Poza cálida oceánica frente a Chile: ¿por qué es necesario estar atentos? Nuestro experto en clima lo explica
Anomalías en la temperatura superficial del mar podrían estar influyendo en la humedad, las precipitaciones o incluso en las temperaturas nocturnas, generando un entorno más cálido e inestable en zonas costeras.

En las últimas semanas, observadores y pronosticadores han notado un patrón interesante en la costa de Chile: anomalías cálidas en la temperatura superficial del mar que abarcan prácticamente todo el norte hasta el sur. Aunque aún es temprano para establecer una relación causal directa, no es posible descartar que estas aguas más cálidas hayan jugado un papel importante en las altas temperaturas de los últimos días –que además estuvieron acompañadas de alta humedad– y en los eventos de precipitación intensa con tormentas eléctricas.
El océano y la atmósfera están estrechamente conectados; cuando las aguas superficiales están más calientes de lo normal, pueden aportar más vapor de agua y energía al aire sobre ellas, lo que, a su vez, puede aumentar la humedad disponible en la atmósfera y predisponerla a fenómenos de precipitación más intensos y a episodios de calor en los que el confort térmico se ve claramente alterado.

Esto no quiere decir que las anomalías de temperatura del mar sean la única razón de las tormentas o el calor —la atmósfera es un sistema complejo con múltiples factores en juego—, pero su presencia sí puede modular las condiciones y hacer que ciertos eventos sean más probables o más intensos.
En este artículo exploramos cómo funciona esta relación física entre el océano cálido y la atmósfera más húmeda e inestable, y por qué será importante seguir de cerca la evolución de estas anomalías.
Más calor en el océano, más vapor en la atmósfera
Entremos un poco en la física del problema. Cuando la temperatura superficial del mar está por encima de lo normal, el intercambio de energía entre el océano y la atmósfera se intensifica. Aguas más cálidas favorecen un mayor flujo de calor hacia el aire cercano a la superficie, lo que eleva la temperatura de las capas bajas y aumenta la evaporación desde el océano. Esto último, principalmente, cuando sobre el mar pasa una masa de aire relativamente fría y seca.
Estos procesos son clave, ya que el vapor de agua no solo incrementa la humedad del aire, sino que también transporta energía latente. En términos simples, una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, y ese vapor actúa como un reservorio de energía que se libera cuando el aire asciende y se enfría, y el vapor se condensa, formando nubes y precipitación.
Si este aire más húmedo es forzado a ascender —por ejemplo, debido a la inestabilidad atmosférica, la convergencia de vientos o la presencia de sistemas en altura—, las precipitaciones resultantes pueden ser más intensas y eficientes. En ciertos contextos, este aporte adicional de humedad y energía también puede favorecer el desarrollo de nubes más profundas y de tormentas eléctricas, siempre que existan los ingredientes dinámicos necesarios.
Cuando el océano y la atmósfera se alinean
No son pocos los casos estudiados en el mundo en los que la temperatura superficial del mar desempeñó un papel preponderante en la intensidad de las precipitaciones.
Un ejemplo casi paradigmático en Chile de cómo las condiciones oceánicas y atmosféricas pueden combinarse para favorecer precipitaciones extremas es la tormenta asociada a una baja segregada que afectó al norte del país en marzo de 2015. Entre el 24 y el 26 de marzo, llovió en el desierto de Atacama con una intensidad extraordinaria. Las causas del evento son claras: por un lado, la presencia de una baja segregada frente a la costa, que actuó como motor dinámico para el ascenso del aire; y por otro, anomalías positivas de temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical oriental.

Un estudio científico determinó que, sin esas anomalías de temperatura del mar, las precipitaciones se reducían entre 60 % y 80 %, o incluso más en partes del desierto, principalmente porque disminuía la disponibilidad de vapor de agua en la columna atmosférica. Así de importantes fueron las aguas más cálidas en dicho evento.
Por otra parte, experiencias recientes en otras regiones del mundo, como el mar Mediterráneo, ayudan a ilustrar cómo un océano inusualmente cálido puede influir en las condiciones atmosféricas cercanas a la costa. Durante episodios de temperaturas superficiales del mar muy elevadas, se ha observado un aumento sostenido de las temperaturas mínimas nocturnas, con la aparición frecuente de 'noches tropicales' (temperaturas sobre los 20 °C durante la noche), 'noches tórridas' (temperaturas sobre los 25 °C durante la noche) o 'noches infernales' (temperaturas sobre los 30 °C durante la noche), junto a niveles de humedad más altos de lo habitual.
Estas condiciones reducen significativamente el confort térmico, ya que un mar más caliente libera calor y vapor de agua a la atmósfera durante la noche, lo que limita el enfriamiento nocturno y mantiene una masa de aire cálida y húmeda sobre las zonas costeras.
Por supuesto que el mar Mediterráneo es mucho más cálido que el océano Pacífico (incluso con sus anomalías cálidas), pero esto viene a reforzar la idea de que las anomalías cálidas del mar frente a la costa pueden modificar el estado térmico y húmedo de las capas bajas, creando un entorno más favorable para fenómenos atmosféricos intensos cuando existen los forzamientos adecuados.