Los moáis se desmoronan: el legado ancestral de Isla de Pascua lucha contra el cambio climático
Los moáis de Isla de Pascua son más que esculturas icónicas: son guardianes de una historia ancestral que hoy se desvanece. La erosión y el cambio climático amenazan con borrarlos para siempre, pero la comunidad local resiste para conservarlos.

Los moáis son uno de los patrimonios nacionales más reconocidos de Chile, pero a menudo poco comprendidos por la población. En Meteored te contamos en detalle qué son, cómo se formaron y por qué hoy enfrentan un peligro silencioso: el cambio climático.
Los moáis no son tan rígidos como crees
La datación de muchos moáis se ubica entre los años 1100 y 1600 d.C. Se sabe que se construyeron tallando un tipo de roca llamada toba, que surge de la acumulación de material expulsado en erupciones volcánicas violentas.
Cuando ocurren este tipo de erupciones, se producen grandes explosiones con expulsión de gases, ceniza y fragmentos incandescentes de roca. Luego de caer por gravedad, este material se aplasta por su propio peso (o por el de otras capas acumuladas sobre él) y se enfría, lo que genera las rocas llamadas tobas

La toba es una roca porosa y blanda, por lo que el riesgo de erosión es muy alto. Muchas de estas estatuas presentan marcas de desgaste, como manchas y descascaramientos. Con el paso de los años, se irán convirtiendo en polvo, algo que ya observan los habitantes de la isla.
¿Qué tiene que ver el cambio climático en todo esto?
Para comprenderlo, es clave entender qué es la erosión: un proceso de desgaste de la roca provocado por la acción del agua, el viento y las variaciones de temperatura. Estos factores aceleran la destrucción lenta y silenciosa de los moáis.
Cuando la humedad del rocío marino se evapora, la sal cristalizada dentro de la blanda toba volcánica se expande, provocando que la estatua se descascare o astille, creando grietas finas y cavidades con forma de panal.

El cambio climático ha intensificado estos procesos. En Rapa Nui se ha registrado una disminución de la lluvia en general, pero con eventos cada vez más intensos. Además, la sequía y la escasez de agua dulce han incrementado el riesgo de incendios forestales, como el ocurrido en octubre de 2022, que carbonizó y agrietó unos 80 moáis de Rano Raraku, el cráter volcánico donde se tallaron muchos de ellos.
Cuando la historia se cuida: voces y acciones por los moáis
Desde la década de 1970 se han impulsado acciones de conservación. Un arqueólogo estadounidense lideró varias restauraciones, reconstruyendo estatuas y reensamblando piezas fragmentadas. En 1990, arqueólogos locales restauraron moáis destruidos por el tsunami de 1960.
En 2003, un proyecto de la UNESCO financiado por Japón impermeabilizó las estatuas con un químico especial para proteger la toba de la sal marina. Sin embargo, este tratamiento requiere mantenimiento cada 10 años, lo que resulta costoso para la isla.
La comunidad local sigue luchando. En 2018 se reforzaron diques costeros para proteger moáis de la erosión del oleaje, utilizando imágenes 3D para evitar excavaciones profundas. En 2023 se aprobó un plan para restaurar los moáis dañados por el incendio de 2022, y en mayo de este año se inició la restauración física de las estatuas.
Los moáis no solo son testigos silenciosos del pasado, sino símbolos vivos de la identidad y la resistencia de Rapa Nui. Mientras el cambio climático avanza, la comunidad local y la ciencia trabajan juntas para frenar su desmoronamiento. Conservarlos es un acto de amor hacia la historia, la cultura y la memoria de toda la humanidad.
Referencias
-Artículo BBC. Is this the end for Easter Island's moai statues?