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Tierras agotadas ¿Para cuándo la ley de protección de suelos en Chile?

Sequía, erosión, contaminación, sobredemanda y salinización son algunas de las causas que están enfermando los suelos del mundo. Esto pone en peligro la seguridad alimentaria de miles de millones de personas. ¿Cuál es el diagnóstico en nuestro país?

Tierra seca e infértil
La salud de los suelos se está deteriorando en el mundo, y Chile no es la excepción. La producción de comida puede verse comprometida enormemente en un futuro no tan lejano.

El 76% del territorio chileno está afectado por la desertificación, la degradación del suelo y la sequía. En estos sectores habitan cerca de 12 millones de personas, es decir, el 65% de la población.

“En nuestra vida interactuamos con el suelo sin notarlo y ni siquiera nos preguntamos cuál es su ‘real’ importancia. A diferencia de lo que ocurre con el agua, asumimos que siempre estará. Sin embargo, al igual que está ocurriendo con los recursos hídricos, la velocidad actual de pérdida hace que sea posible que lleguemos a un momento en que no exista una superficie de suelos suficiente para alimentar a una población creciente y cada vez más demandante, tanto en cantidad como en calidad de alimentos”, advierte Pablo Cornejo, ingeniero agrónomo, doctor en biología agraria y académico de la Universidad de la Frontera (Ufro) en su columna “Proteger nuestros suelos: otra tarea pendiente”.

Tres cuartas partes de los suelos de nuestro país están afectados por la sequía, desertificación y la degradación. Asumimos que durará para siempre, pero el recurso suelo puede agotarse, así como está ocurriendo con el agua.

Lo anterior es producto de varios factores. “Primero, el cambio climático, que ha acrecentado los procesos de desertificación por el avance de las condiciones de aridez, así como la salinización de los suelos. Ello, pues la sequía está obligando al uso de fuentes de agua de baja calidad en las tierras cultivadas. En segundo lugar, las deficientes prácticas de manejo agrícola y forestal, que por décadas han degradado, erosionado y contaminado vastas superficies de suelos productivos en Chile”, evalúa el también director del Centro de Investigación en Micorrizas y Sustentabilidad Agroambiental.

Cornejo toca un punto trascendente que escapa a lo que habitualmente se comenta en este aspecto, la salinización de los suelos. “La salinización es uno de los problemas mundiales más importantes para la producción agrícola, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad, especialmente, en las regiones áridas y semiáridas”, sostiene Naciones Unidas (ONU).

“Ello se debe a que estos terrenos reducen la disponibilidad de micronutrientes y la capacidad de los cultivos para absorber agua. A eso se suma que los suelos con salinización reducen su habilidad para filtrar contaminantes, pudiendo hasta concentrar partículas tóxicas para las plantas y degradar la estructura del suelo. Todo ello afecta a la salud de todo el ecosistema, su biodiversidad y a nuestra propia "despensa" mundial al reducir la posibilidad de que los cultivos crezcan”, informa la ONU.

Evaluación en Chile

“Chile es uno de los pocos países de la OCDE que al presente no cuenta con una Ley de Protección de Suelos. Esto es inexcusable si se reconoce al suelo como el principal recurso para alimentar a la población y mantener la vida en la Tierra tal cual la conocemos”, argumenta Pablo Conejo.

Para dimensionar esta problemática, el autor de “Proteger nuestros suelos: otra tarea pendiente” presenta una serie de datos:

  • Para 2050 se estima que la superficie disponible de suelo se reducirá a la mitad, con lo que se hace imposible producir alimentos para una población proyectada de 9.000 millones de personas (FAO-ONU). La única alternativa es incrementar significativamente los rendimientos de los cultivos, que en suelos cada vez más empobrecidos, es prácticamente imposible.
  • Los cambios en las dietas de la sociedad contemporánea exigen un uso muy intensivo del suelo, principalmente, por el aumento de la demanda de carne y productos lácteos, que se traduce en incrementos de más de 1.000 millones de toneladas de cereales y 200 millones de toneladas de productos ganaderos para 2050.
  • La inequidad sobre el acceso al suelo no resulta ser muy distinta a la que se observa para las riquezas financieras, ya que mientras el quintil más acaudalado de la población dispone del equivalente a productos generados por más de 5,5 hectáreas para cada persona, el resto del mundo sólo dispone de 1 a 2 hectáreas por persona. Esto se ha visto ejemplificado en nuestro país en la acumulación de suelos por pocos inversores, que se puede llegar a convertir en un monopolio u oligopolio debido a intereses urbanísticos.

“Lo anterior resulta más relevante si consideramos que estas estimaciones se refieren sólo a las superficies de suelo que pueden ser cultivadas o destinadas a la producción animal, que en conjunto suman alrededor de 23,5 millones de hectáreas en Chile, es decir, menos de un tercio de la superficie nacional. En conclusión, el suelo potencialmente destinado a la producción de alimentos es muy limitado, y aun así, las pérdidas año tras año son enormes”, reafirma el ingeniero agrónomo y doctor en biología agraria.

Aclaración de conceptos

Erosión, degradación y desertificación son palabras con significados distintos; los cuales, a veces, se utilizan como sinónimos cometiendo un error que vale la pena enmendar. Para ello, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) realizó la siguiente aclaración.

  • Erosión del suelo: Es el efecto más visible de degradación del suelo, pero no cubre totalmente todos sus aspectos. La erosión se refiere a un proceso natural en zonas montañosas y que con frecuencia se empeora mediante las malas prácticas de manejo.
  • Degradación del suelo: Se define como un cambio en la salud del suelo resultando en una disminución de la capacidad del ecosistema para producir bienes o prestar servicios para sus beneficiarios.
  • Desertificación: Término común utilizado para la degradación de la tierra en zonas de áridas y/o para el cambio irreversible de la tierra a tal estado que ya no puede ser recuperado a su uso originario.