Por qué los salares son blancos y sus lagunas de colores: la química que crea los paisajes más bellos de Chile

Cristales de sal, minerales disueltos y microorganismos extremófilos se combinan bajo un sol implacable para dar color y textura a los salares y lagunas del Norte Grande

La paleta cromática de los desiertos chilenos no es obra de la casualidad, es el resultado de complejas reacciones químicas en un entorno de extremos.
La paleta cromática de los desiertos chilenos no es obra de la casualidad, es el resultado de complejas reacciones químicas en un entorno de extremos.

Quien haya viajado al altiplano chileno sabe que la primera impresión es casi cegadora: un suelo blanco que refleja el sol con tal intensidad que obliga a entrecerrar los ojos.

Y, de pronto, en medio de esa inmensidad salina, aparecen lagunas verdes, turquesas o rojizas que parecen pintadas con acuarelas.

La escena es hipnótica, pero tiene una explicación: cada color, cada brillo, es el resultado de procesos químicos y biológicos que se desencadenan en estas cuencas cerradas.

Para entender por qué los salares parecen lienzos blancos y sus lagunas se tiñen de tonalidades sorprendentes, hay que mirar con atención los tres elementos que sostienen este espectáculo: los cristales de sal, la química de las salmueras y la vida diminuta que prospera en condiciones extremas.

El blanco absoluto: cristales que cubren la tierra

El color blanco de los salares no es casual ni decorativo, es la huella que deja la evaporación.

Estas cuencas no tienen salida hacia el mar, de modo que el agua que llega por lluvias o deshielos solo puede escapar como vapor. Al hacerlo, concentra las sales disueltas y finalmente forma costras sólidas.

La más común es la halita, el mismo cloruro de sodio que usamos como sal de mesa, pero en estas planicies se acumula en grandes cantidades.

A ella se suman otros minerales, como sulfatos y yeso, que terminan por cubrir el terreno como si fuese una capa de escarcha permanente.

El resultado es un espejo blanco que, bajo el sol del desierto más árido del mundo, multiplica la luz.

No es extraño que viajeros describan el Salar de Atacama como un “desierto dentro del desierto”, un suelo mineral que brilla con su propio resplandor.

Lagunas que cambian de color: la química líquida

Cuando se forman lagunas en medio del salar, el agua no es simplemente transparente. La concentración de sales disueltas genera un proceso en cadena.

Primero precipitan minerales más ligeros, luego los sulfatos y al final los cloruros, cuando la salinidad es extrema. Ese orden, casi como una receta, determina la claridad o turbidez del agua.

Pero la química tiene aún más matices. Elementos como hierro o arsénico, presentes en pequeñas cantidades, pueden alterar los colores del agua, dando reflejos verdes, amarillos o incluso rojizos.

Lo que para el ojo humano es belleza, para la geología es el resultado de reacciones físicas que ocurren gota a gota en condiciones de sequedad casi total.
Lo que para el ojo humano es belleza, para la geología es el resultado de reacciones físicas que ocurren gota a gota en condiciones de sequedad casi total.

En otras palabras, las lagunas son como paletas líquidas, donde los minerales actúan como pigmentos naturales que se mezclan y se concentran según la velocidad con que el agua se evapora.

Vida microscópica: los verdaderos pintores del paisaje

El toque final del color no siempre viene de los minerales. La vida que resiste en estas condiciones extremas también pone su firma en estos cuadros naturales.

Cianobacterias, algas y otros microorganismos producen pigmentos para protegerse del sol o aprovechar la luz en la fotosíntesis, y al hacerlo tiñen el agua de verde, rojo o púrpura.

En algunos salares se han descrito verdaderos “tapetes microbianos”, capas que se organizan como pisos de colores.

La capa más cercana a la luz suele ser verde por la clorofila; más abajo aparecen tonos morados por bacterias que no necesitan oxígeno; y en zonas más salinas surgen naranjas y rojos, gracias a carotenoides que actúan como protector solar biológico.

El Salar de Llamará, por ejemplo, muestra estos contrastes: sus lagunas cambian de tonalidad según la densidad de microbios y el nivel de salinidad. Créditos de la imagen: Blog Caminantes del Desierto.
El Salar de Llamará, por ejemplo, muestra estos contrastes: sus lagunas cambian de tonalidad según la densidad de microbios y el nivel de salinidad. Créditos de la imagen: Blog Caminantes del Desierto.

Lo que a primera vista parece un paisaje inmóvil, en realidad es un escenario en constante transformación. El blanco de los salares y los colores de sus lagunas son el resultado de interacciones silenciosas entre agua, minerales y vida microscópica.

Cada tonalidad cuenta una historia de evaporación, adaptación y resistencia en uno de los ambientes más extremos del planeta.

Referencias de la noticia

López L.,et al. (1999). Características geoquímicas y pautas de evolución de las salmueras superficiales del Salar de Llamara, Chile. Revista geológica de Chile.

Thiel V., et al. (2010). Unique communities of anoxygenic phototrophic bacteria in saline lakes of Salar de Atacama (Chile). FEMS Microbiology Ecology.

Vignale F. (2021). Geobiology of Andean Microbial Ecosystems Discovered in Salar de Atacama, Chile. Frontiers in Microbiology.