El temporal con menos lluvia provocó la mayor crecida: qué ocurrió en el río Achibueno

Un análisis del CR2 reveló que el temporal con menos lluvia provocó la mayor crecida del río Achibueno. La combinación de suelos saturados, temperaturas más altas y deshielo fue más determinante que la cantidad total de precipitación caída.

El caudal de un río no depende únicamente de cuánta lluvia cae. Factores como la humedad previa del suelo, la temperatura, la nieve acumulada y la isoterma cero pueden favorecer crecidas e inundaciones incluso con precipitaciones menores.
El caudal de un río no depende únicamente de cuánta lluvia cae. Factores como la humedad previa del suelo, la temperatura, la nieve acumulada y la isoterma cero pueden favorecer crecidas e inundaciones incluso con precipitaciones menores.

Cuando un río se desborda, lo primero que suele preguntarse es cuántos milímetros de lluvia cayeron. Sin embargo, un nuevo análisis del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) demuestra que esa cifra, por sí sola, no basta para explicar una inundación.

Los investigadores analizaron las tormentas que afectaron a Chile durante julio de 2026 y concluyeron que la respuesta de un río depende de una combinación de factores meteorológicos e hidrológicos, y no únicamente de la cantidad de agua caída.

El temporal con menos lluvia terminó siendo el más peligroso

Uno de los ejemplos más llamativos ocurrió en la cuenca del río Achibueno, en la Región del Maule. Durante el primer sistema frontal, entre el 16 y el 20 de julio, se acumularon cerca de 260 mm de precipitación. Sin embargo, el caudal del río aumentó de forma relativamente moderada.

Días después llegaron dos nuevos sistemas frontales que dejaron solo 112 mm y 96 mm, respectivamente. A pesar de registrar menos de la mitad de la lluvia del primer episodio, el último evento produjo la mayor crecida de toda la secuencia e incluso superó el umbral de alerta roja.

La explicación está en la cuenca, no solo en la lluvia

¿Por qué ocurrió esto? Según el análisis, durante el primer temporal las temperaturas en la alta cordillera permanecieron cercanas o inferiores a los 0 °C. Eso permitió que gran parte de la precipitación se almacenara como nieve, retrasando el aporte de agua hacia los ríos.

El primer temporal almacenó gran parte del agua como nieve; después, con suelos saturados y más calor, la lluvia y el deshielo elevaron rápidamente los ríos.

Cuando llegaron los siguientes sistemas frontales, el escenario era completamente distinto: los suelos ya estaban saturados por las lluvias anteriores y las temperaturas eran más altas, favoreciendo que la precipitación cayera principalmente como lluvia y que parte del manto nival comenzara a derretirse. Como consecuencia, una mayor cantidad de agua escurrió rápidamente hacia los cauces.

La isoterma cero también puede cambiar el riesgo

El estudio destaca que la altura de la isoterma cero es una de las variables más importantes durante un sistema frontal. Cuando la isoterma es baja, buena parte de la precipitación cordillerana cae como nieve y queda almacenada temporalmente. En cambio, cuando asciende, esa misma agua precipita como lluvia, incrementando la escorrentía y elevando el caudal de los ríos en pocas horas.

El estudio destaca que la altura de la isoterma cero puede modificar el riesgo de inundaciones. Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial (IA).
El estudio destaca que la altura de la isoterma cero puede modificar el riesgo de inundaciones. Imagen ilustrativa generada con inteligencia artificial (IA).

A ello se suma otro fenómeno conocido como rain-on-snow o "lluvia sobre nieve", que ocurre cuando una tormenta cálida acelera el derretimiento del manto nival y aporta un volumen adicional de agua a las cuencas.

No basta con medir la lluvia: el desafío de anticipar el desborde de los ríos

Los autores advierten que el riesgo de inundación no depende únicamente de los milímetros acumulados. También influyen la intensidad y duración de la lluvia, el lugar de la cuenca donde precipita y las características del propio cauce. Incluso un mismo caudal puede mantenerse contenido en un tramo estrecho y desbordarse más adelante, cuando el río se ensancha, disminuye su pendiente o atraviesa una planicie.

Infografía elaborada por IA, basada en un resumen de la información presentada en el análisis del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), para ilustrar los principales factores que influyen en el riesgo de inundaciones en las cuencas chilenas.
Infografía elaborada por IA, basada en un resumen de la información presentada en el análisis del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), para ilustrar los principales factores que influyen en el riesgo de inundaciones en las cuencas chilenas.

Por esta razón, evaluar una posible crecida exige observar el estado completo de la cuenca. La humedad del suelo, la nieve almacenada, la temperatura, la altura de la isoterma cero y los caudales previos permiten estimar cuánta agua podría escurrir rápidamente hacia los ríos durante un nuevo sistema frontal.

El análisis señala que mejorar las alertas tempranas requiere integrar en tiempo real la información meteorológica e hidrológica. En esa línea, el CR2 desarrolla SICLO, el Sistema Integrado de Clima y Agua, una iniciativa que combina observaciones y modelos para anticipar la respuesta de las cuencas, fortalecer los pronósticos de corto plazo y apoyar la gestión del riesgo de inundaciones en Chile.

En definitiva, no existe una cantidad única de lluvia capaz de explicar cuándo se desbordará un río. Un temporal aparentemente menos intenso puede convertirse en el más peligroso si encuentra suelos saturados, temperaturas más altas y nieve en proceso de derretimiento. Por eso, mirar solo los milímetros puede entregar una visión incompleta del verdadero riesgo.

Referencia de la noticia

Alvarez-Garreton, C., Garreaud, R., Scaff, L., Krogh, S., Boisier, J., Zambrano-Bigiarini, M., y Arumí, J.. (2026). Análisis CR2 | ¿Con cuánta lluvia se desborda un río?.