Más allá de la vida: funerales ecológicos como alternativa viable

Las costumbres funerarias son tan diversas como culturas existen en el mundo. Cada vez más se generalizan prácticas para el tratamiento de cadáveres humanos amigables con el medio ambiente. Conoce aquí de este tema y las más recientes iniciativas.

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Los funerales ecológicos son otra manera de evitar el impacto ambiental. Crédito: Sabel Roizen/ Recompose.

Desde su origen el hombre ha comprendido que la muerte es la compañera inseparable de la vida. De acuerdo con las costumbres religiosas o los puntos de vista filosóficos, algunas personas creen que morir nos permite el regreso al punto de partida, o la transición a otra vida, o es simplemente el cese irreversible de todas las funciones corporales. Son tantas las interpretaciones, como las costumbres funerarias que le rodean en las diversas culturas humanas.

Una de las iniciativas “verdes” más trascendentales, aunque no precisamente pionera en su tipo, es la desarrollada por la empresa estadounidense Recompose que propone el compostaje o la reducción orgánica natural (NOR por sus siglas en inglés) de cuerpos difuntos. Fundada en 2017 con el objetivo de realizar ritos funerarios sostenibles, Recompose se comenzó a gestar en 2011 por la arquitecta Katrina Spade, a la que se unieron expertos en agricultura orgánica y sostenible de la Universidad del Estado de Washington y el estudio de arquitectos Olson&Kunding de Seatle.

En diciembre de 2020 esta empresa comenzó a ofrecer servicios funerarios en su sede en los suburbios de Seatle, luego de que en mayo de 2019 se aprobara la ley SB 5001 - 2019-20 “Sobre restos humanos”, que legalizaba la práctica de la NOR en el estado de Washington.

Recompose: compostaje y no descomposición o cremación

El modelo de tratamiento de los cadáveres humanos propuesto por Recompose consiste en colocarlos en unas bóvedas hexagonales reutilizables de 3,5 m de largo por 1,5 m de ancho, que contienen pequeños fragmentos celulósicos como madera y paja. Durante 30 días estos recipientes permanecen cerrados y giran constantemente, para que ocurra el proceso de transformación aeróbica o compostaje termófilo, cuando los microorganismos presentes se nutren del carbono y nitrógeno disponible, dando lugar a procesos de oxidación orgánicos, con el consecuente aumento de la temperatura hasta unos 55°C.

A diferencia del proceso natural de descomposición anaeróbica, al terminar el proceso de compostaje se obtiene el compost, un producto estabilizado, con un alto valor fertilizante para ser empleado en los suelos. Cada cuerpo produce 0,76 m3 de compost que podrá ser retirado por los familiares o ser donados a Recompose para un bosque al sur de Washington.

Realizando el enterramiento o inhumación en ataúdes, la práctica más común en la cultura occidental, se produce un lento proceso de descomposición que favorece la aparición de azufre que, además de los químicos que se usan para el embalsamamiento de los cadáveres, puede contaminar las fuentes de agua subterráneas cercanas. Por otra parte, los plásticos, metales y tejidos sintéticos que se usan en la confección de ataúdes, no son biodegradables y por tanto impactan negativamente en el ambiente.

A diferencia de la cremación de un cadáver, en la que se utilizan aproximadamente 100 litros de combustible fósil y se emiten a la atmósfera 242,5 kg de la dióxido de carbono, con el compostaje se evitan estas emisiones, se usa una octava parte de la energía, y el cuerpo de la persona fallecida puede ser la base para dar origen a una nueva vida en el planeta.

¿Funerales ecológicos?

Desde los llamados cementerios verdes, muy comunes en Reino Unido y Estados Unidos, donde los cuerpos cubiertos por fibras vegetales se entierran directamente en la tierra, hasta el primer parque conmemorativo Bios Park®, abierto en Quebec en 1997, muchas han sido las formas de darle el último destino a la materia de nuestros cuerpos.

El proyecto “Capsula Mundi”, de dos diseñadores italianos, apuesta por colocar el cuerpo del fallecido dentro de una cápsula biodegradable, donde se convertirá en nutrientes para un árbol plantado sobre él. Aún se espera la legislación que apruebe esta práctica en Italia.

Los funerales ecológicos no son una moda, y desde hace más de dos décadas son muchos los debates al plantearnos el destino de nuestros cuerpos sin dejar cicatrices a nuestro ya herido planeta. ¿Te sumas?