Queule: el árbol prehistórico que sobrevive en Chile y hoy enfrenta un peligro silencioso
El Queule es una de las especies más antiguas y amenazadas de Chile. Este árbol nativo, relicto del pasado prehistórico, enfrenta hoy la fragmentación del bosque, incendios y proyectos humanos que ponen en riesgo su supervivencia en el centro-sur del país.
En silencio y lejos de los grandes titulares, el queule (Gomortega keule) continúa resistiendo en los bosques del centro-sur de Chile. Este árbol nativo, que ya existía cuando los dinosaurios dominaban el planeta, es hoy una de las especies más amenazadas del país y un verdadero símbolo de la fragilidad del bosque nativo.
La alerta fue reforzada recientemente por CONAF, que busca visibilizar la delicada situación de esta especie catalogada “en Peligro”. El mensaje es directo: si no se protege ahora, el queule podría desaparecer para siempre del paisaje chileno.
Un fósil viviente del bosque nativo
El queule es considerado un auténtico fósil viviente. Su origen se remonta a más de 100 millones de años, lo que lo convierte en un testigo directo de la historia profunda de la Tierra. Pertenece a una familia botánica única en el mundo y no tiene parientes cercanos vivos, lo que aumenta aún más su valor ecológico y científico.
¡OJO! El queule es una especie nativa categorizada En Peligro, cuyo origen se remonta a más de 100 millones años.
— CONAF - Corporación Nacional Forestal (@conaf_minagri) January 6, 2026
En la actualidad solo se registra su presencia en la zona centro-sur del país, entre las regiones del Maule y Biobío. Por eso, ¡cuídalo!
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En la actualidad, su distribución es extremadamente reducida. Solo se registra su presencia en sectores específicos de las regiones del Maule y Biobío, donde sobrevive en pequeños fragmentos de bosque nativo, muchas veces aislados entre plantaciones forestales, caminos o zonas intervenidas por la actividad humana.
El queule puede alcanzar varios metros de altura y produce un fruto grande, aromático y llamativo. Sin embargo, ese mismo fruto revela uno de sus principales problemas: durante miles de años dependió de fauna hoy extinta para dispersar sus semillas. Ese desequilibrio ecológico hace que su regeneración natural sea lenta y difícil, incluso en condiciones favorables.
Amenazas modernas para una especie ancestral
Aunque el queule ha demostrado una enorme capacidad de resistencia a lo largo de millones de años, hoy enfrenta amenazas para las que no está preparado. Entre las principales se encuentran la pérdida y fragmentación del hábitat, la tala ilegal, los incendios forestales y la expansión de proyectos productivos e infraestructura.
A esto se suma el avance de especies exóticas y la transformación del paisaje, que modifican las condiciones de humedad, temperatura y suelo necesarias para su desarrollo. Cuando estos cambios ocurren de manera acelerada, la naturaleza no logra adaptarse al mismo ritmo.
El problema, como advierten desde organismos ambientales, no es la erosión natural del tiempo, sino la velocidad del impacto humano, que supera con creces la capacidad de regeneración del bosque nativo. Un árbol que tardó millones de años en llegar hasta aquí puede desaparecer en apenas algunas décadas.
¿Por qué proteger al queule importa tanto?
Conservar al queule no es solo una tarea botánica. Protegerlo significa resguardar biodiversidad, mantener servicios ecosistémicos y preservar un patrimonio natural que no existe en ningún otro lugar del planeta. Su desaparición sería una pérdida irreversible para Chile y para la historia natural del mundo.

Desde CONAF se han reforzado las labores de fiscalización, monitoreo y educación ambiental, además de iniciativas de restauración y protección del bosque nativo. Sin embargo, el llamado también apunta a la ciudadanía: conocer esta especie, respetar su entorno y denunciar intervenciones ilegales puede marcar una diferencia real.
En un escenario de crisis climática, sequías prolongadas y aumento de incendios forestales, el queule se convierte en un recordatorio vivo de lo frágil que puede ser el equilibrio natural. Algunos procesos tardan millones de años en construirse, pero solo unos pocos años en perderse.
Proteger esta especie hoy es una forma concreta de cuidar el futuro del bosque nativo y de reconocer que, en medio de tantos cambios, aún estamos a tiempo de evitar que este monumento natural desaparezca en silencio.