Las olas de calor ya no son normales: guía científica para adaptarse a un verano cada vez más extremo en Chile

Las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas en Chile. Entender qué las define y cómo actuar es clave para proteger la salud, reducir riesgos y adaptarse a un verano marcado por el cambio climático.

El aumento sostenido de las temperaturas extremas obliga a hidratarse con mayor frecuencia y adaptar rutinas diarias: las olas de calor ya no son eventos aislados, sino una nueva realidad del verano en Chile.
El aumento sostenido de las temperaturas extremas obliga a hidratarse con mayor frecuencia y adaptar rutinas diarias: las olas de calor ya no son eventos aislados, sino una nueva realidad del verano en Chile.

Las olas de calor dejaron de ser eventos puntuales y hoy forman parte del nuevo escenario climático de Chile. Veranos con temperaturas persistentemente altas, noches sin alivio térmico y episodios cada vez más largos e intensos ya no sorprenden.

Lejos de ser una anomalía, esta tendencia está directamente relacionada con el cambio climático, y obliga a replantear cómo enfrentamos el calor para proteger la salud, el bienestar y el entorno.

Durante los últimos años, el país ha registrado olas de calor más frecuentes y prolongadas, desde el norte grande hasta el sur. Este fenómeno no solo incrementa el riesgo de incendios forestales, sino que también impacta de forma directa en niños, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y mascotas. Entender qué es una ola de calor —y cómo actuar— ya no es opcional: marca la diferencia.

¿Qué define realmente a una ola de calor?

Desde el punto de vista meteorológico, una ola de calor se define como un período de al menos tres días consecutivos en que las temperaturas máximas superan un umbral extremo, calculado de forma local para cada zona del país. Esto significa que el valor que activa una ola de calor en Valdivia no es el mismo que en Copiapó.

Según la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), estos umbrales se basan en estadísticas climatológicas (como percentiles extremos), y no en una cifra fija para todo Chile.

En simple: no es solo “mucho calor”, sino calor persistente, que no permite que el cuerpo ni los ecosistemas se recuperen, especialmente cuando las temperaturas mínimas nocturnas también se mantienen elevadas.

A este escenario se suma la presencia de dorsales en altura, sistemas atmosféricos que favorecen cielos despejados, aire seco y una radiación solar intensa, creando las condiciones ideales para que el calor se acumule día tras día.

Horarios críticos: cuándo evitar la exposición al calor

Uno de los errores más comunes durante una ola de calor es subestimar las horas de mayor riesgo. En general, el período más peligroso se concentra entre las 11:00 y las 18:00 horas, cuando la radiación solar y la temperatura alcanzan sus valores máximos. Durante este tramo, las recomendaciones son claras:

  • Evitar actividad física intensa al aire libre

  • No realizar trabajos prolongados bajo el sol

  • Buscar sombra o espacios bien ventilados

  • Priorizar actividades temprano en la mañana o al atardecer

Incluso en zonas costeras, donde las temperaturas pueden ser más moderadas, la radiación UV puede alcanzar niveles extremos, por lo que el riesgo sigue presente.

Hidratación: la regla de oro durante el calor extremo

En condiciones de ola de calor, no hay que esperar a sentir sed. La deshidratación puede avanzar rápidamente, sobre todo en adultos mayores y niños.

El Ministerio de Salud de Chile (MINSAL) ha reiterado una serie de recomendaciones prácticas para enfrentar el calor:

  • Beber agua de forma constante durante el día

  • Evitar alcohol y bebidas muy azucaradas

  • Preferir comidas livianas, frutas y verduras

  • Usar ropa clara, liviana y de colores claros

Síntomas como fatiga, mareos, dolor de cabeza o confusión son señales de alerta temprana y requieren detener la actividad y buscar un lugar fresco.

Mascotas y adultos mayores: los más vulnerables

Las mascotas y los adultos mayores son especialmente sensibles al calor extremo. En animales, el riesgo de golpe de calor puede aparecer incluso en lapsos breves.

Para cuidar a las mascotas durante episodios de calor extremo, es clave asegurar agua fresca disponible todo el día, evitar paseos en horas de máximo calor, no dejarlas nunca dentro de vehículos cerrados y procurar que descansen en espacios con sombra y superficies frescas, reduciendo así el riesgo de deshidratación y golpe de calor.

En adultos mayores, el MINSAL recomienda mantener una rutina de hidratación supervisada, ventilar los espacios evitando corrientes de aire caliente y monitorear periódicamente su estado general.

Más allá del calor: un riesgo que se multiplica

Las olas de calor no solo afectan a las personas. También secan la vegetación, reducen la humedad del suelo y crean condiciones ideales para la propagación de incendios forestales. En este contexto, cualquier acción negligente —como colillas, chispas o quemas— puede tener consecuencias graves.

Incendio forestal.
El calor extremo reseca la vegetación y baja la humedad del suelo, creando un escenario propicio para incendios forestales. En estos contextos, cualquier descuido humano puede transformar una ola de calor en una emergencia ambiental.

Organismos internacionales como la Organización Meteorológica Mundial (OMM) coinciden en que el calor extremo será cada vez más frecuente, por lo que la adaptación y la prevención serán claves en los veranos del futuro.

Referencias de la noticia

Minsal. Qué hacer en caso de calor extremo.

OMM. Ola de calor.