Si tu Ficus se quedó “calvo”, no lo tires: solo se está adaptando al cambio de estación
El Ficus benjamina suele perder hojas cuando cambian las condiciones del ambiente. No es el fin: te contamos por qué ocurre y cómo ayudarlo a recuperarse.

El Ficus benjamina es una de las plantas de interior más comunes en Chile y Latinoamérica. Su follaje denso y brillante lo convierte en un favorito para decorar salones, oficinas y terrazas. Pero basta con moverlo de lugar o con la llegada del frío para que comience a perder hojas, lo que a muchos les hace pensar que su planta está muriendo.
La buena noticia es que esta caída no suele ser señal de muerte, sino de adaptación. El ficus es muy sensible a los cambios bruscos en el ambiente, y responde “dejando ir” parte de sus hojas mientras se ajusta al nuevo entorno.
Por qué tu ficus pierde hojas
Los ficus reaccionan rápidamente ante variaciones ambientales. Estas son las causas más comunes y cómo prevenirlas:
- Cambios de luz: es la causa principal. Si lo moviste o llegó el invierno y la luz natural disminuyó, el ficus responde dejando caer hojas. Prefiere luz abundante, pero nunca sol directo.
- Temperatura inestable: calefactores, corrientes de aire frío o ventanas abiertas pueden provocarle estrés. Lo ideal es mantenerlo entre 18 y 25 °C, sin cambios bruscos.

- Exceso de riego: cuando el sustrato está constantemente húmedo, las raíces se asfixian. Espera a que los primeros centímetros de tierra estén secos antes de volver a regar.
- Ambiente seco: el aire calefaccionado o la falta de ventilación resecan las hojas. Pulveriza agua sobre el follaje 2 o 3 veces por semana.
- Trasplantes o movimientos constantes: el ficus necesita estabilidad. Cada cambio de maceta o de orientación puede causarle una breve “crisis de adaptación”.
En la mayoría de los casos, el ficus se recupera por sí solo una vez que se estabilizan las condiciones.
Cómo ayudarlo a recuperarse
Cuando tu ficus se queda casi desnudo, lo más importante es mantener la calma. Lo primero es revisar el estado de las raíces: si están firmes, de color claro y sin mal olor, la planta sigue viva. Colócala en un lugar con mucha luz natural indirecta, lejos de corrientes de aire y de fuentes de calor directo.

Mantén el riego moderado, dejando que la tierra se seque ligeramente entre cada aplicación. Un exceso de agua puede ser más dañino que una sequía temporal. Si las hojas están cubiertas de polvo, límpialas con un paño húmedo para que puedan respirar mejor.
También puedes pulverizar agua tibia sobre las ramas y el tronco: ayudará a estimular el rebrote. No tengas prisa por fertilizar; espera a que aparezcan los primeros brotes nuevos antes de añadir nutrientes.

Si hay ramas secas, puedes podarlas suavemente para que la planta concentre su energía en el crecimiento nuevo. En pocas semanas, comenzarás a notar pequeños puntos verdes en las yemas: es la señal de que tu ficus está volviendo a la vida.
Una planta sensible, pero muy agradecida
Cuando se recupera, el ficus puede volverse más fuerte que antes. Para mantenerlo sano, basta seguir unas reglas simples: mucha luz difusa, humedad ambiental, riego controlado y estabilidad.
Durante la primavera y el verano puedes aplicar un abono líquido cada tres o cuatro semanas, pero evita hacerlo en invierno. Si vives en un ambiente muy seco, usa un humidificador o agrupa varias plantas para crear un microclima más húmedo.
Con estos cuidados, el ficus no solo se recuperará, sino que lucirá una copa densa y verde durante todo el año. El Ficus benjamina no es una planta frágil, sino sensible. Si aprendes a leer sus señales y le das estabilidad, te recompensará con un follaje exuberante y duradero.