El "donut" de Homer Simpson que acaba de romper una ley matemática de 150 años
Un nuevo estudio revela que dos superficies pueden compartir las mismas propiedades internas sin ser idénticas. El hallazgo desafía una idea clásica de la geometría y abre nuevas preguntas sobre cómo entendemos la forma y el espacio.

Durante más de 150 años, la geometría se apoyó en una idea clave: si conocemos completamente cómo se mide y se curva una superficie, podemos determinar su forma. Esta noción, asociada al matemático Pierre Ossian Bonnet, parecía incuestionable… hasta ahora.
Un reciente trabajo de investigadores como Alexander Bobenko y Tim Hoffmann demuestra que esta intuición no siempre se cumple. El resultado gira en torno a una figura tan familiar como engañosa: el “donut”, un objeto simple en apariencia, pero clave para explorar los límites de la geometría.
Dos donuts que no son iguales
El equipo logró construir dos superficies con forma de donut que comparten exactamente las mismas propiedades locales. En términos matemáticos, esto significa que ambas presentan:
- las mismas distancias internas;
- la misma curvatura en cada punto.
Sin embargo, y aquí está lo sorprendente, estas superficies no son idénticas en su forma global. Es decir, aunque un observador que solo pudiera medir distancias y curvaturas “desde dentro” no notaría diferencias, al analizar la estructura completa se revela que son objetos distintos.

Este resultado rompe con una intuición muy arraigada: que conocer todas las propiedades locales de un sistema es suficiente para reconstruirlo por completo. En términos simples, muestra que entender cada detalle “de cerca” no siempre basta para comprender el todo. Es una diferencia sutil, pero profunda, que cambia la forma en que los matemáticos interpretan la relación entre lo local y lo global.
¿Por qué importa este descubrimiento?
Este avance no solo resuelve un problema matemático de larga data, sino que también tiene implicancias más amplias. La geometría es una herramienta clave en múltiples disciplinas científicas. Por ejemplo, es fundamental en:
- la física, especialmente en teorías como la relatividad, donde la curvatura del espacio-tiempo define la gravedad;
- la modelación del clima y de la Tierra, donde la forma y estructura de superficies influyen en la dinámica de la atmósfera y los océanos;
- la computación gráfica y la simulación, donde representar superficies complejas de manera precisa es esencial.
Comprender mejor cómo se comportan las superficies y qué información es realmente suficiente para describirlas puede ayudar a refinar modelos en todas estas áreas.
Una lección más allá de las matemáticas
Más allá del tecnicismo, el hallazgo deja una enseñanza poderosa: dos sistemas pueden parecer idénticos cuando se observan en detalle, pero ser profundamente distintos en su conjunto. Es una advertencia sobre los límites de nuestra intuición y sobre la importancia de mirar más allá de lo evidente.
En definitiva, este “donut” matemático no solo desafía una ley clásica, sino que también invita a repensar cómo interpretamos estructuras complejas, ya sea en el mundo abstracto de la geometría o en fenómenos reales como los que ocurren diariamente en la atmósfera.
Referencias de la noticia
- Bobenko, A.I., Hoffmann, T. & Sageman-Furnas, A.O. Compact Bonnet pairs: isometric tori with the same curvatures. Publ.math.IHES 142, 241–293 (2025).
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