La salinidad del océano, una nueva pieza clave en el rompecabezas de El Niño
Las variaciones en la salinidad del Pacífico occidental pueden reforzar El Niño, amplificando su intensidad y aumentando la probabilidad de eventos extremos.

En los últimos años, la investigación sobre El Niño se ha centrado principalmente en los cambios de temperatura del océano Pacífico ecuatorial. Allí es donde se observa que, cuando la temperatura superficial del mar aumenta, se activa una cadena de retroalimentaciones entre el océano y la atmósfera que termina dando paso al desarrollo del fenómeno.
En general, cuanto mayor es el calentamiento del océano, más intenso tiende a ser El Niño. Sin embargo, hay un factor menos visible que también podría influir en la intensidad de este fenómeno: la salinidad del océano.
Cómo la salinidad amplifica El Niño
La salinidad del mar no es uniforme. Depende de factores como la evaporación, las precipitaciones y el movimiento de las corrientes oceánicas, por lo que algunas regiones presentan aguas más salinas y otras más dulces.
Hoy se sabe que estas diferencias, especialmente en el Pacífico occidental durante la primavera del hemisferio norte, pueden reforzar la intensidad de El Niño, amplificando sus impactos.
Este efecto ocurre cuando las aguas cercanas al ecuador se vuelven más dulces, mientras que las zonas fuera de la franja ecuatorial se mantienen más saladas. Esa diferencia genera un contraste que modula la circulación oceánica y crea un entorno más favorable para el desarrollo del fenómeno.
Se ha observado que este patrón de salinidad impulsa corrientes superficiales que se desplazan hacia el este, empujando la masa de agua cálida del Pacífico occidental —conocida como warm pool— hacia el Pacífico central y oriental, donde El Niño suele intensificarse.
Al mismo tiempo, estas condiciones favorecen la propagación de ondas oceánicas de Kelvin bajo la superficie, que transportan el calor acumulado en el interior del océano. Este aporte adicional de energía refuerza el calentamiento en el Pacífico central y oriental, consolidando las condiciones típicas del fenómeno.
En conjunto, este mecanismo puede aumentar la intensidad de El Niño en alrededor de un 20 % y casi duplicar la probabilidad de que se desarrolle un evento extremo, según estimaciones de modelos climáticos recientes.
Interacción entre salinidad y vientos
Este mecanismo difiere de las explicaciones tradicionales sobre el papel de la salinidad en El Niño. Durante años, se pensó que su principal efecto estaba en la formación de una capa superficial de agua dulce —la llamada “capa de barrera”— que dificultaba la mezcla con aguas más frías en profundidad y ayudaba a retener el calor en la superficie del océano.
Si bien este efecto existe, hoy se reconoce que no es el proceso dominante. Lo que realmente marca la diferencia es la capacidad de la salinidad para modificar la circulación oceánica, favoreciendo las corrientes hacia el este y la propagación de ondas que transportan calor y refuerzan el desarrollo del fenómeno.
Además, la salinidad no actúa de forma independiente. Su variabilidad está estrechamente ligada a procesos atmosféricos ya en marcha, en especial a las ráfagas anómalas de viento del oeste que actúan como el motor inicial del sistema.
Debido a esta conexión tan estrecha, la salinidad del océano se convierte en una vía clave para que estas ráfagas de viento logren desencadenar y potenciar un evento de El Niño. Sin este refuerzo oceánico, el efecto de los vientos sobre el sistema climático sería mucho menor.
Implicancias para el seguimiento y la predicción
Este nuevo entendimiento obliga a replantear la interpretación de la evolución del fenómeno El Niño–Oscilación del Sur. La salinidad deja de ser un elemento secundario y pasa a ocupar un rol activo, capaz de influir de manera directa en la intensidad de los eventos.
Dado que este mecanismo puede amplificar El Niño y aumentar la probabilidad de episodios extremos, ignorar su efecto podría introducir errores importantes en los modelos climáticos y en las predicciones estacionales que dependen de ellos.
Referencia de la noticia
Liu S, Hu S, McPhaden MJ. Salinity-Induced Eastward Flow in Boreal Spring Favors Extreme El Niño. Geophysical Research Letters.