El deshielo no solo sube el mar: también podría liberar virus de hace miles de años en la Patagonia

Los glaciares no son solo agua congelada: son archivos naturales que han preservado virus y microbios por miles de años. A medida que se derriten en la Patagonia y otras regiones, liberan este material antiguo al medioambiente.

Cada año la Antártida pierde un volumen de hielo equivalente a más de 150 000 millones de toneladas, empujando al alza los océanos.
Cada año la Antártida pierde un volumen de hielo equivalente a más de 150 000 millones de toneladas, empujando al alza los océanos.

Cuando pensamos en el deshielo, solemos imaginar el aumento del nivel del mar o la pérdida de paisajes blancos en el sur del mundo. Pero los glaciares guardan algo más que agua: conservan una memoria biológica que se ha acumulado durante miles de años.

Cada nevada que cae sobre un glaciar sepulta partículas del ambiente: polvo, polen, gases… y también microorganismos. Con el paso del tiempo, esas capas se compactan y quedan selladas como páginas de un libro congelado.

En ese “archivo natural” se preservan fragmentos de ADN y genomas completos de virus que circularon en otras épocas, cuando el clima era muy distinto al actual.

Investigaciones recientes en hielos de alta montaña y regiones polares han identificado cientos e incluso miles de virus antiguos, muchos de ellos desconocidos para la ciencia. Algunos tienen más de 15.000 años de antigüedad. Y aunque gran parte de estos virus infectan solo bacterias, su descubrimiento abre preguntas fascinantes sobre la historia biológica del planeta y sobre lo que podría ocurrir si estos microorganismos regresan al ambiente moderno.

El hielo como cápsula del tiempo genética

Los glaciares funcionan como verdaderas cápsulas del tiempo. A diferencia de otros ambientes, donde el ADN se degrada rápidamente, el frío extremo permite que el material genético se conserve por milenios.

Cuando los científicos perforan un glaciar y extraen un “testigo de hielo”, pueden analizar capa por capa qué había en la atmósfera en ese momento histórico. Esto permite reconstruir no solo la evolución del clima, sino también la diversidad microbiana del pasado.

Un testigo de hielo permite analizar capas formadas año tras año. En ellas se preservan gases atmosféricos y material genético antiguo (Imagen tomada de Fundación Glaciares Chilenos).
Un testigo de hielo permite analizar capas formadas año tras año. En ellas se preservan gases atmosféricos y material genético antiguo (Imagen tomada de Fundación Glaciares Chilenos).

En algunos estudios se han encontrado más de mil tipos distintos de virus atrapados en el hielo, y la gran mayoría no se parece a ningún virus conocido hasta ahora. Es decir, el hielo no solo conserva el pasado: también amplía nuestro conocimiento sobre la biodiversidad invisible del planeta.

Estos hallazgos ayudan a entender cómo evolucionaron los virus y cómo respondieron a cambios climáticos antiguos. Saber cómo reaccionaron hace miles de años podría ofrecer pistas sobre cómo podrían adaptarse en un mundo que hoy vuelve a calentarse rápidamente.

¿Existe un riesgo real?

La pregunta inevitable es si estos virus antiguos podrían representar un peligro.

A medida que los glaciares retroceden —en la Patagonia, en la Antártica y en otras regiones del mundo— el hielo que antes permanecía sellado comienza a derretirse. Con él, se libera agua… y también el material biológico que estuvo atrapado durante milenios.

Muchos de los virus encontrados en el hielo antiguo son bacteriófagos: virus que infectan bacterias y no a personas. Aun así, su estudio revela cómo evolucionó la vida microscópica durante miles de años.
Muchos de los virus encontrados en el hielo antiguo son bacteriófagos: virus que infectan bacterias y no a personas. Aun así, su estudio revela cómo evolucionó la vida microscópica durante miles de años.

Hasta ahora, la mayoría de los virus identificados en hielo glaciar son bacteriófagos. Sin embargo, los científicos no descartan que en el hielo también puedan existir restos de virus que en el pasado infectaron animales o personas.

Eso no significa que estemos frente a una amenaza inminente. Muchos virus pierden su capacidad de infectar con el tiempo, y las condiciones actuales pueden no ser favorables para su supervivencia.

Aun así, el deshielo masivo es un fenómeno sin precedentes en la historia reciente, y sus consecuencias biológicas todavía no se comprenden por completo.

Más que generar alarma, la comunidad científica insiste en la necesidad de estudiar estos procesos con cuidado y protocolos estrictos.

Entre la preocupación y la oportunidad científica

El hallazgo de virus antiguos no es solo motivo de inquietud: también representa una oportunidad única para la ciencia.

Analizar estos genomas permite descubrir nuevas funciones biológicas, comprender mejor la evolución viral e incluso identificar genes con posibles aplicaciones en biotecnología.

El hielo, en este sentido, es un laboratorio natural que ha preservado información durante miles de años.

Sin embargo, este archivo congelado se está derritiendo rápidamente. En regiones como la Patagonia, donde los glaciares retroceden año tras año, el cambio climático no solo transforma el paisaje: también reescribe los límites entre pasado y presente.

El deshielo nos recuerda que el calentamiento global tiene efectos visibles —como el aumento del nivel del mar— y otros menos evidentes, pero igualmente profundos. Bajo el hielo que desaparece no solo hay agua: hay historia biológica, evolución y preguntas abiertas que recién comenzamos a explorar.

Referencias de la noticia

Hablando en vidrio. Virus zombis en el hielo de la Antártida, ¿tenemos que preocuparnos?

Phys.org. Ancient viral genomes preserved in glaciers reveal climate history—and how viruses adapt to climate change.