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NASA muestra a Los Andes: un antes y un después de las nevadas de julio

Los Andes vuelven a maravillarnos. Tras un alarmante déficit de agua en Chile central, una seguidilla de sistemas frontales aportó nieve al sector cordillerano, dejando un hermoso paisaje. Pero no sólo es admirable por la belleza: la capa de nieve es una reserva crítica de agua para estas regiones.

cordillera de Los Andes
Dos sistemas frontales consecutivos en julio de 2022 aliviaron el déficit de precipitaciones en el centro de Chile y aumentaron la capa de nieve en la cima de la cordillera. Estas imágenes corresponden a un antes (07 de julio) y un después (16 de julio) de los eventos. Crédito: NASA.

A mediados de julio, varios eventos de precipitaciones dejaron montos considerables de nieve en la Cordillera de Los Andes, superando los 90 centímetros en sectores de Chile central como Salamanca, en la región de Coquimbo. Esto permitió un aumento de la capa de nieve, reserva de agua importante para el próximo verano.

El 16 de julio, NASA captó desde el espacio una imagen del manto de nieve, adquirida por el espectrorradiómetro de imágenes de resolución moderada (MODIS) en el satélite Terra. Además, el Visible Infrared Imaging Radiometer Suite (VIIRS) del satélite NOAA-20 obtuvo una vista de la misma área el 07 de julio, justo antes de las tormentas. Al comparar ambas imágenes, se puede observar una diferencia crítica.

A pesar de la presencia de La Niña y otros factores que desfavorecen las lluvias, los eventos del 09 al 10 de julio y del 14 al 15 de julio aportaron fuertes precipitaciones a lo largo de la costa (líquidas) y en las montañas (sólidas). El causante principal fue un anticiclón de bloqueo cerca de la Península Antártica, que desvió algunos ciclones extratropicales hacia el centro de Chile. La fase negativa de la Oscilación Antártica, por otro lado, también ha permitido desviar más al norte la trayectoria de estos sistemas meteorológicos.

Las primeras tormentas dejaron a cientos de personas varadas en un paso de la cordillera central, donde se llegó a acumular más de un metro de nieve en las carreteras.

Se espera que se reduzcan las probabilidades de escasez de agua el próximo verano, dado que se han disminuido los déficit en algunos lugares, comentó para la NASA el investigador René Garreud, director del Centro del Clima y la Resiliencia [(CR)2].

Sequía y olas de calor amenazan a la cordillera

Las condiciones de sequía extrema en las regiones del centro-norte nos vienen acompañando desde hace más de 10 años: en este período, se ha vivido en Chile uno de los inviernos más secos. Es impactante el cambio durante esta temporada, pero ¿será suficiente para aliviar el déficit de agua? Lo cierto es que en algunos sectores se ha aliviado: por ejemplo, en la Serena las tormentas del último evento aportaron 8 centímetros de lluvia, lo que significó un superávit del 64% para la ciudad. Pero aún falta para considerar una mejora en las reservas de agua.

La cordillera de Los Andes suele estar cubierta de nieve en verano. Además de brindar una vista privilegiada, sirve para proteger a los glaciares: dado que la nieve es altamente reflectante, impide que el hielo absorba energía solar, se caliente y por tanto se derrita. Pero durante el verano de este año, un evento crítico de ola de calor propició que muchos glaciares en los Andes centrales perdieran la cubierta de nieve mucho antes de lo común. En varios sectores, se elevaron las temperaturas a 40°C, lo que favoreció el rápido derretimiento.

En pocos días de enero casi el 90 % de la nieve de un grupo de glaciares a unos 50 kilómetros al este de San Fernando había desaparecido.

Por si fuera poco, se ha evidenciado en estudios recientes la sensibilidad de los Andes a la deposición del carbono negro (BC, por sus siglas en inglés) proveniente de la quema de combustibles fósiles y biomasa. El BC acelera el derretimiento de la cubierta de nieve al oscurecerla y disminuir su albedo (reflectividad). Este y otros factores mencionados son desfavorables para la mayor reserva de agua de Chile central. Merece la pena cuidar más nuestra fuente de vida.