Eta Carinae: la estrella que estalló en el siglo XIX y sigue viva, desafiando a la muerte estelar
Eta Carinae es una de las estrellas más extremas de la Vía Láctea: gigantesca, inestable y capaz de simular una supernova sin morir. Su historia mezcla observación histórica y tecnología astronómica moderna.

En el cielo austral, pocas estrellas despiertan tanta fascinación como Eta Carinae. Ubicada en la nebulosa de Carina, este sistema binario hipermasivo ha protagonizado violentas erupciones, cambios drásticos de brillo y observaciones espectroscópicas recientes desde Chile.
Compararla con el Sol revela hasta qué punto los extremos de la evolución estelar desafían nuestra intuición: masa descomunal, luminosidad extraordinaria e inestabilidad persistente.
Una estrella descomunal frente al Sol
Eta Carinae no es una estrella cualquiera: es un sistema binario compuesto por astros extremadamente masivos, cuya masa combinada se estima entre 100 y 150 veces la del Sol y cuya luminosidad alcanza millones de veces la de nuestra estrella.
Solo la componente principal podría rondar unas cien masas solares y radiar cerca de cuatro millones de veces más energía que el Sol, situándola entre los objetos más brillantes de la galaxia.
Esa potencia implica una vida breve en términos cósmicos: mientras el Sol puede vivir miles de millones de años, estrellas de este tipo consumen su combustible rápidamente y terminan explotando como supernova o incluso hipernova.
Blast waves from exploded stars can accelerate cosmic rays, but where they come from is hard to track. Using NuSTAR mission data, astronomers found that some cosmic rays come from Eta Carinae, a luminous and massive stellar system ~7,500 light-years away: https://t.co/cAcJTPSkXO pic.twitter.com/e7EsntcF6V
— NASA (@NASA) July 4, 2018
Además, está rodeada por vastas nubes de gas y polvo expulsadas por su intenso viento estelar y radiación, formando estructuras visibles a escalas comparables al tamaño del sistema solar.
Cómo se estudia desde Chile
Este sistema ha sido objeto de observaciones espectroscópicas recientes con el Espectrógrafo Echelle del Telescopio SOAR (STELES), instalado en Cerro Pachón, Chile.

La tecnología descompone su luz en un “arcoíris” detallado que permite medir composición, velocidades del gas y evolución del sistema binario. Las primeras observaciones captaron espectros en longitudes de onda rojas y azules, demostrando la capacidad del instrumento para analizar la interacción entre vientos estelares y su entorno.
La gran erupción que la hizo brillar y desaparecer
La fama de Eta Carinae se cimentó en el siglo XIX. Durante la llamada “Gran Erupción”, alcanzó en 1843 una magnitud visual cercana a −0,8 y se convirtió en la segunda estrella más brillante del cielo nocturno, solo superada por Sirio. Este episodio liberó energía comparable a una supernova —aunque sin destruir la estrella— y expulsó enormes cantidades de masa al espacio.

Tras ese máximo, su brillo decayó de forma dramática hasta quedar invisible a simple vista durante décadas. Estudios históricos indican que hubo episodios eruptivos en 1838 y 1843, seguidos de un largo periodo de luminosidad elevada que duró años antes del declive.
Hoy, su variabilidad sigue intrigando a los astrónomos y alimenta la posibilidad de que eventualmente detone como supernova —quizá mañana o dentro de un millón de años—.
Referencias de la noticia
- NASA Science: La estrella condenada Eta Carinae.
- NOIRLab: Espectro de STELES de Eta Carinae.