Ríos atmosféricos: el factor clave que separa una lluvia normal de una torrencial en Chile
En los últimos años, el término río atmosférico ha entrado con fuerza en el lenguaje de los chilenos cuando se trata de lluvias abundantes. Te explicamos qué es y cómo El Niño y otros factores meteorológicos pueden hacerlos más potentes.

Un río volando sobre nuestras cabezas puede ser algo descabellado para muchos. Cuando pensamos en río, imaginamos un cauce con agua fluyendo; algunas veces con un caudal mayor, otras con uno menor, y que tiene una naciente donde el agua comienza a fluir y una desembocadura o punto final, sea este en un lago, el océano o incluso otro río mayor.
Extrapolar esto al cielo puede no ser tan simple. Pero el concepto de río explica muy bien lo que ocurre con el vapor de agua y cómo este se mueve en ciertas regiones de la atmósfera, y es por esto que los científicos del clima y el tiempo han otorgado el término 'río atmosférico' para las regiones de la atmósfera donde ocurre transporte de vapor de agua, por zonas específicas, desde una región más húmeda del planeta a otra más seca.
Los ríos que no vemos a simple vista
En estos momentos, un río atmosférico puede estar pasando por el lugar donde te encuentras. Si levantas tu cabeza hacia el cielo y miras con atención, tal vez observarás algunas nubes, o puede ser que el cielo esté completamente despejado. Pero lo que probablemente no verás será el río atmosférico. ¿Porqué?
Los ríos atmosféricos son regiones donde existe un transporte más intenso de vapor de agua, y el vapor de agua es un gas presente en la atmósfera. Cuando el vapor de agua se condensa, forma nubes y logramos saber que está presente.
A medida que las gotas de nubes interactúan con otras, van aumentando su tamaño, hasta llegar a un punto donde no pueden ser más suspendidas por las corrientes de aire y otras fuerzas que las mantienen flotando en el aire, y caen en la forma de lluvia —o como nieve si las temperaturas son lo suficientemente bajas para que se produzca la solidificación.
¿Y cómo sabemos que hay un río atmosférico presente?
Los datos satelitales nos permiten estimar la cantidad de vapor que hay en determinadas zonas del planeta y cómo este se está moviendo. Y este vapor no se distribuye de manera igual para todas las latitudes y longitudes del planeta.

Las imágenes satelitales evidencian sectores donde hay menos y más vapor. Pero lo que determina un río atmosférico no es sólo la presencia de vapor, sino la intensidad con que este elemento es transportado por el viento. Y ahí entran los modelos de pronóstico.
Hacia dónde se mueve un río atmosférico o con cuál intensidad (categoría) llegará a una región del país se determina usando los modelos meteorológicos. A partir de una serie de cálculos, podemos calcular cuál será su intensidad —cuánto vapor transportarán por unidad de área y tiempo— hacia una zona. Pero ojo, pues, como ya les comenté más arriba, esto no significa que veremos o sentiremos sus efectos.
Los ríos atmosféricos potencian las lluvias de los sistemas frontales
En general, los frentes son los fenómenos que dejan las lluvias más abundantes en Chile cuando afectan una zona o región del país. Pero sus lluvias pueden ser débiles, normales, moderadas, abundantes o torrenciales. Cuando se trata de lluvias con acumulados muy altos, generalmente hay un río atmosférico por detrás de ellas.
Los frentes son zonas donde se forman nubes de lluvia por el choque de masas de aire de diferentes características. Esta zona de contraste térmico favorece la inestabilidad y el ascenso del vapor presente en la atmósfera. Y cuando un frente encuentra un río atmosférico en su camino, las gotas de nubes ganan combustible extra para poder formarse, crecer y caer como lluvias.
Los ríos atmosféricos se clasifican según la intensidad y la persistencia del transporte de vapor. Existe una escala que cruzó estas variables con las consecuencias que produce la lluvia que cae en la zona donde el río atmosférico 'aterriza'.
Mientras que se le atribuye una categoría 1 a los ríos atmosféricos que incrementan las precipitaciones de tal manera que estas contribuyan de manera benéfica a la zona donde caen, los ríos atmosféricos excepcionales (de categoría 5) incrementan las lluvias produciendo consecuencias perjudiciales, como por ejemplo ocurre con las inundaciones repentinas por crecidas de ríos o desprendimientos de terreno porque el suelo se saturó muy rápido.

Los ríos más peligrosos son los ríos atmosféricos extremos (categoría 4) y los excepcionales (categoría 5), que pueden tener una duración que supera las 24 horas con un transporte elevado de vapor a una zona —aunque en Chile los ríos atmosféricos de categoría moderada a fuerte ya pueden provocar consecuencias como aumento de caudales de ríos, desbordes e inundaciones locales.
Las lluvias torrenciales, aquellas en las que se descargan grandes volúmenes de lluvias en pocas horas, están asociadas, en general, a ríos atmosféricos de categoría superior a 2 y que en muchas ocasiones se asocian a la isoterma cero alta (precipitaciones en su mayoría líquidas).
El Niño y otras oscilaciones atmosféricas pueden hacer más intensos los ríos atmosféricos
Como los ríos atmosféricos transportan vapor de agua a los frentes que pasan por Chile desde zonas tan distantes como la región ecuatorial, cruzando todo el Pacífico sur hasta encontrarse con algún frente que avanza por el país. El Niño o la presencia activa de algunas fases de la oscilación de Madden-Julian en su zona de origen potenciará la cantidad de vapor que ellos transporten hacia América del Sur.
El aumento de la temperatura en el Pacífico en años de El Niño, así como el contenido de vapor y el incremento de los vientos de oeste (intensificación de la corriente en chorro), hacen que se incremente el transporte de vapor por el Pacífico cuando nos encontramos en la fase positiva del ENOS (El Niño-Oscilación del Sur).
Además, cuando la convección y las lluvias están más activas sobre la Polinesia (fases 8 y 1 de la oscilación de Madden-Julian), el transporte de vapor de los ríos atmosféricos que nacen en esa zona y llegan a Chile también se incrementa, repercutiendo en la intensidad y cantidad de las lluvias que se producen sobre el país con el avance de los sistemas frontales.