Huerto en febrero: cosechar, limpiar y preparar las primeras siembras de otoño
Febrero marca el cierre del verano y el inicio de una nueva etapa en el huerto. Es tiempo de cosechar, limpiar la tierra y comenzar los primeros almácigos.

El verano comienza a despedirse y el huerto lo nota. Las tardes son menos abrasadoras, las noches se alargan y el ritmo de crecimiento de las plantas se desacelera. Febrero trae esa pausa breve en la que el suelo respira, las cosechas llegan a su fin y se abre la oportunidad de empezar de nuevo.
En la zona central y centro-sur de Chile, este mes marca la transición entre la abundancia estival y los preparativos para el otoño. Es el momento ideal para cerrar los cultivos de verano, recuperar la tierra y planificar las primeras siembras de la próxima temporada. Un cambio de etapa que combina descanso, observación y nuevos comienzos.
Fin de las cosechas y limpieza del huerto
Durante las primeras semanas de febrero, los cultivos de verano comienzan a agotarse. Tomates, zapallitos, porotos y pepinos muestran hojas amarillentas o frutos más pequeños, señal de que su ciclo llega a su fin. Este es el momento de retirar las plantas envejecidas, eliminar raíces secas y airear la tierra.

Tras la limpieza, conviene evaluar qué zonas se dejarán en reposo y cuáles se destinarán a las nuevas siembras. Un truco útil es marcar las áreas donde hubo hortalizas exigentes en nutrientes (como tomates o maíz) para rotarlas con cultivos más livianos o de hoja. La rotación reduce plagas, mejora la estructura del suelo y equilibra el uso de nutrientes.
Riego, suelo y fertilización natural
Febrero sigue siendo cálido, pero la humedad nocturna aumenta y el ritmo del riego puede ajustarse. Es preferible regar menos veces y con mayor profundidad, especialmente en los días más templados.
Después de retirar los restos de cultivo, se recomienda incorporar compost maduro o humus de lombriz. Esto mejora la estructura y activa la vida microbiana del suelo, esencial para las siembras que vienen.
El suelo debe mantenerse ligero, bien drenado y mullido, especialmente en la zona centro-sur donde pueden anticiparse lluvias. Un acolchado con paja o restos vegetales ayuda a conservar la humedad y proteger los nuevos almácigos del sol directo.
Siembras de hortalizas de hoja verde
A medida que el calor cede, comienzan las siembras más esperadas: las de hojas tiernas. Lechugas, acelgas, espinacas, cilantro y perejil pueden iniciarse en almácigos bajo media sombra o siembra directa en lugares con suelo fresco y buena humedad.

El secreto para un buen establecimiento es mantener riego regular durante la germinación y sombrear las plántulas en las horas más cálidas. En la zona centro-sur, también se puede incorporar rúcula, que germina rápido y tolera bien las noches frescas de fin de mes.
Cultivos de raíz a siembra directa
Febrero también permite comenzar con las siembras directas de zanahorias, betarragas, rábanos y nabos, especialmente en suelos sueltos y bien drenados. Estas especies aprovechan la humedad constante del final del verano y desarrollan raíces más dulces con temperaturas moderadas.

Para obtener raíces rectas y uniformes, es fundamental no excederse con el compost fresco, ya que puede deformarlas. Un riego profundo una o dos veces por semana será suficiente para mantener la humedad estable.
Crucíferas y aromáticas de fin de mes
Hacia la última semana de febrero, las condiciones ya permiten sembrar almácigos de brócoli, repollo, coliflor y kale, preferiblemente bajo techo o con malla de sombra. Estas hortalizas prefieren germinar con calor moderado, pero necesitan temperaturas más frescas para desarrollarse bien.

También puede aprovecharse esta época para sembrar algunas aromáticas resistentes, como orégano, tomillo o ciboulette, que crecerán lentamente en marzo y alcanzarán su punto fuerte en otoño. Por ahora, las leguminosas como habas o arvejas deben esperar: el calor del suelo aún es alto y puede afectar la germinación. Lo ideal será iniciarlas recién en marzo.
Tareas de mantenimiento
Con el ritmo más pausado de febrero, es buen momento para observar el comportamiento del suelo y ajustar las prácticas de riego y fertilización natural. Un suelo bien estructurado y con presencia de lombrices indica buena salud biológica.
También es tiempo de preparar compost o purines para usar durante el otoño. Quienes cultivan en macetas o cajones pueden aprovechar para renovar parte del sustrato, mezclándolo con compost maduro o tierra nueva. En esta etapa, cada pequeña mejora en la base del huerto se traduce en una temporada de invierno más equilibrada y productiva.