El Niño parece estar cerca, pero ¿qué tan cerca está realmente? Nuestro experto Diego Campos lo explica

La gran mayoría de los pronósticos indican condiciones de El Niño para este año 2026. Saber distinguir las limitantes y consideraciones que tiene cada pronóstico es muy importante a la hora de interpretarlos correctamente.

El pronóstico del fenómeno de El Niño es altamente dependiente de las consideraciones metodológicas utilizadas y comparar distintos pronósticos podría no ser tan sencillo como parece.
El pronóstico del fenómeno de El Niño es altamente dependiente de las consideraciones metodológicas utilizadas y comparar distintos pronósticos podría no ser tan sencillo como parece.

El Pacífico ecuatorial se está calentando; sin embargo, las condiciones de La Niña todavía se mantienen, tanto en las anomalías de temperatura superficial del mar (SST) como en la respuesta atmosférica. Así lo reporta la NOAA en su último boletín sobre el fenómeno.

Pero prácticamente todos los modelos de pronóstico muestran un calentamiento mayor al observado hasta ahora, lo que eventualmente dará paso a un evento de El Niño durante 2026. La pregunta del millón es cuándo exactamente.

En este artículo repasaremos algunas cifras y pronósticos, y explicaremos por qué este pronóstico es más complejo que otros.

¿Qué dicen las probabilidades?

Los pronósticos de ENSO (el fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur) suelen presentarse en términos de probabilidades. A mayor probabilidad, mayor certeza tiene ese sistema de pronóstico sobre una u otra fase del fenómeno, ya sea El Niño, La Niña o neutral.

Como existen muchos modelos (algunos probabilísticos, otros dinámicos, etc.), los pronósticos más robustos suelen ser los basados en múltiples modelos. Hasta aquí, el problema es ‘relativamente’ sencillo.

Pero la palabra ‘relativo’ es una que hemos leído mucho por estos días en el contexto de El Niño. Ya que la NOAA y el Bureau Australiano introdujeron el monitoreo 'relativo' de El Niño.

Este monitoreo funciona igual que el anterior, pero en vez de obtener las anomalías de Temperatura Superficial del Mar (TSM) con respecto al tiempo (a un periodo de referencia), también lo hacen con respecto al comportamiento de todo el trópico; esto para atenuar la señal de calentamiento global.

Esta modificación metodológica, si bien aporta robustez al monitoreo del ENSO, inevitablemente genera cierta confusión. Ahora hay pronósticos con índices relativos mezclados con pronósticos sin índices relativos. Veamos un ejemplo a continuación.

La siguiente figura muestra el pronóstico multimodelo del IRI. A la izquierda, el emitido a mediados de febrero, basado solo en la salida de los modelos, y a la derecha, el que incorpora la opinión de expertos y además utiliza los índices relativos.

Izquierda: Pronóstico de ENSO emitido a mediados de febrero como resultado de análisis multimodelo y el uso del Índice Niño 3.4. Derecha: Pronóstico de ENSO emitido a principios de febrero como resultado de análisis multimodelo, la opinión de expertos y el uso del Índice Relativo Niño 3.4. Fuente: IRI/NOAA.
Izquierda: Pronóstico de ENSO emitido a mediados de febrero como resultado de análisis multimodelo y el uso del Índice Niño 3.4. Derecha: Pronóstico de ENSO emitido a principios de febrero como resultado de análisis multimodelo, la opinión de expertos y el uso del Índice Relativo Niño 3.4. Fuente: IRI/NOAA.

Las diferencias son notorias, ¿no? Los modelos dan una probabilidad cercana al 60 % de condiciones tipo El Niño para el periodo entre MJJ (mayo-junio-julio) y ASO (agosto-septiembre-octubre), mientras que un 60 % recién se observa para el trimestre SON (septiembre-octubre-noviembre) en el pronóstico con opinión experta y basado en índices relativos.

Los modelos se adelantan al Niño, pero el consenso experto lo retrasa hacia la primavera.

Por una parte, los expertos bajan las expectativas de un evento de El Niño en comparación con los modelos, dejando probabilidades mayores de neutralidad recién para la primavera en el hemisferio sur. Este es el pronóstico oficial de NOAA, ya que no solo considera la información numérica, sino también la ponderación que los expertos en el fenómeno le otorgan a esa información.

Ahora, la introducción del índice relativo también tuvo un efecto en el pronóstico. Para mirar eso, comparemos los pronósticos oficiales de NOAA emitidos en enero y en febrero en la siguiente figura. El pronóstico de febrero ya utiliza el índice relativo y se puede ver que, en general, hay una disminución de la probabilidad de El Niño en todos los trimestres.

Pronóstico oficial de ENSO emitido por NOAA en febrero (arriba) y enero (abajo) de 2026. Fuente: NOAA/CPC.
Pronóstico oficial de ENSO emitido por NOAA en febrero (arriba) y enero (abajo) de 2026. Fuente: NOAA/CPC.

Por ejemplo, el pronóstico emitido en enero asignaba un 50 % de probabilidad de El Niño para nuestro invierno (trimestre JJA), pero en el pronóstico de febrero se redujo a poco más del 40 %, mientras que la probabilidad de neutralidad aumentó considerablemente.

Este es el efecto esperado de la utilización del índice relativo, que permite identificar con mayor claridad los episodios fríos (La Niña) de ENSO y reducir los episodios cálidos (El Niño).

Otras fuentes de incertidumbre

Existen más fuentes de incertidumbre en el pronóstico que deben considerarse. Por ejemplo, el hecho de que estamos bastante cerca de la famosa 'barrera de predictibilidad'; un periodo durante el otoño en el que los pronósticos de ENSO son particularmente deficientes. Siempre, alrededor del otoño, hay que tomar "con pinzas" los pronósticos del fenómeno.

La barrera de predictibilidad del otoño obliga a mirar con cautela cualquier pronóstico de ENSO.

Ha habido fallos históricos recientes. El pronóstico de El Niño 2014 es un ejemplo de que no por pronosticar probabilidades altas se acertará en el pronóstico. Dicho año se pronosticaba con mucha certeza la llegada de El Niño, antecedida por condiciones de La Niña durante 2011 y en los comienzos de 2012. Ese evento terminó llegando a comienzos de 2015.

El año 2023 sí transicionó rápidamente de La Niña a El Niño, y eso podría llevarnos a pensar que ahora no será diferente. Sin embargo, ese evento de La Niña fue de larga duración (2020-2023), lo que permitió que el Pacífico recargara suficiente calor para un evento de El Niño clásico. En esta oportunidad, no venimos de un evento de La Niña particularmente intenso o extenso.

Estas consideraciones, en ningún caso, aseguran que un evento de El Niño no se producirá durante 2026. Solo ponen cierto grado de cautela a la hora de leer directamente los muchos pronósticos que hoy por hoy se ven publicados.

En cada caso, es necesario considerar: qué periodo de referencia se está utilizando, si se usan o no los índices relativos, cuántos modelos están involucrados en el pronóstico y si existe una opinión de expertos. Entre otras cosas.