Un pulpo desconocido en el Pacífico chileno: así se descubrió una nueva especie tras décadas de pistas científicas
El hallazgo, liderado por científicos de la Universidad Andrés Bello, revela cuánto queda por descubrir en el océano profundo y el valor científico de las colecciones de museos.

El océano Pacífico que baña nuestras costas es una máquina de secretos. Bajo su superficie, a más de mil metros de profundidad, la vida se las ingenia para existir en completa oscuridad, soportando presiones que aplastarían un submarino como si fuera una lata de bebida.
Ahí viven los pulpos del género Graneledone, unos animales de aspecto gelatinoso y brazos gruesos, cubiertos de verrugas.
Pero lo curioso de esta historia es que el último integrante de esta familia no fue descubierto en alta mar, sino que llevaba décadas escondido a plena luz, esperando que alguien lo mirara con atención.
El pulpo que esperó 25 años a ser descubierto
La idea de que todavía existen especies sin descubrir puede parecer sorprendente, pero para los científicos marinos es una realidad cotidiana.
Lo fascinante de este descubrimiento es que nos obliga a repensar cómo se hace ciencia hoy. Porque no siempre hay que salir a navegar con costosos equipos para encontrar algo nuevo. A veces, lo nuevo está durmiendo en un estante.
El equipo identificó una nueva especie de pulpo del género Graneledone, un grupo de cefalópodos adaptados a vivir en aguas profundas.
“La última vez que se había descrito una especie nueva de Graneledone fue hace más de 25 años”, explicó Ibáñez. Con esta incorporación, el género alcanza 11 especies reconocidas a nivel mundial.
La diferencia está en los pequeños detalles
La historia de este pulpo se construyó con piezas reunidas durante años. El primer indicio apareció en el 2000, cuando investigadores encontraron un ejemplar del género Graneledone frente a Constitución, a unos mil metros de profundidad, un registro que dio origen al primer reporte del género en Chile en 2012.
Con el tiempo surgieron nuevas pistas, como un ejemplar recolectado en 2007 al norte de Isla Mocha, otro encontrado en la pesca de bacalao y varios especímenes que permanecían sin clasificar en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile.

Al revisar esas colecciones, el equipo identificó, además, siete ejemplares recolectados entre 1980 y 1997.
Al compararlos con material de otros museos, notaron algo clave: todos compartían rasgos que no coincidían con ninguna especie conocida.
Las diferencias aparecían en detalles muy específicos del cuerpo, como la distribución de pequeñas verrugas en la piel y la disposición de las ventosas. “Lo más revelador fue el número y la ordenación de las ventosas”, explicó Pardo, un patrón que permitió confirmar que se trataba de una especie distinta.
El valor de lo que guardamos (y de lo que perdemos)
Para el equipo científico de la UNAB, la historia de esta nueva especie, que debe su nombre a Javier Sellanes, investigador que recolectó el ejemplar de referencia en 2007, no termina en la publicación del paper.
Es una red global de conocimiento que busca resolver el complejo rompecabezas evolutivo de estos organismos.
Los grandes descubrimientos científicos no siempre ocurren durante expediciones espectaculares. Con frecuencia aparecen en el silencio de un laboratorio o en la revisión paciente de colecciones científicas.
Referencia de la noticia
UNAB. (2026). Científicos UNAB descubren nueva especie de pulpo que amplía la biodiversidad del Pacífico suroriental. Nota de prensa publicada en la web de la institución.