¿Por qué ya no hay insectos gigantes? Un estudio cuestiona la respuesta más aceptada
Una investigación internacional publicada en Nature cuestiona una idea arraigada por décadas y reabre el debate sobre qué limita el tamaño de los insectos.

Hace 300 millones de años, libélulas del tamaño de gaviotas surcaban los cielos de un planeta muy distinto. Esta imagen se explicaba con la idea de que más oxígeno en la atmósfera—como había en esos tiempos—, permitía cuerpos más grandes. Era una hipótesis elegante, repetida en libros, clases y documentales.
Pero la ciencia, cuando avanza, también corrige sus propias certezas. Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Pretoria publicado en Nature propone mirar el problema desde otro ángulo y cuestiona directamente esa explicación.
El cuento perfecto que todos creímos
Para entender el revuelo, hay que retroceder a los años sesenta. En esa época, los biólogos propusieron una idea razonable: los insectos respiran a través de un sistema de tubos diminutos llamados tráqueas. El oxígeno viaja por esos conductos hasta llegar a las traqueolas, que tocan directamente las células musculares.
Si el insecto es más grande, necesita más oxígeno. Y si el aire exterior tiene menos, simplemente no puede crecer. La teoría se volvió popular porque explicaba algo que los fósiles ya mostraban.
Por esto, durante muchos años, museos, documentales y libros de texto repitieron la misma historia. Hasta que alguien decidió ponerla a prueba.
Dentro del insecto: la pista que cambia la historia
La clave entonces no está en el aire, sino en el propio cuerpo de los insectos. El equipo decidió mirar directamente cómo llega el oxígeno a los músculos de vuelo de los insectos.
Al analizar más de mil imágenes con microscopía de alta resolución, encontraron algo clave: los conductos más finos del sistema respiratorio ocupan apenas cerca del 1% del músculo. Es decir, funcionan sin estar al límite, incluso en especies de mayor tamaño.

Si el oxígeno fuera realmente una barrera, ese sistema debería expandirse mucho más a medida que los insectos crecen. Pero no ocurre.
“Hay cierta compensación en insectos más grandes, pero es trivial en el panorama general”, explica el investigador líder del estudio, Edward Snelling, en un comunicado de la institución.
El patrón se repite incluso al compararlo con insectos gigantes del pasado. Para los científicos, esto sugiere que el oxígeno nunca fue el techo que se pensaba, y que el límite del tamaño hay que buscarlo en otro lugar.
Una historia que cambia de escala
Descartar una explicación abre inevitablemente otra pregunta. Si no es el oxígeno, ¿qué impide que hoy existan insectos del tamaño de un ave? Los investigadores apuntan a factores más terrenales.
Otro límite posible está en el propio cuerpo del insecto. Su exoesqueleto —esa “armadura” externa— debe soportar el peso y permitir el movimiento. A mayor tamaño, mayor exigencia estructural.
Las libélulas gigantes siguen sobrevolando el pasado, pero ya no sostenidas por la misma explicación. Al cambiar la forma de mirar, la historia también cambia de escala. Y lo que parecía un detalle invisible —cómo respiran— termina reescribiendo todo lo demás.
Referencias de la noticia
Snelling E., et all. (2026). Oxygen supply through the tracheolar–muscle system does not constrain insect gigantism. Nature.
Universidad de Pretoria. (2026). UP and Adelaide University researchers debunk long-held theory on prehistoric giant insects. Comunicado publicado en la web de la institución.
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