Eta Carinae: la estrella que estalló en el siglo XIX y sigue viva, desafiando a la muerte estelar

Eta Carinae es una de las estrellas más extremas de la Vía Láctea: gigantesca, inestable y capaz de simular una supernova sin morir. Su historia mezcla observación histórica y tecnología astronómica moderna.

Desde el Cerro Paranal, donde se ubica el Very Large Telescope, se observa la nebulosa de Carina y en el centro, su sistema binario Eta Carinae. Crédito: ESO.
Desde el Cerro Paranal, donde se ubica el Very Large Telescope, se observa la nebulosa de Carina y en el centro, su sistema binario Eta Carinae. Crédito: ESO.

En el cielo austral, pocas estrellas despiertan tanta fascinación como Eta Carinae. Ubicada en la nebulosa de Carina, este sistema binario hipermasivo ha protagonizado violentas erupciones, cambios drásticos de brillo y observaciones espectroscópicas recientes desde Chile.

Eta Carinae se ubica en la constelación de Carina, dentro de la nebulosa del mismo nombre, a unos 7.500 años luz de la Tierra —una distancia suficiente para verla sin afectar nuestro entorno cósmico—.

Compararla con el Sol revela hasta qué punto los extremos de la evolución estelar desafían nuestra intuición: masa descomunal, luminosidad extraordinaria e inestabilidad persistente.

Una estrella descomunal frente al Sol

Eta Carinae no es una estrella cualquiera: es un sistema binario compuesto por astros extremadamente masivos, cuya masa combinada se estima entre 100 y 150 veces la del Sol y cuya luminosidad alcanza millones de veces la de nuestra estrella.

Solo la componente principal podría rondar unas cien masas solares y radiar cerca de cuatro millones de veces más energía que el Sol, situándola entre los objetos más brillantes de la galaxia.

Esa potencia implica una vida breve en términos cósmicos: mientras el Sol puede vivir miles de millones de años, estrellas de este tipo consumen su combustible rápidamente y terminan explotando como supernova o incluso hipernova.

Además, está rodeada por vastas nubes de gas y polvo expulsadas por su intenso viento estelar y radiación, formando estructuras visibles a escalas comparables al tamaño del sistema solar.

Cómo se estudia desde Chile

Este sistema ha sido objeto de observaciones espectroscópicas recientes con el Espectrógrafo Echelle del Telescopio SOAR (STELES), instalado en Cerro Pachón, Chile.

Esta imagen muestra el espectro completo del sistema estelar binario que yace en el centro, Eta Carinae, capturado con el recientemente instalado Espectrógrafo Echelle del Telescopio SOAR (STELES). Crédito: CTIO/NOIRLab/SOAR/NSF/AURA/N. Smith (University of Minnesota).
Esta imagen muestra el espectro completo del sistema estelar binario que yace en el centro, Eta Carinae, capturado con el recientemente instalado Espectrógrafo Echelle del Telescopio SOAR (STELES). Crédito: CTIO/NOIRLab/SOAR/NSF/AURA/N. Smith (University of Minnesota).

La tecnología descompone su luz en un “arcoíris” detallado que permite medir composición, velocidades del gas y evolución del sistema binario. Las primeras observaciones captaron espectros en longitudes de onda rojas y azules, demostrando la capacidad del instrumento para analizar la interacción entre vientos estelares y su entorno.

La gran erupción que la hizo brillar y desaparecer

La fama de Eta Carinae se cimentó en el siglo XIX. Durante la llamada “Gran Erupción”, alcanzó en 1843 una magnitud visual cercana a −0,8 y se convirtió en la segunda estrella más brillante del cielo nocturno, solo superada por Sirio. Este episodio liberó energía comparable a una supernova —aunque sin destruir la estrella— y expulsó enormes cantidades de masa al espacio.

La Gran Explosión de Eta Carinae es representada por modelos para entender cómo ocurrió durante el siglo XIX.
La Gran Explosión de Eta Carinae es representada por modelos para entender cómo ocurrió durante el siglo XIX.

Tras ese máximo, su brillo decayó de forma dramática hasta quedar invisible a simple vista durante décadas. Estudios históricos indican que hubo episodios eruptivos en 1838 y 1843, seguidos de un largo periodo de luminosidad elevada que duró años antes del declive.

Hoy, su variabilidad sigue intrigando a los astrónomos y alimenta la posibilidad de que eventualmente detone como supernova —quizá mañana o dentro de un millón de años—.

Referencias de la noticia

- NASA Science: La estrella condenada Eta Carinae.

- NOIRLab: Espectro de STELES de Eta Carinae.