Tu piscina pierde cientos de litros de agua al día por un enemigo invisible. Así puedes frenarlo
Si no tomas atención y ciertos cuidados, el nivel del agua de tu piscina puede descender rápidamente. ¿Por qué ocurre esto? Te lo contamos y te damos algunos consejos para ayudarte a disminuir la evaporación.

La piscina es una gran aliada en los días de altas temperaturas del verano. Agua fría o tibia, dependiendo del gusto —y del presupuesto familiar— hacen más llevaderas las jornadas cuando las temperaturas que superan los 30 ºC. Las piscinas terminan siendo una diversión refrescante para grandes y pequeños en medio a jornadas de altísimas temperaturas.
Pero, además de la manutención necesaria para que el agua permanezca limpia y segura durante toda la temporada —libre de algas y suciedad que puede acumularse en el fondo—, hay un factor que puede hacer subir la cuenta cuando se trata de mantener la piscina llena hasta el tope: la evaporación del agua.
Cuando hervimos agua en la teterera, elevando su temperatura hasta los 100 ºC, vemos cómo el vapor se escapa, formando una especie de nube al salir de ella. Si dejásemos la tetera con el agua hirviendo, muy probablemente después de algunos minutos se secaría por completo, pues el agua se escapa al aire como vapor. Aunque el agua de una piscina esté 'caliente', con seguridad su temperatura no llega al punto de ebullición. Pero esto no quiere decir que estemos libre de pérdidas por evaporación.
El agua se transforma en vapor a menos de 100 ºC
Desde la escuela nos enseñan que el agua tiene 3 estados, y que ellos están definidos a partir de dos temperaturas: 0 ºC marca el límite del agua líquida de la sólida (hielo), mientras que a contar de 100 ºC el agua líquida pasa al estado gaseoso (vapor).
Pero esto regla no es tan estricta. De hecho, el agua está presente en nuestra atmósfera en estado de vapor a temperaturas mucho más bajas, sin necesidad de pasar por la ebullición. ¿Pero por qué se debe esto?
Ebullición versus evaporación
La ebullición es el proceso físico en donde un líquido pasa al estado gaseoso, y se produce cuando todo el líquido alcanza una determinada temperatura a una presión específica —conocido como punto de ebullición— por medio de la absorción de calor.
Calor es una forma de energía cuyas unidades de medida más conocidas son el Joule (J) y la caloría (cal). La temperatura corresponde a una medida de la energía cinética (movimiento) de las partículas que componen un objeto y sus unidades más utilizadas son el grado Celsius (ºC) o grado Fahrenheit (ºF).
El punto de ebullición variará entre diversos elementos, así como también si ellos están a nivel del mar o a grandes alturas. Y cuando el nivel del agua de nuestras piscinas baja "por arte de magia" no es porque el agua haya entrado en ebullición, cambiando de estado, sino porque se ha producido evaporación.
La evaporación se produce por la pérdida de moléculas con alta energía cinética, es decir, moléculas que están agitadas o en movimiento. Generalmente, esto ocurre a nivel superficial del líquido, y está vinculada al viento, la humedad relativa y a la incidencia de radiación solar (o altas temperaturas).
¿Cómo reducir la evaporación en nuestras piscinas?
Para evitar que la evaporación nos juegue en contra de la diversión veraniega en nuestras piscinas, debemos tratar de contrarrestar los efectos de la incidencia de radiación solar, de la baja humedad relativa del aire y del viento.

El agua tiene una alta capacidad calórica, esto implica en que requiere gran cantidad de energía para aumentar su temperatura. Puede haberte pasado que al tocar la superficie del agua de la piscina la sientas muy caliente, pero que al adentrarte completamente te lleves un susto por estar excesivamente fría. Esto ocurre porque la radiación solar (la energía que llega del Sol) sólo logra aumentar la temperatura del agua superficialmente y no hay energía suficiente para ir aumentando la temperatura en capas inferiores.
Si la temperatura superficial del agua de la piscina es más alta implica en un movimiento más rápido de las moléculas de agua en la superficie. Y, como vimos más arriba en este artículo, la pérdida de partículas producto de su movimiento es lo que define la evaporación.
Para evitar que la temperatura superficial del agua de la piscina aumente por incidencia de radiación solar directa, podemos utilizar coberturas como las mallas de sombreo que se utilizan para reducir la cantidad de luz directa que llega a las plantas. También es posible instalar una piscina a la sombra de árboles de gran tamaño, pero alejada lo suficiente para que sus hojas no caigan al agua en exceso e impliquen un trabajo extra para cuidar la piscina.

El peor villano de todos es el viento: agita la superficie del agua ayudando a las moléculas de agua a 'escapar' de la piscina; se lleva el aire húmedo en la capa límite sobre el agua, reduciendo la humedad relativa (si la humedad relativa es baja, más seco será el aire favoreciendo la evaporación para alcanzar la saturación —humedad relativa 100 %).
Colocar plantas bajas y medias alrededor de la piscina puede ayudar a crear una barrera natural contra el viento, ayudando a mantener también la humedad del ambiente.

Cubrir la piscina cuando no la ocupes también resulta un gran aliado para compartir la pérdida de agua por evaporación. Además, si tu piscina es climatizada, ayudará a evitar la pérdida de calor nocturno, ahorrándote dinero no sólo en agua, sino que también para calefaccionarla.