Más de cuatro piscinas olímpicas de agua se infiltraron bajo la precordillera de Santiago tras las lluvias de julio
Las lluvias de julio permitieron infiltrar más de 10.400 m³ de agua en la precordillera capitalina, donde zanjas y otras obras ayudan a retener humedad y recuperar suelos afectados por la sequía y los incendios

Cuando una lluvia intensa cae sobre la precordillera de Santiago, el agua corre por las laderas, baja con fuerza entre piedras y tierra… pero no toda sigue su camino hacia el valle. Una parte se detiene, se filtra y desaparece bajo el suelo del cerro.
Durante las precipitaciones de julio, más de 10.400 m³ de agua lluvia quedaron infiltrados gracias a obras que ralentizan el escurrimiento y favorecen la entrada del agua al suelo.
Más de cuatro piscinas olímpicas bajo la precordillera
Entre el 16 y el 25 de julio, las lluvias permitieron infiltrar unos 9 mil m³ de agua en el Parque Aguas de Ramón, en La Reina, y otros mil m³ en San Carlos de Apoquindo, en Las Condes.
La cifra puede parecer enorme, y lo es, y la estrategia detrás es simple pero astuta. En vez de dejar que toda el agua baje rápidamente por la ladera, algunas estructuras consiguen frenarla y darle más tiempo para penetrar en el suelo.
Esto es relevante, considerando que esta zona lleva más de 15 años enfrentando una sequía prolongada.
Como una esponja, pero a escala de cerro
Una de estas estructuras es la zanja de infiltración, una excavación poco profunda que atraviesa la pendiente. Cuando llega el agua, ayuda a reducir su velocidad para que una parte pueda penetrar en el terreno en lugar de seguir cuesta abajo.
Es como poner una esponja en medio del recorrido, solo que aquí el objetivo es repartir el agua y darle tiempo para entrar al suelo.

En San Carlos de Apoquindo, además, estas obras cumplen una función especialmente importante. El verano pasado, un incendio quemó más de mil hectáreas en este parque y sectores cercanos, dejando terrenos expuestos a la erosión.
“Estas obras cumplen un rol esencial al disminuir la velocidad con que el agua escurre por las laderas”, explicó Suzanne Wylie, directora ejecutiva de Fundación Reforestemos.
Una lluvia puede durar horas; sus efectos, mucho más
El agua que entra al suelo puede ayudar a mantener la humedad y favorecer la recuperación de la vegetación. No resuelve por sí sola la escasez hídrica ni elimina el riesgo de incendios o aluviones, pero sí puede hacer que el paisaje tenga más capacidad para enfrentar estos extremos.
Por eso, la Asociación Parque Cordillera busca extender este tipo de obras hacia otros sectores de la precordillera. “Estamos llamados a hacer paisajes de retención hídrica en todo el contrafuerte cordillerano”, señaló su secretario ejecutivo, José Pedro Guilisasti.
Después de un temporal, el agua deja de correr por las laderas y la imagen desaparece rápidamente, pero una parte queda bajo nuestros pies. En una cordillera marcada por la sequía, lograr que la lluvia permanezca un poco más puede ser tan importante como esperar la próxima.
Referencia de la noticia
Silva C.. (2026). Parque Cordillera infiltra más de 10.400 m³ de agua lluvia tras temporal en la región Metropolitana.