¿Estamos viviendo en el “El Día Después de Mañana”? Eventos extremos proliferan en el mundo en las últimas semanas

El frío extremo en el hemisferio norte y las lluvias persistentes en Europa han marcado las últimas semanas. Lejos de ser una contradicción, estos contrastes reflejan un clima cada vez más extremo y variable, gobernado por el calentamiento global acelerado.

El frío extremo está afectando a gran parte de Estados Unidos y el hemisferio norte durante el invierno boreal.
El frío extremo está afectando a gran parte de Estados Unidos y el hemisferio norte durante el invierno boreal.

Si el título de la película El Día después de Mañana resonó en tu cabeza al ver las noticias meteorológicas de las últimas semanas, no estás solo. Aunque esa película de Hollywood exagera y dramatiza los fenómenos climáticos extremos, la realidad meteorológica actual tiene suficientes eventos extremos como para hacernos pensar si estamos ya estamos viviendo un clima como el planteado en la película.

En distintos rincones del planeta se han observado contrastes llamativos: frío inusual que se despliega por regiones del hemisferio norte, mientras sistemas de lluvia persistente y tormentas severas azotan partes de Europa y el Mediterráneo. Además, fenómenos extremos no son exclusivos del Viejo Continente: por ejemplo, en Chile episodios intensos de tormentas y de actividad eléctrica marcaron la pauta en días recientes, junto con el calor y la humedad extremos.

Sin necesidad de recurrir a escenarios de ciencia ficción, la realidad meteorológica actual muestra un clima más extremo y variable, donde el frío, la lluvia y las tormentas intensas conviven en distintas regiones del planeta. Un escenario complejo, pero consistente con lo que la ciencia climática viene advirtiendo desde hace décadas.

Frío extremo en el norte y lluvias intensas en Europa

Durante las últimas semanas, el hemisferio norte ha sido escenario de episodios de frío extremo que han llamado la atención por su extensión e intensidad. Irrupciones de aire ártico han provocado descensos marcados de temperatura, nevadas significativas y heladas en regiones donde estos eventos no suelen ser tan persistentes ni extensos.

Al mismo tiempo, otras regiones del continente europeo han vivido una realidad distinta, pero igualmente extrema.

Lluvias persistentes, temporales e inundaciones han marcado el panorama en amplias zonas de Europa y el Mediterráneo, asociadas a sistemas frontales activos y a ríos atmosféricos. Este tipo de situaciones ha favorecido acumulados de precipitación muy superiores a lo normal para la época, con impactos directos en las ciudades, la infraestructura y las actividades cotidianas.

Este contraste —frío extremo en algunas regiones y exceso de lluvias en otras— refleja un patrón de extremos que pueden ocurrir simultáneamente en distintas partes del planeta, evidenciando un clima cada vez más variable, donde las diferencias espaciales se vuelven más marcadas y persistentes.

¿Qué está pasando en la atmósfera? Chorros, bloqueos y un clima más inestable

Para entender por qué estos extremos pueden darse de manera simultánea, es necesario mirar lo que ocurre a gran escala en la atmósfera. Uno de los protagonistas es el jet stream o corriente en chorro, una zona de vientos intensos en altura que separa el aire frío polar del aire más templado y guía el desplazamiento de los sistemas frontales. Ondulaciones más marcadas del jet favorecen patrones menos zonales y más persistentes e ingresos de aire polar a zonas poco acostumbradas.

Estas ondulaciones pueden dar lugar a bloqueos atmosféricos, situaciones en las que sistemas de alta o baja presión permanecen estacionarios durante varios días o incluso semanas.

En este contexto también aparece el vórtice polar, una extensa región de aire muy frío que normalmente se mantiene confinada en latitudes altas. Cuando este sistema se debilita o se vuelve más irregular, puede permitir que masas de aire ártico se desplacen hacia el sur, dando lugar a olas de frío más profundas y extensas, incluso en zonas donde no son habituales.

Calentamiento global no significa menos frío

Uno de los errores más frecuentes al hablar de cambio climático es asumir que un planeta más cálido debería traducirse automáticamente en la desaparición del frío extremo. Bajo esa lógica, cada ola de frío intensa se considera una contradicción del calentamiento global. Sin embargo, desde el punto de vista climático, ambas cosas pueden coexistir sin problema.

El calentamiento global no implica un aumento uniforme de las temperaturas en todo momento y lugar, sino un incremento del promedio global. Este aumento de energía en el sistema climático tiende a intensificar los contrastes, amplificando tanto los extremos cálidos como ciertos episodios fríos. En otras palabras, el sistema no se vuelve más “suave”, sino más dinámico.

En este escenario, el invierno no desaparece, pero puede manifestarse de forma distinta: olas de frío más irregulares, irrupciones de aire polar más profundas o eventos menos frecuentes pero más intensos. Al mismo tiempo, otros extremos —como lluvias intensas o temporales persistentes— encuentran condiciones favorables para desarrollarse con mayor intensidad.

Así, aunque estamos lejos de vivir un escenario como el de El Día después de Mañana, la comparación sirve para ilustrar una idea clave: un planeta que se calienta no apaga el invierno ni el frío extremo.