agua, refugio y alimento.
En verano, la sequía y las lluvias intensas pueden alterar los hormigueros, obligando a las hormigas a desplazarse hacia viviendas en busca de agua, refugio y alimento.

Ambos extremos —sequía o exceso de agua— son frecuentes en verano, especialmente en contextos de olas de calor, tormentas convectivas y alta evaporación. Todo esto altera sus hábitats naturales y las empuja hacia entornos urbanos, donde encuentran refugio, agua y comida sin demasiado esfuerzo.

¿Tiene relación con el cambio climático?

Sí, y cada vez más. Diversos estudios indican que el aumento global de las temperaturas está extendiendo la temporada activa de muchos insectos, incluidas las hormigas. En términos simples: ahora tienen más meses al año con condiciones favorables para moverse, alimentarse y reproducirse.

Esto significa que no solo aparecen más hormigas en verano, sino que además su periodo de actividad es más largo que hace algunas décadas. En algunas regiones, incluso se ha observado actividad significativa durante otoño e invierno, algo poco común en el pasado.

Este fenómeno es considerado un efecto colateral del calentamiento global: cambios sutiles en la temperatura media pueden modificar profundamente el comportamiento de especies pequeñas, pero ecológicamente muy importantes.

¿Se puede prevenir su aparición?

Aunque es prácticamente imposible eliminarlas por completo, sí se puede reducir su presencia con algunas medidas simples:

  • Evitar restos de comida expuestos.
  • Sellar grietas y accesos en muros y ventanas.
  • Mantener superficies limpias, especialmente azúcares.
  • Eliminar rastros de feromonas con vinagre o agua con detergente.

Aun así, si el clima es favorable, ellas igual van a intentarlo. No es personal, no es mala suerte: es biología básica actuando en un escenario climático perfecto para su expansión.

Cuando veas hormigas en tu casa, estás presenciando una combinación perfecta entre meteorología, química y evolución… aunque ocurra justo sobre tu mesón de cocina.