El Niño y La Niña han sido el principal desencadenante de los extremos hídricos a nivel global, según estudio

Los datos muestran que hace poco más de una década hubo un cambio global en los patrones hídricos y que desde 2012 las sequías se han vuelto mucho más comunes.

Diagrama que muestra cómo las sequías (rojo) y las inundaciones (azul) se propagan por todo el mundo en respuesta a factores climáticos como El Niño y La Niña. Crédito: Ashraf Rateb.
Diagrama que muestra cómo las sequías (rojo) y las inundaciones (azul) se propagan por todo el mundo en respuesta a factores climáticos como El Niño y La Niña. Crédito: Ashraf Rateb.

El clima del planeta funciona como una red profundamente interconectada. Y dentro de esa red, lo que ocurre en el océano Pacífico tropical marca el pulso de las reservas de agua a escala global. Es allí donde se desarrollan El Niño y La Niña, las dos fases de un mismo fenómeno que determina cuándo y dónde se intensifican las sequías o las inundaciones.

El Niño–Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés) es un fenómeno climático natural de gran escala que actúa como un verdadero termostato del sistema climático terrestre.

A través del calentamiento (El Niño) o enfriamiento (La Niña) de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, ENSO altera los patrones de presión atmosférica y redistribuye energía y humedad por toda la atmósfera.

Ahora se ha comprobado que durante los últimos 20 años no solo ha sido el principal detonante de extremos hídricos —sequías e inundaciones— en distintas regiones del mundo, sino que además cumple un rol aún más profundo: sincroniza esos extremos a escala planetaria.

Tres mecanismos que explican la sincronización global

Que El Niño tenga un efecto sincronizador sobre los extremos de almacenamiento de agua significa, dicho fácil, que el clima del mundo se pone de acuerdo para exagerar al mismo tiempo.

Durante un evento El Niño, el calentamiento del Pacífico tropical actúa como un botón maestro que coordina al sistema climático global. Así, las sequías severas y los periodos de lluvias intensas no aparecen de forma aislada o por casualidad, sino que tienden a ocurrir en paralelo en distintas partes del planeta, incluso en continentes muy lejanos entre sí.

En la práctica, mientras algunas regiones ven sus ríos y embalses desbordarse, otras pierden rápidamente su agua disponible, pero todo ocurre siguiendo el mismo pulso oceánico. En pocas palabras, ENSO empuja a grandes zonas del mundo a vivir extremos hídricos al mismo tiempo, demostrando que, en el clima, nadie juega solo.

Tres mecanismos explican la sincronización global. El primero muestra que el clima global no actúa como un simple balancín, donde una región se seca mientras otra se humedece. Por el contrario, durante ciertas fases de ENSO, muchas regiones del planeta son empujadas simultáneamente hacia la misma condición extrema, ya sea de déficit o de exceso de agua.

El segundo mecanismo explica cuándo. Existe una alineación casi perfecta entre las inundaciones y las sequías. Cuando el sistema climático global entra en una fase determinada —regida por ENSO—, se activan casi al mismo tiempo eventos extremos en múltiples continentes. Un ejemplo ocurre durante La Niña, cuando se sincronizan lluvias intensas en el norte y noreste de Sudamérica y Australia, el sur de Asia y partes de Norteamérica.

El tercer mecanismo se relaciona con el ritmo propio de ENSO. En su ciclo más conocido, de 2 a 3 años, La Niña suele amplificar y sincronizar los extremos húmedos en distintas partes del mundo (excepto en parte de Sudamérica donde provoca sequías), que además son más intensos —casi el doble que las sequías— debido a la gran cantidad de energía disponible en la atmósfera, capaz de sostener precipitaciones persistentes y voluminosas.

El Niño, en cambio, tiende a profundizar los extremos secos en parte del mundo: menos intensos en promedio, pero con capacidad de extenderse sobre áreas mucho más amplias.

Un cambio de fondo en los extremos hídricos

Más allá de estos ciclos relativamente rápidos, se ha producido un cambio estructural en el sistema climático global. Entre 2011 y 2012 se observa un punto de inflexión: antes de ese periodo predominaban los extremos húmedos; después, los extremos secos se volvieron más frecuentes. Este cambio no responde al ciclo típico de El Niño de 2 a 3 años, sino a un patrón de ENSO de baja frecuencia, con una duración de entre 6 y 10 años.

Anomalías extremas en el almacenamiento de agua en todo el mundo, detectadas por los satélites GRACE y GRAC-FO entre 2002 y 2024. Crédito: Ashraf Rateb.
Anomalías extremas en el almacenamiento de agua en todo el mundo, detectadas por los satélites GRACE y GRAC-FO entre 2002 y 2024. Crédito: Ashraf Rateb.

Esto nos deja una idea clave: no basta con saber si estamos en El Niño o La Niña, también importa cómo está “calibrado” el clima del planeta en general. En un mundo que se está calentando, estos grandes patrones climáticos funcionan como organizadores de los extremos. Pueden hacer que sequías e inundaciones se activen al mismo tiempo en distintas regiones, casi como si el planeta apretara varios botones a la vez.

Por eso, entender cómo se coordinan estos fenómenos es fundamental para anticipar riesgos, planificar el uso del agua y prepararnos mejor. El desafío del futuro no será solo enfrentar eventos más intensos, sino también eventos extremos que ocurren de forma simultánea a escala global.

Referencia de la noticia

Rateb, A., Scanlon, B. R., Pokhrel, Y., & Sun, A. (2025). Dynamics and Couplings of Terrestrial Water Storage Extremes From GRACE and GRACE-FO Missions During 2002–2024. AGU Advances, 6(6).