Por qué en el Desierto de Atacama el calor extremo del día termina en noches muy heladas

En Atacama el sol calienta sin piedad y, al caer la noche, el termómetro se desploma. No es magia: es aire seco, poca nube y un suelo que no guarda el calor. Te contamos por qué ocurre y qué implica en Chile.

El fuerte contraste térmico del Desierto de Atacama permite pasar de jornadas con intensa radiación solar y altas temperaturas a noches muy frías, favorecidas por el aire seco, los cielos despejados y la rápida pérdida de calor desde la superficie.
El fuerte contraste térmico del Desierto de Atacama permite pasar de jornadas con intensa radiación solar y altas temperaturas a noches muy frías, favorecidas por el aire seco, los cielos despejados y la rápida pérdida de calor desde la superficie.

Cuando pensamos en un desierto, casi siempre aparece la misma postal: un sol implacable, arena o roca caliente y ganas de buscar sombra. En el norte de Chile esa imagen es cierta… hasta que se pone el sol.

En el Desierto de Atacama, uno de los más áridos del planeta, el contraste entre la tarde y la madrugada puede ser brutal. El mismo lugar que al mediodía pide bloqueador, al amanecer pide parka. Esa montaña rusa térmica tiene nombre: amplitud térmica diaria.

El Desierto de Atacama no es solo calor: es un laboratorio de contrastes

El desierto no se define por ser siempre caluroso, sino por casi no llover, y esa aridez extrema cambia por completo el balance de energía entre el suelo y la atmósfera.

En las zonas bajas, las tardes pueden superar con holgura los 30 °C e incluso acercarse a marcas más altas, mientras que en sectores de altura el día sigue intenso, pero la noche puede caer bajo cero.

Valle de la Luna, en el interior de Atacama: roca seca, casi sin vegetación y un cielo limpio que de día calienta sin freno y de noche deja escapar el calor. Así se entiende el salto térmico entre la tarde y la madrugada cerca de San Pedro.
Valle de la Luna, en el interior de Atacama: roca seca, casi sin vegetación y un cielo limpio que de día calienta sin freno y de noche deja escapar el calor. Así se entiende el salto térmico entre la tarde y la madrugada cerca de San Pedro.

Ese salto no es un capricho local, sino el mismo mecanismo de otros desiertos del mundo, solo que aquí lo vivimos a escala chilena, con relieve, camanchaca costera y altiplano de por medio.

Quienes recorren el interior lo saben de memoria: salir de Calama, San Pedro o de un campamento minero al atardecer y sentir cómo el aire cambia de carácter en pocas horas.

El sol calienta rápido porque casi no hay “freno”

Durante el día, la radiación solar llega directa a la superficie. Hay poca vegetación, poca humedad en el suelo y, en el interior, cielos extraordinariamente despejados. Sin agua que absorba parte de esa energía, el terreno se calienta de inmediato. La roca, la grava y la costra salina responden como una plancha.

El aire cerca del suelo también sube de temperatura con rapidez porque no hay un colchón húmedo que suavice el golpe, y por eso las máximas se disparan tan pronto asoma el sol con fuerza.

En la costa, el juego es otro, ya que la camanchaca y la cercanía del Pacífico moderan el contraste, mientras que tierra adentro esa “manta” marina se queda atrás.

Valle de la Luna, interior de Atacama: costra salina, roca y gravilla bajo un cielo despejado. Sin agua ni vegetación que frenen el sol, el suelo responde como una plancha de día y, al anochecer, devuelve el calor al espacio sin manta de nubes.
Valle de la Luna, interior de Atacama: costra salina, roca y gravilla bajo un cielo despejado. Sin agua ni vegetación que frenen el sol, el suelo responde como una plancha de día y, al anochecer, devuelve el calor al espacio sin manta de nubes.

Al anochecer, el proceso se da vuelta y la superficie devuelve al cielo la energía acumulada, sobre todo como radiación infrarroja; en un clima húmedo, el vapor y las nubes retienen ese calor, pero en Atacama ambas piezas suelen faltar.

La NOAA lo resume con una imagen simple: en noches despejadas, la superficie irradia más hacia el espacio. Las nubes, en cambio, funcionan como una manta que frena el enfriamiento.

Sin esa manta, el suelo se enfría rápido y arrastra consigo la capa de aire más cercana. En cuencas y valles cerrados, el aire frío se acumula abajo y forma verdaderas “piscinas” nocturnas.

Estudios en el interior de Atacama, cerca de Sierra Gorda, han documentado rangos diarios del orden de 30 °C e inversiones muy marcadas en apenas 150 metros de altura.

Qué es la amplitud térmica diaria y por qué aquí es tan grande

La amplitud térmica diaria es la diferencia entre la máxima y la mínima de un mismo día. En ciudades costeras o zonas nubladas suele ser modesta. En el desierto, se estira.

Aire seco, cielo limpio, suelo sin humedad y casi nada de vegetación: esa receta acelera el calentamiento de día y el enfriamiento de noche. No hay amortiguador.

Las nubes recortan los dos extremos: de día tapan un poco el sol y de noche evitan que se escape tanto calor, por eso un día cubierto en el norte se siente “más parejo”.

No todos los desiertos están cubiertos de dunas. La cuenca de Qaidam, en China, presenta extensas superficies rocosas y áridas, similares en algunos aspectos al paisaje de Atacama. Allí, estudios citados por la NSF han registrado temperaturas superficiales extremas de hasta 81,8 °C.
No todos los desiertos están cubiertos de dunas. La cuenca de Qaidam, en China, presenta extensas superficies rocosas y áridas, similares en algunos aspectos al paisaje de Atacama. Allí, estudios citados por la NSF han registrado temperaturas superficiales extremas de hasta 81,8 °C.

No todos los desiertos son de dunas y Atacama es sobre todo roca, salar, gravilla y pampa; un trabajo citado por la National Science Foundation (NSF) apunta a 81,8 °C en Qaidam, China, pero Atacama no necesita llegar tan lejos para impresionar.

No todas las noches son gélidas, pero el desierto no perdona

Que el suelo pierda calor rápido no significa que cada madrugada sea polar: en desiertos cálidos de baja altura, sobre todo en verano, las mínimas pueden seguir templadas, pero en Atacama la altitud marca la diferencia.

Sobre los 1.200 a 1.500 metros, el clima es de desierto frío de montaña: día soleado, noche cruda y mínimas bajo 0 °C, incluso de un dígito negativo, con riesgo de hipotermia si uno se despreviene.

El relieve suma otra capa, porque en cuencas semicerradas el aire frío queda atrapado y en laderas las brisas mezclan el ambiente, de modo que dos puntos cercanos pueden vivir noches distintas.

Flora y fauna bajan su ritmo al mediodía y se mueven de noche; quien acampa o mira estrellas necesita abrigo, porque el mismo cielo seco que enamora a los telescopios deja escapar el calor al ponerse el sol.

Referencia de la noticia

Infobae. (2026). Por qué el calor extremo de los desiertos puede dar paso a noches muy frías.